La carrera 12, entre calles 36 y 35, refleja la transformación urbana desde los años 70 hasta hoy. Las antiguas casas le dieron paso a la Plaza Cívica Luis Carlos Galán. Mientras el espacio público se renovó, el Palacio de Justicia permanece como testigo de la memoria histórica bumanguesa.


Hay calles que guardan la memoria de una ciudad sin pronunciar una sola palabra. Basta con poner frente a frente una fotografía de ayer y otra de hoy para que el tiempo haga lo suyo. Eso ocurre en la carrera 12, entre calles 35 y 36, donde dos imágenes, separadas por más de medio siglo, cuentan cómo ha cambiado Bucaramanga sin perder la esencia de sus lugares emblemáticos.
La primera fotografía nos devuelve a los años 70, cuando el centro de la capital santandereana tenía otro ritmo, otras fachadas y una arquitectura doméstica que marcaba el paisaje.
En ese entonces, las casas antiguas, con sus muros, puertas y ventanas, componían una escena familiar para quienes recorrían estas calles de la añeja Bucaramanga. Eran parte de la vida comercial y cotidiana de una ciudad que comenzaba a abrirle paso a nuevas formas de habitar y entender el espacio público.
En aquella postal del pasado, se ve en el fondo el Palacio de Justicia, el cual ya se erguía como una referencia inconfundible del sector. Sin embargo, las viejas edificaciones que se interponían en el paisaje reducían su protagonismo visual. Allí permanecía, al fondo de la escena, como testigo silencioso de una ciudad que crecía entre negocios, viviendas y el incesante ir y venir de sus habitantes.
La fotografía actual ofrece una perspectiva distinta. Las antiguas casas dieron paso a la Plaza Cívica Luis Carlos Galán Sarmiento, un espacio que abrió el paisaje y convirtió este rincón del centro histórico en un lugar de encuentro ciudadano. Donde antes las construcciones cerraban parcialmente la visual, hoy hay amplitud, árboles y una perspectiva más despejada. Entre aquellos inmuebles figuraba el de las recordadas Despensas San Martín, evocación de una época en la que el comercio tradicional marcaba el pulso de estas cuadras.
Concebida y construida durante las administraciones departamentales de los entonces alcaldes de Bucaramanga, Alfonso Gómez Gómez y Alberto Montoya Puyana, la plaza transformó la relación de los bumangueses con este lugar. Su nombre honra a Luis Carlos Galán Sarmiento, el dirigente santandereano cuya figura permanece ligada a la memoria política del país. Su monumento aporta hoy un nuevo elemento a un escenario donde la historia y el espacio público se encuentran.
Pese a tantas transformaciones, hay algo que sorprende al comparar las imágenes: el Palacio de Justicia permanece prácticamente inalterado en el encuadre, como si el tiempo hubiera respetado ese punto de referencia. Cambió el entorno que antes lo ocultaba parcialmente y que hoy permite contemplarlo mejor. A su alrededor, los árboles y las recientes obras de restauración del Plan Centro suman nuevos matices a una escena donde conviven la memoria arquitectónica y la renovación urbana.
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Mirar ambas fotografías es emprender un viaje por los recuerdos. Para algunos bumangueses, la imagen antigua evocará las compras en los negocios tradicionales, las fachadas desaparecidas y aquella sensación de recorrer una ciudad más pequeña y cercana.
Para las nuevas generaciones, la fotografía actual retrata un sector abierto al peatón, con nuevas perspectivas y vestigios de una historia que merece ser contada.
Dos imágenes, un mismo lugar y distintas maneras de recordar. Son, en definitiva, dos épocas y una misma Bucaramanga.
La carrera 12, entre calles 36 y 35 de Bucaramanga, demuestra que una ciudad puede cambiar de rostro sin borrar su memoria; que detrás de cada plaza hubo casas y que cada edificio guarda décadas de historias. El Palacio de Justicia sigue al fondo, ahora más visible; la plaza Luis Carlos Galán ocupa el espacio que dejó el pasado y el centro histórico continúa escribiendo su crónica.
Entre la nostalgia de los 70 y la imagen actual, estas fotos recuerdan que las ciudades se transforman y renacen, pero siempre se reconocen en el espejo del tiempo.














