Santander
Domingo 20 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Páramo de Berlín: Siete días contra el incendio bajo tierra

Sin descanso desde antes del amanecer hasta entrada la noche, los habitantes y cuerpos de bomberos de Tona y Vetas enfrentaron uno de los incendios más feroces de la región. En un terreno sin señalización y de difícil acceso, las llamas que alcanzaron hasta 15 metros de altura dejaron una huella de cenizas y piedras calientes en el corazón del páramo.

Bomberos voluntarios de varios municipios, Defensa Civil y habitantes de la zona se unieron durante una semana para controlar el incendio en el páramo de Berlín.
Foto: Byron Pérez /VANGUARDIA
Bomberos voluntarios de varios municipios, Defensa Civil y habitantes de la zona se unieron durante una semana para controlar el incendio en el páramo de Berlín. Foto: Byron Pérez /VANGUARDIA

Compartir

Publicado por: Katterine Dimas

Durante siete días, el fuego se escondió debajo de la tierra del páramo de Berlín. A veces se dejaba ver: una llamarada que trepaba por un pino, una columna de humo que emergía entre la vegetación, una lengua de fuego capaz de derribar un árbol. Otras veces no había llamas. Solo piedras calientes, suelo humeante y una montaña que parecía dormida, pero seguía ardiendo.

Más de 50 hectáreas de vegetación nativa quedaron reducidas a ceniza y chamizos quemados en la vereda El Tembladal, en Tona, Santander. Durante más de 140 horas, bomberos, integrantes de la Defensa Civil, habitantes de la zona e incluso el alcalde municipal trabajaron desde antes del amanecer hasta después de que la noche cubriera la montaña para intentar apagarlo.

El camino hacia el fuego

Para llegar a El Tembladal desde Bucaramanga hay que tomar la vía hacia Pamplona. El camino pasa por Morrorico, atraviesa La Corcova y comienza a subir, curva tras curva, entre mulas cargadas y buses intermunicipales. Lea además: Emergencia por incendio en Santurbán: desde hace cinco días las llamas están activas

Foto: Byron Pérez /VANGUARDIA
Foto: Byron Pérez /VANGUARDIA

A medida que la carretera asciende, el paisaje cambia. El frío deja de ser una advertencia para convertirse en presencia. Una hora y media larga después aparece Berlín, envuelto en neblina. Allí el viento no muerde: se mete debajo de la ropa.

Los habitantes trabajan la cebolla larga con ruana, botas de caucho y las manos enrojecidas por el frío.

Después de Berlín se acaba el pavimento y comienza otro viaje. La carretera destapada sube hacia la parte alta de la cuenca del río Tona. No hay señalización y la neblina puede borrar la montaña en cuestión de minutos.

Entre frailejones, pastizales y bosque altoandino, el camino alcanza entre 2.800 y 3.100 metros sobre el nivel del mar. Allí arriba, incluso el frío parece distinto: más seco, más filoso. De madrugada, la escarcha queda tendida sobre los pastizales.

Publicidad

Y allí también estaba el fuego. Le sugerimos leer: Incendio en Santurbán completa cuatro días: “se avivan las llamas”

Foto: Byron Pérez /VANGUARDIA
Foto: Byron Pérez /VANGUARDIA

Una montaña que seguía ardiendo

Desde las 6:00 de la mañana, las unidades de los cuerpos de bomberos voluntarios de Tona y Vetas y los habitantes de la zona llegaban al sector Las Cruces para continuar la batalla contra los últimos focos del incendio, iniciado el sábado 12 de septiembre.

Ese día, cuenta la comunidad, el viento sopló con fuerza. Las llamas alcanzaron unos 15 metros de altura y consumieron varias hectáreas de pino. Después comenzaron a avanzar hacia otras zonas.

Pero llegar hasta el incendio no era sencillo.

Aunque la vereda era accesible, hasta el punto donde se originó el fuego no existía carretera ni camino. La Alcaldía de Tona tuvo que utilizar maquinaria amarilla para abrir paso en la montaña. Solo entonces bomberos, habitantes y el alcalde Jesús Santiago Gutiérrez Leal pudieron acercarse al lugar.

“Es una zona bastante difícil, como ustedes se pueden dar cuenta, nos tocó trastear el agua desde el corregimiento de Berlín hasta acá al punto donde necesitábamos refrigerar. Completamos siete días trabajando sobre la zona con el apoyo de Bomberos de Vetas, Floridablanca, Matanza, Suratá y, por supuesto, el cuerpo de bomberos del municipio de Tona. También contamos con el apoyo del acueducto metropolitano Bucaramanga y la Gobernación a través de la Unidad de Gestión de Riesgo”, expresó el mandatario de Tona. También lea: Emergencia en Santurbán: incendio en vereda de Tona está activo desde el pasado sábado

Publicidad

Foto: Byron Pérez /VANGUARDIA
Foto: Byron Pérez /VANGUARDIA

Mientras los comandantes coordinaban la llegada del agua, bomberos, integrantes de la Defensa Civil de Piedecuesta y habitantes se internaban montaña adentro con picas y machetes.

No buscaban una llama. Buscaban el fuego que estaba debajo de sus pies.

El enemigo estaba bajo tierra

El sargento Pedro Hernández, comandante de Bomberos Voluntarios de Tona, explica que el incendio en El Tembladal era, en buena parte, subterráneo.

