Salud
Sábado 19 de septiembre de 2026 - 05:00 AM

Suicidio en Bucaramanga, mirar más allá de la crisis

Los registros de vigilancia epidemiológica muestran que los intentos de suicidio continúan siendo un desafío para Bucaramanga. Las cifras permiten identificar grupos de mayor incidencia y factores asociados, pero también plantean la necesidad de fortalecer la detección temprana, la atención y el seguimiento después de una crisis.

Jaime Moreno / Vanguardia
Jaime Moreno / Vanguardia

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Publicado por: Suministrado

JHONNATAN ACOSTA SÁNCHEZ – Médico y cirujano, especialista en Epidemiología.

Hablar de suicidio implica mirar más allá de las muertes. Detrás de cada una existe un fenómeno más amplio: personas que atraviesan crisis, intentos que requieren atención, familias afectadas y oportunidades de intervención que pueden aparecer antes de que la situación llegue a ese punto.

En 2025, hasta el 20 de septiembre, la Secretaría de Salud y Ambiente de Bucaramanga reportó 400 intentos de suicidio, con una incidencia de 64,1 casos por cada 100.000 habitantes. De estos, 230 correspondieron a mujeres y 170 a hombres. La mayor incidencia se presentó entre adolescentes y jóvenes, particularmente en el grupo de 15 a 19 años.

Entre las mujeres de 10 a 24 años se concentró, en promedio, el 65,3 % de los casos, mientras que las adolescentes de 15 a 19 años alcanzaron una incidencia de 343,2 casos por cada 100.000 mujeres. Estos datos permiten identificar grupos que requieren especial atención, aunque la conducta suicida puede presentarse en cualquier etapa de la vida.

Un fenómeno con múltiples factores

Los registros también muestran que no existe una única explicación para los intentos de suicidio. Durante 2025, los principales factores desencadenantes identificados en Bucaramanga fueron los problemas familiares, con 37,6 %; los conflictos de pareja o expareja, con 26,9 %; y los problemas económicos, con 7,7 %. También se registraron antecedentes de trastornos psiquiátricos, depresión y consumo de sustancias psicoactivas.

Estas circunstancias no deben interpretarse como causas aisladas. Una conducta suicida puede estar relacionada con la interacción de diferentes factores individuales, familiares y sociales. Por eso, la prevención requiere reconocer cambios en el comportamiento y atender oportunamente las situaciones que pueden aumentar la vulnerabilidad.

Magnific / VANGUARDIA
Magnific / VANGUARDIA

El panorama de 2026 mantiene la atención sobre la ciudad. A corte del 12 de agosto, el Sistema de Vigilancia en Salud Pública registraba 1.125 intentos de suicidio en Santander, de los cuales 506 correspondían a residentes de Bucaramanga. Le seguían Floridablanca, con 118; Piedecuesta, con 89; Barrancabermeja, con 81, y Girón, con 64.

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La comparación con 2025 debe hacerse con cautela. Los 400 casos de ese año corresponden a un corte del 20 de septiembre, mientras que los 506 de 2026 corresponden a agosto. Al tratarse de periodos diferentes, no es epidemiológicamente adecuado presentar las cifras como un incremento porcentual directo. Sí muestran, sin embargo, que los intentos continúan siendo un evento relevante de vigilancia para Bucaramanga y Santander.

Intento y suicidio son eventos diferentes

También es fundamental distinguir entre intento de suicidio y suicidio consumado. El primero es un evento que requiere atención y seguimiento; el segundo representa una muerte.

En Bucaramanga se registraron 33 suicidios durante 2024, frente a 32 en 2022 y 2023. Durante el primer semestre de 2025 se contabilizaron 20 muertes por esta causa.

Las cifras de intentos y de muertes no deben interpretarse de la misma manera. Un mayor número de intentos no significa necesariamente un aumento proporcional de la mortalidad. Para comprender esta última deben analizarse variables como edad, sexo, circunstancias y otros factores epidemiológicos.

La vigilancia de los intentos tiene, precisamente, un valor preventivo: permite identificar personas que han atravesado una crisis y generar oportunidades de atención antes de que vuelva a presentarse una situación de riesgo.

La atención debe continuar después de la crisis

La respuesta no puede limitarse al momento de la urgencia. Una persona que ha tenido un intento requiere valoración clínica, atención en salud mental y seguimiento posterior. También es necesario acompañar a su entorno cercano y fortalecer las redes de apoyo.

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La prevención implica reconocer señales como aislamiento, cambios importantes en el comportamiento, desesperanza persistente, alteraciones del sueño, consumo problemático de sustancias o antecedentes de intentos previos. Ante una situación de riesgo inmediato, se debe buscar atención de urgencias.

En Bucaramanga está disponible la Línea Espérame, las 24 horas del día, los siete días de la semana, en el número 322 964 3755. También funciona la línea nacional 106, como canales de orientación y apoyo en salud mental.

Prevenir el suicidio requiere acciones sostenidas durante todo el año: fortalecer la detección temprana en familias, colegios, universidades y servicios de salud; facilitar el acceso a atención profesional y garantizar continuidad en el acompañamiento después de una crisis.

Las cifras permiten identificar dónde existen mayores necesidades de atención. Pero cada registro corresponde a una persona y a un contexto particular. Mirar esos datos más allá de los números permite reconocer que la prevención empieza mucho antes de una emergencia y que una intervención oportuna puede abrir una posibilidad de atención cuando más se necesita.

Publicado por: Suministrado

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