Santander
Domingo 25 de octubre de 2026 - 01:07 AM

Buscan descifrar el secreto que esconde la laguna de Ortices

Nadie había estudiado el pasado ambiental de esta laguna de García Rovira, ubicada a 1.600 metros de altura, algo poco común en Santander. Hace cinco, diez o quince mil años, el paisaje alrededor era muy distinto al de hoy, rodeado de cultivos de caña. Hoy, una investigación pionera de la UIS espera sus primeros resultados. El proyecto se podría extender a páramos y ciénagas cercanas a Barrancabermeja.

La UIS investiga el origen y los secretos de la Laguna de Ortices (Fotos suministradas / VANGUARDIA)
La UIS investiga el origen y los secretos de la Laguna de Ortices (Fotos suministradas / VANGUARDIA)

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Publicado por: Katterine Dimas

Dicen en San Andrés que quien quiera bañarse en la laguna de Ortices sin que lo moleste su dueña debe arrojarle primero un tabaco; otros aseguran que en el fondo existe un pueblo construido en oro; y unos más señalan lo que hay es un naranjo de oro.

Según la leyenda, doña Juana, una señora enamorada de esas tierras y dueña de naranjas de oro, tabaco y aguardiente, vive en el fondo y sale los días de mercado a pueblos como Molagavita y San Andrés.

Hoy, detrás de esa leyenda, avanza una investigación pionera, pues, según los científicos, nadie había estudiado antes el pasado ambiental de este ecosistema.

A unos diez minutos del caserío, en la provincia de García Rovira y a unos 100 kilómetros de Bucaramanga, hay una laguna que intriga a los científicos por su altitud. En Santander, los cuerpos de agua grandes suelen esconderse en los páramos, entre el frío y la neblina. La laguna de Ortices, en cambio, está aproximadamente a 1.600 metros sobre el nivel del mar, en un clima cálido y cerca del cañón del Chicamocha.

“La Laguna de Ortices es una laguna muy especial porque es una laguna muy grande a baja altitud”, explica Diego Suescún Carvajal, coordinador del programa de Ingeniería Forestal de la Universidad Industrial de Santander (UIS) en Málaga. Desde 2019 empezó a estudiar allí la ceiba barrigona, un árbol endémico del cañón. Esa cercanía atrajo a Edward Duarte, PhD y profesor de Geología de la UIS en Bucaramanga, quien quería examinar los sedimentos del fondo. Así se unieron Forestal y Geología.

Antes de la llegada de los españoles, esta región estaba habitada por los indígenas chitareros. La laguna pertenecía al municipio de Cepitá hasta que la ley de división territorial de Santander del 5 de octubre de 1858 la anexó a San Andrés. Hoy es también un corregimiento, con senderos como La Bana, Embudo, Perico, Basto y San Miguel. Los domingos llegan visitantes que alquilan chalecos y botes de remo, aunque pescar está prohibido. Llegar no siempre es fácil: una avalancha en abril de 2023 arrasó el puente vehicular y las familias cruzan en una tarabita artesanal.

La UIS investiga el origen y los secretos de la Laguna de Ortices (Fotos suministradas / VANGUARDIA)
La UIS investiga el origen y los secretos de la Laguna de Ortices (Fotos suministradas / VANGUARDIA)

Una máquina del tiempo hecha de lodo

El proyecto se llama Reconstrucción paleoambiental mediante análisis palinológico en sedimentos lacustres en la Laguna de Ortices y es, además, la tesis de grado de Marly Karina García, estudiante de Ingeniería Forestal.

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Todo parte de una idea sencilla: ¿cómo se lee el pasado en el barro? Suescún lo explica con un árbol. Cuando florece, el viento dispersa su polen y parte de él cae a la laguna.

“Esos granos de polen, que son microscópicos, empiezan a bajar, a bajar, a bajar, y se depositan en el fondo”, cuenta. “Ahí no hay oxígeno, por lo tanto ese polen no se descompone, o al menos no tan rápido como si estuviera fuera del agua”.

Año tras año, el polen se mezcla con arena, arcilla y limo, y forma capas: cuanto más profundas, más antiguas. Suescún pone un ejemplo hipotético: si cada centímetro equivaliera a diez años, el primero guardaría el polen de hace una década, el segundo, el de hace veinte, y el tercero, el de hace treinta.

La UIS investiga el origen y los secretos de la Laguna de Ortices (Fotos suministradas / VANGUARDIA)
La UIS investiga el origen y los secretos de la Laguna de Ortices (Fotos suministradas / VANGUARDIA)

Para ponerle fecha a cada capa, los investigadores buscan restos de madera, hojas o raíces. Con el análisis de radiocarbono calculan hace cuánto murió una planta.

También miden elementos como titanio, sílice y potasio, que ayudan a reconstruir el clima. Las muestras están en laboratorios de Medellín, donde se estudia el polen, y de Estados Unidos, donde se data el sedimento. Es un trabajo lento: dos metros son 200 centímetros y cada uno se analiza por separado.

Con esas capas, el equipo quiere reconstruir el bosque y el clima de otras épocas. “Hoy sabemos que la laguna está rodeada de puros cultivos de caña, pero hace cinco mil, diez mil, quince mil años, pues era muy diferente”, señala.

