Santander
Domingo 20 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

¿Es peligroso el pez tucunaré de Topocoro con parásitos en los ojos?

Un video de un tucunaré con parásitos en los ojos encendió las redes sociales. Expertos consultados por Vanguardia explicaron que no afectan la salud humana. Detrás de la polémica, sin embargo, permanece la preocupación por la expansión de este pez introducido en el embalse y su impacto sobre las especies nativas.

Fotomontaje /VANGUARDIA
Fotomontaje /VANGUARDIA

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La línea se tensa y, a través de ella, viaja una descarga de adrenalina. Sostener la caña con firmeza se convierte en la única opción. Debajo del espejo de agua de 7.000 hectáreas, los tirones secos rompen aquel “remanso de paz”, el significado que adquirió Topocoro según el dialecto de los indígenas guanes.

Marco Valencia /VANGUARDIA
Marco Valencia /VANGUARDIA

La carrera obliga a recoger y soltar carrete casi al mismo tiempo. El tucunaré no se entrega fácil.

Entre el agua y la superficie aparece entonces su cuerpo robusto, dorado y verdoso, atravesado por manchas oscuras. La cola golpea con fuerza y vuelve a sumergirse. Es un último intento por escapar antes de quedar a bordo de la lancha, donde el pez todavía se mueve con la energía de quien domina un territorio.

Marco Valencia /VANGUARDIA
Marco Valencia /VANGUARDIA

En el embalse Topocoro, esta escena se repite una y otra vez desde hace aproximadamente siete años. El tucunaré se convirtió en un depredador dominante en el embalse. Fue trasladado desde la Orinoquía y es el protagonista de miles de historias controversiales y virales en redes sociales.

En la profundidad del embalse devoró a los peces nativos y cambió por completo el ecosistema del embalse. Y, en la superficie, no para de conquistar a los turistas que se sienten atraídos por su fuerza y voracidad.

Suministrada Daniel Portilla /VANGUARDIA
Suministrada Daniel Portilla /VANGUARDIA

En poco tiempo aprendió a moverse por el embalse e instalarse cerca de los troncos, rocas y vegetación para emboscar a sus presas.

Por eso, cuando muerde el señuelo y siente el anzuelo, emprende una carrera para refugiarse, cambiar de dirección y ganar profundidad. Podrían ser entre tres y cinco minutos luchando con este ‘invasor’.

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Debajo de la superficie, este pez ganó la pelea. Y se asegura de permanecer cerca de sus crías para defenderlas frente a otros peces y mantener el territorio controlado.

Suministrada Daniel Portilla /VANGUARDIA
Suministrada Daniel Portilla /VANGUARDIA

Antes de que se pregunte quién lo trajo: nadie tiene la respuesta.

Sin embargo, la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap) publicó en su portal web (marzo de 2023) que desde 2018 se tenía conocimiento de la presencia del tucunaré en el embalse. Según la entidad, esta especie, al igual que la cachama y algunas mojarras del género Oreochromis, habría sido introducida ilegalmente en este cuerpo de agua. En el caso del tucunaré, la Aunap señaló que “claramente se denota que el propósito principal fue atraer la pesca deportiva sin el consentimiento de la Autoridad Pesquera”.

En la foto: Daniel Portilla y Eugenio Gómez, guías de Topocoro. | Marco Valencia /VANGUARDIA
En la foto: Daniel Portilla y Eugenio Gómez, guías de Topocoro. | Marco Valencia /VANGUARDIA

Lo cierto es que la adrenalina de quienes han luchado por su foto con este “trofeo” ha sumado cada vez más participantes y espectadores.

Daniel Portilla, creador de Topocoro Fishing Trips, recuerda una captura en la que el tucunaré parecía decidido a convertir cada segundo de la pelea en un intento por escapar.

“En el momento en que él ataca la carnada, gana mucha velocidad que se transforma en fuerza. Ese ataque inicial es muy chévere y la pelea que él ofrece cuando está atrapado en el suelo es emocionante”, narra Daniel Portilla.

