Agro
Domingo 11 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Ministro de Agricultura: la ganadería regenerativa es la respuesta

El ministro de Agricultura advirtió sobre el histórico estancamiento del hato vacuno y la baja producción del país. ACOGANAR responde con una propuesta clave.

Modelos de agricultura y ganadería regenerativa defienden que los primeros centímetros de suelo fértil son la principal herramienta natural para capturar carbono, retener agua y recuperar ecosistemas degradados.
Modelos de agricultura y ganadería regenerativa defienden que los primeros centímetros de suelo fértil son la principal herramienta natural para capturar carbono, retener agua y recuperar ecosistemas degradados.

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Publicado por: Jael Monroy Soto

El ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, abrió una discusión necesaria para el sector. En una entrevista reciente con La FM anunció que revisará los resultados de los recursos parafiscales de la ganadería y puso sobre la mesa cifras que nos invitan a reflexionar a todos: un hato que lleva años estancado en cerca de 30 millones de cabezas, cuando podría superar los 60 millones; un promedio de tres litros de leche por vaca al día y ganancias de peso de unos 400 gramos diarios, cuando deberían estar en 800. Y dijo algo que celebramos quienes ya practicamos este modelo: lamentó que la ganadería regenerativa todavía no haya llegado a más de 600 mil predios de pequeños productores.

Tiene razón. Y desde la asociación que agrupa a quienes ya practican este modelo en el país, queremos responderle con una afirmación sencilla: las cifras que el ministro quiere ver no se alcanzarán repitiendo la receta de siempre.

Durante décadas nos enseñaron que producir más significaba gastar más: más insumos, más maquinaria, más químicos, más tierra. El resultado está a la vista en muchas regiones del país: suelos compactados, fuentes de agua que se secan en verano, costos de producción que suben cada año y jóvenes que prefieren irse del campo antes que heredar una actividad que ya no da para vivir.

La ganadería regenerativa propone una alternativa para aumentar la productividad del campo colombiano sin ampliar la frontera agropecuaria. Con menos dependencia de insumos externos, suelos más fértiles y mayor capacidad de carga, el modelo busca convertir las ventajas naturales del país en rentabilidad para los productores.

Hay otro camino que ya no es una promesa: es una realidad que cientos de productores colombianos estamos viviendo en nuestras fincas. La regeneración no es una moda ni una etiqueta verde. Es, sencillamente, la decisión económica y productiva más inteligente que puede tomar el campo colombiano hoy. En ninguna actividad eso es tan evidente como en la ganadería, que ocupa cerca de 30.4 millones de hectáreas del territorio rural del país y que puede pasar de ser señalada como problema a convertirse en parte central de la solución. Y para entender por qué, resulta útil mirar el asunto con los mismos lentes con los que los economistas miran el comercio entre naciones: las ventajas absolutas y las ventajas comparativas.

El ministro de Agricultura advirtió sobre el histórico estancamiento del hato vacuno y la baja producción del país. ACOGANAR responde con una propuesta clave.
El ministro de Agricultura advirtió sobre el histórico estancamiento del hato vacuno y la baja producción del país. ACOGANAR responde con una propuesta clave.

Lo que la naturaleza ya nos dio

Un país tiene una ventaja absoluta cuando puede producir algo con menos recursos que cualquier otro. Tiene una ventaja comparativa cuando, aun sin ser el mejor en todo, hay actividades en las que su costo de oportunidad es menor y, por eso, le conviene especializarse en ellas.

Colombia cuenta con una dotación natural que pocos países del mundo pueden igualar y que, bien aprovechada, se convierte en ventaja absoluta. Estamos en el trópico, con luz solar y crecimiento vegetal durante los doce meses del año, sin inviernos que congelen los pastos. Tenemos agua abundante, todos los pisos térmicos en un mismo territorio y somos uno de los países más biodiversos del planeta. Para un sistema que vive de convertir sol en pasto, pasto en carne y leche y vida del suelo en fertilidad, estas condiciones son un tesoro.

