¿Qué está ocurriendo con los peces del embalse de Topocoro? Las observaciones de pescadores sobre la presencia del tucunaré y de parásitos en los ojos de algunos ejemplares llevaron a investigadores de Bucaramanga a analizar muestras para identificar los organismos y comprender mejor lo que sucede en estas aguas.

Publicado por: Jael Monroy Soto
En las últimas semanas, videos, fotografías y publicaciones compartidas en redes sociales han llamado la atención de quienes visitan el embalse de Topocoro, uno de los lugares más reconocidos de Santander por sus paisajes, su gastronomía y sus actividades turísticas. Precisamente, algunos pescadores han reportado situaciones que generan preguntas sobre los peces que habitan estas aguas: la presencia del tucunaré, también llamado pavón, y la aparición de parásitos en los ojos de algunos ejemplares.
El tucunaré pertenece al género Cichla y es conocido por su tamaño, sus colores y su capacidad para capturar otros peces. Sin embargo, su presencia en Topocoro merece atención. Aunque es un pez nativo de Colombia, especialmente de las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco, no pertenece naturalmente a la cuenca del río Magdalena, donde se considera una especie introducida, explica el profesor Daniel Cala, de la Universidad Cooperativa de Colombia. En otras palabras, que un pez sea colombiano no significa que pueda trasladarse sin consecuencias a cualquier río o embalse del país.
Según Cala, médico veterinario y zootecnista con experiencia en acuicultura y organismos acuáticos, el tucunaré es un pez piscívoro, una palabra que significa que se alimenta principalmente de otros peces. Esta característica es importante porque, al llegar a un lugar donde antes no habitaba, puede competir por alimento y consumir especies propias de la región.

Su alimentación depende de las condiciones del ambiente. Durante los periodos de aguas bajas, cuando los peces se concentran en espacios más pequeños, los depredadores pueden encontrar sus presas con mayor facilidad. En un embalse como Topocoro, donde el nivel del agua también cambia, es importante estudiar cómo esas variaciones influyen en su alimentación y en las especies que conviven con él, en lugar de dar por hecho que ocurre exactamente lo mismo.
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Pero los peces no viven aislados. En el agua también hay insectos, camarones, caracoles y aves que participan en una red de relaciones naturales. Algunos organismos sirven de alimento y otros intervienen en el ciclo de vida de parásitos. Esto ayuda a entender por qué, cuando se observa un parásito en un pez, no siempre es posible explicar su presencia mirando únicamente qué come ese animal. A veces, para comprender lo que sucede, hay que conocer a los demás seres vivos que habitan el lugar.
Un ejemplo es Austrodiplostomum compactum, un pequeño gusano parásito que ha sido encontrado en los ojos de varias especies de peces, incluido el tucunaré, en investigaciones realizadas en Brasil. Su ciclo de vida incluye aves que comen peces y caracoles acuáticos. Las aves pueden liberar huevos del parásito mediante sus excrementos; después, una etapa de su desarrollo ocurre en ciertos caracoles. Más adelante, unas larvas salen al agua, pueden penetrar en los peces y alojarse en sus ojos. Cuando un ave consume un pez infectado, el ciclo puede continuar. Por eso, el parásito no necesita llegar al ojo porque el tucunaré haya comido un camarón o un insecto.
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En uno de esos estudios, realizado en el río Paraná, los investigadores encontraron el parásito en 45 de 81 tucunarés examinados. Este resultado demuestra que esos peces pueden ser afectados por parásitos oculares, pero no permite asegurar que los organismos observados recientemente en Topocoro sean de la misma especie. Cada lugar tiene características particulares y, antes de dar un diagnóstico, es necesario examinar las muestras.

Precisamente, esta es una de las preguntas que buscan responder investigadores y profesionales en Bucaramanga. La profesora María Victoria Esteban, de la Universidad Cooperativa de Colombia y directora del Laboratorio Clínico Veterinario Biovet bga, destaca el trabajo conjunto entre este laboratorio y el Laboratorio de Organismos Acuáticos de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia. Allí se están analizando muestras entregadas por pescadores artesanales que observaron parásitos en los ojos de algunos peces carnívoros del embalse. La colaboración de la comunidad ha sido fundamental para que esas observaciones lleguen a manos de quienes pueden estudiarlas.
De acuerdo con la profesora Esteban, actualmente se adelantan pruebas de biología molecular, que permiten estudiar el material genético de los organismos. Con estos análisis se busca avanzar en su identificación y comprobar si pertenecen a la familia Diplostomidae, grupo al que corresponde el parásito descrito en los estudios de Brasil. Por ahora, no es responsable anunciar el nombre de una especie como si ya estuviera confirmado. Los resultados de laboratorio serán los que permitan ofrecer una explicación más precisa a los pescadores y a la comunidad.
Otra preocupación frecuente es si estos parásitos representan un riesgo para las personas que consumen pescado. Los investigadores señalan que, hasta el momento, no cuentan con evidencia de que el parásito observado en estas muestras pueda infectar directamente a los seres humanos. Sin embargo, como su identificación continúa en estudio, esto no debe interpretarse como una garantía sobre todos los riesgos asociados al consumo de pescado. La recomendación es mantener buenas prácticas de limpieza y manipulación, cocinarlo completamente y evitar el consumo de pescado crudo o insuficientemente cocido. Si un ejemplar presenta alteraciones visibles, lo prudente es solicitar orientación sanitaria antes de comercializarlo o consumirlo.
Aunque es una especie autóctona de los ríos Amazonas u Orinoco, la llegada del tucunaré al embalse de Topocoro evidencia los peligros de trasladar fauna acuática entre cuencas sin control. Su carácter piscívoro suma presión a la fauna local en momentos en que la ciencia analiza si el ecosistema afronta, además, un ciclo parasitario que involucra a caracoles, aves y peces carnívoros.
Lo ocurrido también muestra el valor de las alianzas entre la comunidad, las universidades y las empresas privadas, incluidos los laboratorios veterinarios. Los pescadores conocen el embalse y suelen ser los primeros en reconocer cambios en los animales que capturan. La academia aporta preguntas, estudios y conocimientos, mientras que los laboratorios contribuyen con herramientas para analizar las muestras. Cuando estos esfuerzos se unen, una inquietud compartida en redes sociales puede convertirse en una oportunidad para investigar, informar con responsabilidad y cuidar los recursos naturales de los que dependen tantas familias.
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Finalmente, esta historia invita a pensar en las consecuencias de trasladar peces y otros animales acuáticos de una cuenca a otra sin estudios ni autorizaciones. El tucunaré es nativo de Colombia, pero eso no significa que forme parte natural de todos nuestros ríos. Introducir especies en ambientes distintos puede afectar a los peces locales y favorecer cambios difíciles de anticipar. No está demostrado que la llegada del tucunaré haya causado la presencia de parásitos en Topocoro; son asuntos que deben investigarse por separado. La lección es clara: proteger el embalse también significa respetar las especies que naturalmente pertenecen a él y tomar decisiones basadas en evidencia, no en rumores.