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Marco Valencia /VANGUARDIA
Marco Valencia /VANGUARDIA

Dentro de sus memorias hay una que desató una especial polémica en redes sociales. Un tucunaré con parásitos que se movían rápidamente en sus ojos. Así, tan rápido como ellos, se difundió este video en redes sociales, hasta alcanzar más de 126.300 reproducciones y más de cuatro mil comentarios.

Daniel, quien es de la vereda La Parroquía (Girón), lleva más de cuatro años trabajando en la zona y contó a este medio que no es la primera vez que evidenciaba esta escena.

Captura de video (Daniel Portilla) /VANGUARDIA
Captura de video (Daniel Portilla) /VANGUARDIA

Vanguardia consultó con expertos y aclaró que estos parásitos no afectan la salud humana. Crecen de forma natural en el ecosistema.

La verdadera alerta que se mantiene encendida, y sin un plan aprobado aún, es la del control de esta especie introducida, una de las, al menos, 13 que están presentes en Santander.

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Marco Valencia /VANGUARDIA
Marco Valencia /VANGUARDIA

Del listado de 26 especies invasoras que hay en Colombia, al menos 13 están presentes en Santander, de acuerdo con una conversación que sostuvo Vanguardia en una mesa de diálogo en la que estuvieron presentes biólogos de la CDMB.

La polémica del parásito

La invasión de este pez en el embalse no fue la que provocó que esta semana las redes sociales no pararan de hablar de esta especie. Un video, grabado y publicado por Daniel Portilla, desató una ola de comentarios.

En él se evidenciaban parásitos en los ojos del tucunaré. Son metacercarias, de acuerdo con el biólogo Luis Pinzón, de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, CDMB, y desataron preocupación en quienes han visitado y quienes planean visitar este “mar dulce de Santander”, porque, de hecho, algunos usuarios en redes sociales se atrevieron a contemplar la idea de no visitar nunca el lugar debido a la preocupación desatada por las imágenes.

El biólogo fue enfático en aclarar que estos parásitos no afectan la salud humana. No somos un ‘hogar’ con las condiciones idóneas para que sobreviva.

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“Efectivamente son parásitos metacercarias. Están en el ecosistema de manera natural. Cumplen un ciclo de vida del que hace parte el tucunaré, los caracoles y las aves que se alimentan de peces. En ese ciclo de vida no aparece el ser humano”, explica Luis Pinzón.

Pero, ¿cómo llega este parásito al ojo del pez? El ave que sobrevuela este espejo de agua es portador de este parásito. Este parásito viaja en las heces del ave que caen al agua. Estos huevos se transforman en larvas y las larvas infectan a los caracoles.

Cuando llegan a los caracoles, ellos vuelven a tener otras larvas que se llaman cercarias y quedan en el agua. Y, en algún momento, llegan a la piel del pez o incluso directamente al ojo. Se pueden trasladar por el torrente sanguíneo hasta llegar al globo ocular.

Fernanda Sandoval /VANGUARDIA
Fernanda Sandoval /VANGUARDIA

Contrario a la polémica que se desató en redes sociales, El biólogo destacó que los parásitos en este pez son un indicador favorable para el ecosistema.

Se trata de un parásito que lleva a la ceguera del pez y permite que las aves piscívoras (que se alimentan de peces) puedan atraparlo con mayor facilidad.

Esto, de forma prematura, porque aún no se ha adelantado ningún estudio en torno al tema, podría indicar que la naturaleza puso en el camino de este pez un animal que podría controlar su población. Esto, según el biólogo, ocurre cuando la naturaleza intenta volver a encontrar su equilibrio.

Vale aclarar que, si quisiera consumirse, aunque no es común con el tucunaré, podría hacerse. Siempre con una correcta cocción y cumpliendo con todas las normas de salubridad, pues existen otros parásitos dentro del pez que sí podrían afectar la salud humana. Se recomienda retirar todas las vísceras tan pronto muere; congelarlo durante al menos 48 horas y, finalmente, someterlo a una cocción completa, de mínimo 60 °C. No se recomienda dejarlo medio cocido ni medio crudo.