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Tenemos ventajas comparativas claras. Mientras otros países deben estabular a sus animales buena parte del año y comprar alimento concentrado, aquí el ganado puede comer a cielo abierto todo el año. Mientras otros dependen de fertilizantes importados para sostener sus cosechas, nosotros podemos construir fertilidad con biología propia. Lo que nos sale caro es imitar modelos pensados para otros climas; lo que nos sale barato es trabajar a favor de nuestra propia naturaleza. Eso es, precisamente, lo que hace el modelo sistémico de Ganadería Regenerativa.

Pocas actividades aprovechan tan bien estas ventajas como la ganadería. El rumiante es capaz de convertir el pasto, que los humanos no podemos comer, en proteína de alta calidad y de hacerlo en laderas y sabanas donde muchos cultivos no serían viables. En términos económicos, ahí está nuestra ventaja comparativa más clara: en esas tierras, el costo de oportunidad de producir carne y leche es bajo, porque las alternativas agrícolas rinden menos o simplemente no existen. En el trópico colombiano, con forraje disponible todo el año, esa capacidad puede trabajar sin descanso. Por eso la ganadería no es una actividad más del campo: es la que mejor puede capitalizar lo que la naturaleza nos dio.

Ante el llamado del ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, a revisar la productividad del sector agropecuario, la Asociación Colombiana de Ganadería Regenerativa plantea una ruta para mejorar los indicadores de la actividad: producir más con la misma tierra, reducir costos y recuperar los suelos.

Ahora bien, una ventaja que no se aprovecha es apenas un potencial. La ganadería colombiana todavía muestra, en promedio, una carga de apenas 1.2 animales por hectárea, cuando con buen manejo podría sostener al menos 3.0. En los indicadores que el propio ministro señaló —tres litros por vaca al día y 400 gramos de ganancia diaria— es justamente donde está la oportunidad. Duplicar el hato no puede significar duplicar las hectáreas ni tumbar más bosque; tiene que significar producir más pasto de mejor calidad, gramíneas y leguminosas en la misma tierra. Eso es exactamente lo que hace la ganadería regenerativa.

Mucho ganado que requiere comercializarse en subastas o ser sacrificado en mataderos no ha podido movilizarse por las fallas en Sinigán. //Foto: El Universal (Archivo).
Mucho ganado que requiere comercializarse en subastas o ser sacrificado en mataderos no ha podido movilizarse por las fallas en Sinigán. //Foto: El Universal (Archivo).

Competir con lo propio

La ganadería regenerativa convierte esas ventajas naturales en ventajas competitivas, es decir, en resultados concretos que se ven en la finca y en el bolsillo.

La primera es el costo. Con pastoreo planificado, divisiones de potreros y periodos de descanso adecuados, el pasto se recupera con más fuerza y el productor depende menos de fertilizantes, herbicidas, concentrados y medicamentos. Cada peso que no se gasta en insumos externos es margen que se queda en la finca. Como es natural, la transición requiere una inversión inicial en cercas eléctricas fijas y móviles, agua limpia para el ganado y capacitación, también una curva de aprendizaje basada en la observación y el respeto por los procesos de la naturaleza. Por ello son clave el apoyo financiero, el acompañamiento técnico y los incentivos que hagan viable ese primer paso.

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La segunda es el suelo. Un suelo vivo, cubierto y con materia orgánica retiene más agua, resiste mejor las sequías y los aguaceros y produce más forraje por hectárea. Lo que permite aumentar la capacidad de carga sin tumbar un solo árbol más. Sumado a ello, un pasto que se aprovecha en su punto óptimo de recuperación tiene más energía y proteína, lo cual se traduce directamente en más litros de leche y más gramos de ganancia diaria. En predios de asociados de ACOGANAR que ya hicieron la transición, la capacidad de carga pasó de 0.5 UGG por hectárea año a 3.0 UGG por hectárea año en un periodo de 2 años, mientras el gasto en insumos externos se redujo en un 70%.

La tercera es la resiliencia climática. En un país que pasa de El Niño a La Niña con creciente intensidad, la finca que mejor prevé, se adapta y maneja la variación del clima es la que sobrevive. Los sistemas regenerativos, con sombra, agua protegida y planeación del forraje, sufren menos en las crisis. En lenguaje económico, lo que significa menos variabilidad en los ingresos y menos riesgo, tanto para el productor como para las instituciones que lo apalancan financieramente.

