Comprender el papel de las palomas en entornos urbanos permite dimensionar su impacto real. Expertos explican que, aunque pueden representar riesgos bajo condiciones específicas, el problema está más relacionado con los hábitos humanos.
Hay quienes guardan en el álbum familiar una foto de pequeños alimentando a las palomas del parque de la ciudad. Todos tenemos algún recuerdo relacionado con estas aves. Convivimos con ellas, a tal punto que se volvieron parte del paisaje. Pero, ¿qué sabemos de estas aves?
Para empezar, no son una especie nativa de Colombia. Son una especie introducida que se adaptó a las condiciones de las ciudades y, por eso, se les denomina fauna urbana.
“Hemos tenido un manejo muy deficiente desde el punto de vista cultural, lo que ha conllevado a que esta paloma haya aumentado su población de manera vertiginosa”, explica el biólogo Fernando Cáceres.
Por eso las vemos en casi todo Santander. Están en parques, plazas, techos, sillas, balcones y andenes. “Incluso el mal manejo de residuos en espacios públicos ha hecho que se alimenten de estos. Empezaron a consumir alimentos que no son los típicos de su especie en vida silvestre. Desarrollan una carga microbiana potencialmente más alta y, eventualmente, peligrosa”, agrega Cáceres.

Pero, ¿son entonces sucias y peligrosas? La respuesta, de acuerdo con los expertos, no es absoluta. Estas aves pueden portar microorganismos que, en condiciones específicas, afectan a los humanos, pero no constituyen un peligro generalizado ni inmediato.
El riesgo, insisten, depende más de ciertos hábitos y del manejo de los espacios que de la presencia de las palomas en sí.
“Es el mismo riesgo que puede representar cualquier animal: una rata, un ratón, un gato que vive en la calle, un perro que no tenga sus vacunas, cualquier animal doméstico, incluso una gallina”, detalla el biólogo.
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¿Qué ocurre realmente con las palomas?
El biólogo Cáceres explica que la percepción sobre estas aves suele estar cargada de mitos: “Como son seres vivos, siempre va a haber un riesgo potencial. Sin embargo, considero que esto no es algo que deba sobredimensionarse ni que conlleve a estigmatizar a las palomas, porque finalmente también tendríamos que trasladar parte de esa carga a otras especies con las que convivimos desde hace mucho tiempo”.
El riesgo sanitario existe, pero bajo condiciones específicas. “Sí existen estudios que demuestran que podría generarse un problema de salubridad pública cuando hay acumulación de excrementos, sobre todo cuando no hay un adecuado manejo y limpieza”, precisa el biólogo Luis Pinzón.

Los riesgos pueden aparecer cuando hay contacto prolongado, inhalación o consumo. “Por ejemplo, por inhalación de esporas provenientes del excremento de las aves se puede transmitir el Histoplasma capsulatum”, agrega el biólogo Pinzón.
Si bien hay un riesgo potencial si no se realiza ningún tipo de control, no existe evidencia de que actualmente represente un problema epidemiológico prioritario en Bucaramanga, ni en otro municipio de Santander.
“No son objeto de vigilancia epidemiológica como especie. Los boletines municipales y departamentales muestran el comportamiento epidemiológico priorizado eventos que mayor carga de morbilidad y mortalidad representan las notificaciones como dengue, IRA, tuberculosis, rabia, enfermedades transmitidas por alimentos, leptospirosis, influenza y otros eventos de interés, sin evidenciar brotes recurrentes atribuidos a palomas”, explica Gloria Orduz, secretaria de Salud de Bucaramanga.
¿Cómo debemos relacionarnos con ellas?
El punto central del problema no está en las aves, sino en los hábitos ciudadanos. Alimentarlas de forma constante en parques y espacios públicos favorece su reproducción y concentración en grandes grupos. Por eso, la principal recomendación es clara: evitar alimentarlas. Puede parecer un acto inofensivo o incluso afectivo, pero trae consecuencias.
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Los expertos señalan que deben enfocarse en el control poblacional y en estrategias pensadas siempre en no generar daño a los animales.
“Las palomas tienen depredadores naturales. Por ejemplo, los halcones, principalmente aves rapaces. En la ciudad existen barreras relacionadas con las edificaciones y el urbanismo, lo que hace que estos depredadores no sean tan comunes y que el control biológico de animales como las palomas o los roedores esté limitado.En la medida en que mejoremos nuestra infraestructura verde, con más árboles nativos, más zonas verdes y parques con una mejor distribución de especies y mayor funcionalidad, estos animales empezarán a ingresar a la ciudad y a cumplir su papel de una manera mucho más efectiva que en la actualidad. Esto es clave”, puntualiza Fernando Cáceres.