Fernanda Sandoval /VANGUARDIA
Fernanda Sandoval /VANGUARDIA

“Cuando se consume, ese parásito no es transmitido al ser humano porque no hace parte de su ciclo de vida. Sin embargo, también existen otros parásitos como los cestodos (gusanos planos o tenias) y los nematodos (gusanos redondos), para los cuales el ser humano sí hace parte del ciclo de vida”, explica Pinzón.

Estos parásitos pueden hacerse visibles cuando forman abultamientos en los tejidos, las escamas o la epidermis del pez. También pueden encontrarse al viscerarlo, especialmente en la cavidad abdominal.

El costo que se paga por este invasor

Aunque pareciera que en Santander no hay una situación de la magnitud del hipopótamo, los expertos coinciden en que sí. Aunque no pesa tres toneladas, ya se han fotografiado peces de 77 centímetros y 17 libras, según recuerdan Daniel Portilla y Eugenio Gómez, otro de los guías y operador turísticos de Topocoro.

La introducción del tucunaré cambió por completo el ecosistema. “Si antes había una proporción de más o menos 80 % de peces locales y un 20 % de peces introducidos, ahora está prácticamente invertida. Hay un 80 % de peces introducidos y la población de peces nativos ha disminuido hasta un 20 %”, detalla el biólogo de la CDMB, Luis Pinzón.

La Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, IPBES, ha considerado a las especies invasoras como uno de los cinco principales impulsores de la pérdida de biodiversidad en el mundo. Estas especies son las culpables del 60 % de las extinciones globales.

Quienes lleguen al embalse Topocoro pensando en pescar y pedir a los locales que les preparen un plato, según Enrique, se encontrarán con que es imposible. El plan “pesque y coma” no está dentro de la oferta turística.

“La oferta de pescado ya toca traerla de afuera, porque el típico de la región ya no se encuentra”, cuenta Luis Enrique León, presidente de la Asociación de Turismo de Topocoro. Él lleva aproximadamente 12 años trabajando en esta zona del embalse de Topocoro y fundó el restaurante Sabor Topocoro.

Luis Enrique León, presidente de la Asociación de Turismo de Topocoro. | Marco Valencia /VANGUARDIA
Luis Enrique León, presidente de la Asociación de Turismo de Topocoro. | Marco Valencia /VANGUARDIA

Pero el tucunaré tampoco está incluido en la carta. El objetivo que persiguen los aficionados es ganar la batalla en el agua, no saborearlo.

“Tucunaré no hay en ningún restaurante, o son muy pocos los restaurantes que lo tendrán dentro de su carta. Es solamente para los pescadores deportivos o aquellos que vienen y sacan unos peces para llevar a su casa, pero en los restaurantes no se consume ese pez, por su tamaño, por su forma”, detalla.

Hace aproximadamente 10 años, cuando no había llegado el tucunaré al embalse, el plan era otro. “Había bocachico, doradas, capitancitos, mojarra amarilla, roja, negra, todos los peces típicos de la región. Esos eran los peces que sacaban los pescadores tradicionales. Los turistas que empezaron a llegar al sector se fascinaban sacando una mojarrita amarilla que se sacaba por cantidades, ¡muy linda!”, agrega Enrique León.

Con ese recuerdo, y sumado al sentimiento que deja toda una vida dedicada a la pesca artesanal, coincide Arbey Poveda Gualdrón, nacido y criado a orillas del río Sogamoso.

Arbey Poveda Gualdrón, nacido y criado a orillas del río Sogamoso. | Marco Valencia /VANGUARDIA
Arbey Poveda Gualdrón, nacido y criado a orillas del río Sogamoso. | Marco Valencia /VANGUARDIA

“Antes pescábamos con atarraya. Y con eso sobrevivíamos. Era el bocachico, el hocicón, la dorada, la picuda, la mojarra, la choca, el burro. Eran muchas especies las que había, pero el pavón acabó con esas especies. Ahora traemos de Abastos el bocachico, bagre, trucha, robalo. El tucunaré no se saca para el consumo”, reconoce Arbey Poveda.

Ante el escenario desolador que dejó el tucunaré, muchos pescadores tuvieron que renunciar a su oficio, la canoa y la atarraya. Y, ante la pérdida de un empleo de toda una vida, el tucunaré los ‘sedujo’ y les brindó una alternativa económica. Otros se fueron desplazando hacia la guianza, la gastronomía, hotelería y aviturismo.

Marco Valencia /VANGUARDIA
Marco Valencia /VANGUARDIA

Arbey Poveda, por ejemplo, opera el Restaurante El Buey y también es guía de pesca. “Ahorita que echaron ese pavón (tucunaré), pues toca acoplarnos a él porque ese es el que nos está dando la comida hoy en día. Nos ha traído mucho trabajo. De todas maneras, el pescador de turismo viene, consume, alquila el bote, duerme, se alimenta. Consumen todo acá”, agrega.

Según los relatos de Daniel Portilla, en la zona también se ha llegado a fotografiar la mojarra azul. De forma prematura, los expertos consideran que podría ser una alternativa 'atractiva' para los turistas. | Suministrada Daniel Portilla /VANGUARDIA
Según los relatos de Daniel Portilla, en la zona también se ha llegado a fotografiar la mojarra azul. De forma prematura, los expertos consideran que podría ser una alternativa 'atractiva' para los turistas. | Suministrada Daniel Portilla /VANGUARDIA

Porque, aunque la añoranza se mantiene intacta y desean que vuelvan las especies nativas que también enamoraban a los turistas, el tucunaré aporta ingresos. Por ahora, piden proteger la mojarra azul, que aún se ve en la zona, porque entienden la dimensión del problema. Ellos lo vieron escalar a lo largo de estos siete años.

“Ya es difícil, es un pez que ya se expandió en el sector, hay que convivir con él. Es difícil porque nos encantaría tener toda la cantidad de peces que teníamos antes, esa variedad tan grande”, apunta Enrique León.

Pese a los esfuerzos iniciales, en los que Isagen repobló Topocoro con peces nativos, el tucunaré tomó ventaja.

La Aunap también informó que, junto con Isagen, adelantó acercamientos para revisar el manejo de las especies introducidas y que la Fundación Humedales realizó en 2022 el “Monitoreo pesquero y evaluación del tucunaré en el Embalse Topocoro Fase III”.

Según la autoridad pesquera, este estudio dejó conclusiones y recomendaciones para el ordenamiento pesquero del embalse y medidas de manejo para contrarrestar el aumento de las poblaciones de tucunaré y de otras especies introducidas presuntamente de manera ilegal.

Se sigue alimentando de los pocos peces nativos que hay, sin encontrar ninguna barrera porque, en sus etapas tempranas, es omnívoro, es decir, en algún momento también puede consumir material vegetal u otro tipo de alimento, como insectos.

Marco Valencia /VANGUARDIA
Marco Valencia /VANGUARDIA

Desde el Comité Técnico del Embalse Topocoro (CETOP), que es una mesa de trabajo de la Gobernación de Santander, la CAS, la CDMB y la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca e Isagen, están evaluando las mejores opciones o alternativas para crear ese plan de manejo.

Según la Aunap, se estaban revisando los resultados del estudio realizado en 2022 para “concretar las acciones a tomar” y concertar medidas de manejo que permitan enfrentar la introducción ilegal del tucunaré y de otras especies.

Ante un plan de manejo que aún está en borrador, la única respuesta sigue siendo la prevención, además de ser la más económica. Además, esta solución valdría para especies con pocos individuos o donde la reproducción es lenta. El tucunaré ya exige una respuesta tan voraz como él.

Sin embargo, quienes vivían antes de la pesca debían encontrar otra forma de vida. El tucunaré resultó ser una de las opciones más atractivas. El número de turistas que llega a esta región buscando su “trofeo”, quienes están dispuestos a pagar por la foto con un tucunaré, lo confirma.

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