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Una sequía larga o un año entero de lluvias torrenciales también podrían haber quedado registrados allí.

Laguna de Ortices. (Foto: Archivo / VANGUARDIA)
Laguna de Ortices. (Foto: Archivo / VANGUARDIA)

La perforación de la laguna de Ortices

El geólogo Duarte regresó hace un año a Colombia tras estudiar y trabajar en Estados Unidos y Francia, donde se especializó en paleolimnología: reconstruir el pasado a partir de sedimentos de lagos. Desde la UIS quiere impulsar esa rama en Santander, donde, advierte, hay muy pocos estudios de este tipo. La laguna de Ortices es su primer proyecto en la universidad.

“Hay muchos mitos, muchas leyendas de la laguna, que fue doña Juana. Eso hace parte de la mística”, reconoce. “Pero entonces es eso: con la ciencia tratar de entender, geológicamente, cómo se formó, por qué hay una laguna en este sitio tan curioso. Y saber, bueno, si en la laguna siempre hubo una columna de agua, o si en algún momento quizá se secó y se volvió a llenar”.

En julio, el equipo llegó a la laguna y allí armó una plataforma sobre botes inflables que fue llevada hasta el depocentro, la zona con mayor columna de agua. Con un pistón modificado, donado a Colombia por el Smithsonian Tropical Research Institute, y tubos de policarbonato, perforaron a pura presión y extrajeron cerca de tres metros de sedimento.

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Ya en la universidad, buscaron entre las capas restos de madera, hojas o raíces. “Estos restos presentan materia orgánica y esa materia orgánica presenta carbono”, dice Duarte. Con el análisis de radiocarbono se sabe hace cuánto murió esa planta y, por tanto, qué edad tiene esa capa. Después se mide la cantidad de titanio, sílice o potasio para leer la historia climática. El polen, en cambio, se analiza en un laboratorio de Medellín.

Laguna de Ortices. (Foto: Archivo / VANGUARDIA)
Laguna de Ortices. (Foto: Archivo / VANGUARDIA)

La comunidad cuida su laguna con celo: no permite pescar ni siquiera el uso de lanchas a motor, para no contaminar el agua. Cuentan que al corregimiento La Laguna llegaron unos mineros hace unos años y que los habitantes se encargaron de proteger su tierra. Por eso, antes de tomar muestras, los investigadores se reunieron con los líderes. “Les explicamos muy bien que esto era un estudio de investigación, que éramos una universidad, que no nos interesa nada de minería o de pesca”, recuerda.

Duarte lo resume así: “Al final lo que nosotros queremos es que la comunidad esté vinculada con los resultados, saber qué ha pasado en la región”.

La idea es devolverles “el favor” con información que puedan utilizar para el ecoturismo y que les permita conocer mejor el atractivo más importante del corregimiento.

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¿Qué viene? Un pasado por descifrar

Este equipo de investigadores y estudiantes prepara una última salida de campo para recoger flores alrededor de la laguna y comparar su polen con el del pasado. Duarte espera los resultados del radiocarbono hacia noviembre. El análisis en laboratorio es un trabajo largo y los resultados se esperan hacia marzo o abril. La meta es publicar en una revista científica.

La UIS investiga el origen y los secretos de la Laguna de Ortices (Fotos suministradas / VANGUARDIA)
La UIS investiga el origen y los secretos de la Laguna de Ortices (Fotos suministradas / VANGUARDIA)

El proyecto, financiado por la UIS y en colaboración con la Universidad Tecnológica de Antioquia y la Universidad del Norte, involucra a unos cinco estudiantes. Duarte quiere que sea apenas el primer paso: después irían los páramos y las ciénagas cercanas a Barrancabermeja.

Mientras llegan los resultados, la laguna guarda su silencio. Bajo el agua, entre el lodo oscuro, esperan miles de años de historia y, si la leyenda es cierta, una dueña que prefiere que la dejen tranquila.

Términos para entender el estudio

Algunos términos de la investigación suenan complejos, pero son más sencillos de lo que parecen. La palinología es el estudio del polen y de las esporas, esos granos microscópicos que las plantas dispersan para reproducirse. Vistos bajo el microscopio, permiten saber a qué especie pertenecían y, por tanto, qué plantas crecían en un lugar en un determinado momento.

Los sedimentos lacustres son el material que se acumula en el fondo de un lago o una laguna: arena, arcilla y limo. Con el tiempo, se apilan en capas, como las páginas de un libro, y las más profundas son las más antiguas.

Cuando los investigadores extraen una columna de esas capas con sus tubos, obtienen lo que se llama un núcleo sedimentario, que funciona como una línea de tiempo en forma de lodo.

Que ese archivo se conserve depende de las condiciones anóxicas, es decir, de la ausencia de oxígeno en el fondo. Sin oxígeno, el polen y los restos vegetales se descomponen mucho más lentamente y pueden durar miles de años.

Con todo ello se busca una reconstrucción paleoambiental: un retrato del clima y la vegetación que existieron en el pasado.

Publicado por: Katterine Dimas

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