“Es subterráneo, es decir que se propaga bajo el suelo y se quema la materia orgánica acumulada y las raíces. Arden lentamente; inicialmente carecen de llamas, pero luego estas aparecen con bastante fuerza y en diferentes puntos; pueden estar activos por largo tiempo. Son muy perjudiciales para la vegetación, ya que afectan la estructura del suelo donde se encuentran los nutrientes que requieren las plantas para su desarrollo”.

Publicidad

Por eso, apagarlo no consistía simplemente en lanzar agua sobre las llamas.

Había que enfriar la tierra, removerla, encontrar los focos y evitar que el calor escondido volviera a encender la vegetación. Le puede interesar: Ministro de Agricultura fue designado para decisiones sobre Santurbán

Defensa Civil de Piedecuesta. 
Foto: Byron Pérez/VANGUARDIA.
Defensa Civil de Piedecuesta. Foto: Byron Pérez/VANGUARDIA.

Casi cuatro horas después de que los bomberos llegaran al lugar apareció la primera volqueta con tanques de agua. Eran más de 2.420 litros para continuar con el enfriamiento.

El agua comenzó a recorrer los más de 3.000 metros de manguera extendidos montaña arriba.

Publicidad

Pero la montaña tampoco lo hacía fácil.

“Agua hemos tenido. Se botó muchísima agua, pero la topografía del terreno no permitía que la tierra se empapara y enfriara bien, porque para la parte donde estaban los focos es piedra. Entonces había mucho recalentamiento debajo y con el sol se volvía a activar, esto sumado al aire que ayudaba a propagar el fuego”, explicó Hernández.

El trabajo que no se ve

El sargento también dejó durante esos días su taller de ornamentación. Sus clientes tuvieron que esperar.

Foto: Suministrada Construyendo Región.
Foto: Suministrada Construyendo Región.

“Llevo más de cinco días dejando de atender a mis clientes, el trabajo se está acumulando. Como dicen ‘esto es puro amor al arte’, porque como voluntario no se recibe ni un peso, pero hay que cumplir con el deber. Además, cuento con un personal que está dispuesto a la hora que sea”.

Como él, otros bomberos dejaron negocios, trabajos y rutinas para ponerse las botas y entrar en la montaña. No olvide leer: Ministro de Ambiente no podrá decidir sobre Santurbán: ¿Qué sigue?

Allí no había una sola cuadrilla. Había hombres y mujeres cargando agua, mangueras, herramientas y alimentos; abriendo caminos; abasteciendo combustible; removiendo tierra y buscando brasas invisibles.

“A veces hay que cargar agua, cargar mangueras, abrir caminos, traer la alimentación, abastecer de combustible las máquinas, lo hacemos posible porque también es nuestro deber, pero es una labor bastante compleja porque al final hay muchas situaciones que se presentan y debemos ahí trabajar sobre eso”, señaló el alcalde de Tona.

Gutiérrez Leal incluso puso su camioneta al servicio de la emergencia. En ella transportó agua, almuerzos, herramientas y lo que hiciera falta.

Foto: Suministrada Construyendo Región.
Foto: Suministrada Construyendo Región.

Cuando el fuego volvió a aparecer

Poco antes del mediodía, mientras avanzaba la jornada, un foco se reactivó cerca del lugar donde estábamos.

Al principio nadie lo vio. Después apareció una columna de humo. Luego, un pedazo de tierra se desprendió. Era la señal.

Minutos más tarde surgieron unas llamas pequeñas, pero suficientes para derribar un árbol que terminó cayendo sobre una camioneta. Nadie resultó lesionado y el vehículo tampoco sufrió daños. El susto, sin embargo, quebró por un instante la concentración de quienes estaban allí.

Una bombera de Tona tomó un equipo y comenzó a lanzar agua. En pocos segundos, las llamas desaparecieron.

El incendio podía estar apagado en un punto y vivo unos metros más adelante.

Un habitante lo explicaba mientras hundía el machete en la tierra:

“Hubo zonas donde la candela estuvo por debajo de la tierra y por encima. Cuando es subterráneo usted no ve la candela, pero toca las piedras y se siente el calor. No siempre son incendios subterráneos, en la parte de los pinos, por ejemplo, fue superficial, es decir que de un árbol se pasa al otro. Durante la semana se apagaba un día, pero al otro volvía a reactivarse”.

Foto: Suministrada Construyendo Región.
Foto: Suministrada Construyendo Región.

El silencio después de las llamas

A la una de la tarde llegaron los almuerzos. Los socorristas buscaron pequeños pedazos de sombra para sentarse. Durante unos minutos dejaron las herramientas en el suelo y comieron.

Después volvieron a la montaña.

Las volquetas continuaron llegando con agua. Un camión cisterna de la Defensa Civil también abasteció a los bomberos. Viaje tras viaje, el agua llegó hasta los focos.

La tarde avanzó. El sol perdió fuerza. El frío regresó.

Y, finalmente, llegó la noticia que todos esperaban.

Hoy, gracias al cielo, lo liquidamos totalmente”, dijo, con evidente emoción, este viernes el comandante de Bomberos Voluntarios de Tona.

Después de siete días, la montaña dejó de arder.

Quedaron las laderas calcinadas, la costra negra del suelo, los troncos convertidos en carbón y el humo que todavía parecía salir de algunos rincones.

Pero también quedaron las huellas de quienes durante una semana caminaron montaña adentro para impedir que el fuego siguiera avanzando.

El páramo de Berlín, por ahora, está apagado. La misión de los bomberos se cumplió con éxito.

Publicado por: Katterine Dimas

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad