Lo que Colombia sintió el 10 de agosto no debería quedarse solo en el recuerdo.

Eran las 7:34 de la mañana del 10 de agosto cuando la tierra se movió con una fuerza de 7,4 grados y el Chocó quedó como epicentro de una tragedia que en cuestión de horas cambiaría el rumbo de miles de vidas. Pero en medio de las réplicas, los escombros y la incertidumbre, ocurrió algo que Víctor González, fundador de la Fundación Mica Sonrisas, no esperaba encontrar: un país entero moviéndose para ayudar.
Hoy, semanas después de esa jornada, González lidera una propuesta que busca que esa reacción no se quede solo en el recuerdo de una emergencia. La iniciativa plantea declarar el 10 de agosto como el Día Nacional de la Pasión por Ayudar, una fecha que cada año convocaría a colombianos de todo el territorio a movilizarse por las comunidades más vulnerables, tal como ocurrió tras el sismo.
González cuenta que la idea no llegó de manera planeada. Llegó mientras estaba en Quibdó, viendo con sus propios ojos cómo desconocidos trabajaban unos por otros, cómo empresas donaban sin que nadie se los pidiera y cómo voluntarios cargaban camiones que recorrerían cientos de kilómetros para llevar ayuda hasta las zonas más golpeadas. “¿Por qué tenemos que esperar que ocurra otra tragedia para unirnos de esta manera?”, se preguntó entonces. Esa pregunta terminó convertida en el punto de partida de toda la propuesta.

Detrás de esa reflexión hay una cifra concreta: 109 toneladas de ayuda humanitaria que salieron desde Bucaramanga hacia el Chocó, entre alimentos, medicamentos, materiales de construcción y elementos de aseo. González insiste en que esa carga no la movió su fundación en solitario, sino cientos de ciudadanos, comerciantes y empresas que aparecieron por cuenta propia, cada uno aportando lo que tenía: quién un vehículo, quién una bodega, quién simplemente sus manos para cargar.
“Nuestro equipo no es una organización gigantesca, ni tenemos una infraestructura enorme. Precisamente eso es lo más bonito de esta historia”, reconoce el fundador, convencido de que fue la unión de muchos, y no la capacidad de unos pocos, la que hizo posible esa movilización.

La propuesta contempla que cada 10 de agosto se repita ese mismo espíritu a través de caravanas de ayuda hacia las regiones con mayores necesidades, jornadas de voluntariado en empresas y colegios, competencias solidarias entre ciudades y una campaña digital bajo la etiqueta #PasiónPorAyudar, que buscaría visibilizar historias de solidaridad en todo el país.
Por ahora, la iniciativa depende de que la ciudadanía la respalde en redes sociales y espacios de opinión, con la esperanza de que ese respaldo llegue algún día al Congreso de la República. Mientras tanto, González repite una frase que, según dice, resume todo lo que vivió en el Chocó: “El pueblo unido levanta al pueblo. Si a un colombiano le duele, a todos nos tiene que doler.”
