La cuarta es el mercado. Los consumidores, en Colombia y en el mundo, buscan cada vez más alimentos sanos, trazables y producidos con respeto por el ambiente y el bienestar animal. La carne o la leche que puede demostrar cómo se produjo vale más. Pero ese mayor valor no llega solo: exige trazabilidad, verificación independiente, además del cumplimiento de los requisitos sanitarios que abren los mercados más exigentes.

Y la quinta, quizá la más importante, es la calidad de vida. Una ganadería rentable, con menos agrotóxicos y más conocimiento, vuelve a hacer atractivo el campo para las nuevas generaciones. Eso también es competitividad: sin jóvenes, no hay futuro productivo.

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Colombia tiene condiciones naturales privilegiadas para la ganadería, pero mantiene bajos niveles de productividad y una alta dependencia de insumos externos. La ganadería regenerativa plantea un cambio de modelo para aprovechar mejor la tierra, mejorar la rentabilidad y evitar que el crecimiento del hato implique destruir más bosques.

A todo esto se suma algo que la ganadería convencional nunca pudo ofrecer: el ganado bien manejado se convierte en una herramienta de restauración. El pastoreo planificado estimula el rebrote de las plantas, incorpora materia orgánica y devuelve nutrientes al suelo, de modo que el mismo animal que antes se asociaba con la degradación hoy ayuda a sanar la tierra. Pocas actividades productivas pueden decir que mejoran el recurso del que viven.

Cultivar regenerando, la otra mitad de la solución

El ministro anunció que la misma revisión llegará a otros gremios del agro, y la lección es la misma: lo que vale para la ganadería vale también para la agricultura. Cultivar con procesos regenerativos significa dejar de ver el suelo como un soporte inerte que hay que alimentar con insumos de síntesis química y empezar a verlo como un organismo vivo que, bien manejado, alimenta las plantas por sí mismo.

Las prácticas son conocidas y probadas: mantener el suelo cubierto, reducir la labranza, rotar y asociar cultivos, usar abonos verdes, bioinsumos y compost y devolver al campo la diversidad que el monocultivo le quitó. Sus beneficios también: menor dependencia de fertilizantes importados, cuyo precio sube y baja según conflictos que ocurren al otro lado del mundo; mayor retención de agua; menos plagas por el equilibrio natural del sistema; y alimentos con mejor calidad nutricional.

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Aquí la ganadería vuelve a ser protagonista. Los sistemas que integran animales, cultivos y árboles tienen en el ganado su motor: el animal fertiliza, recicla nutrientes y ayuda a controlar las malezas; el cultivo aprovecha esa fertilidad y el árbol da sombra y protege el agua. Una agricultura regenerativa sin animales desaprovecha la mitad de su potencial. Con la ganadería regenerativa como eje, en cambio, aprovecha como ningún otro modelo las ventajas absolutas del trópico.

Modelos de agricultura y ganadería regenerativa defienden que los primeros centímetros de suelo fértil son la principal herramienta natural para capturar carbono, retener agua y recuperar ecosistemas degradados.
Modelos de agricultura y ganadería regenerativa defienden que los primeros centímetros de suelo fértil son la principal herramienta natural para capturar carbono, retener agua y recuperar ecosistemas degradados.

Cómo llegar a los 600 mil predios

El ministro pide, con razón, que los recursos parafiscales que aportan los productores se les devuelvan en productividad y rentabilidad. Pocas inversiones cumplen mejor esa condición que la transferencia de conocimiento en manejo regenerativo, porque su retorno se mide en la propia finca: más forraje, más carga animal, menos insumos externos y mejores ingresos. Si una parte de esos recursos se orientara a financiar la transición, cada peso recaudado volvería al productor convertido en capacidad productiva.

Llegar a 600 mil predios requiere más que buenos materiales de apoyo. Los videos y las cartillas ayudan, mas el cambio real ocurre en el campo, con técnicos que acompañan, con fincas demostrativas y con productores que les enseñan a otros productores. Esta es la experiencia que ACOGANAR ha construido: un departamento técnico especializado, escuelas de pastoreo, giras, seminarios y un Aval de Confianza que verifica que el productor efectivamente aplica el modelo. El país ya tiene el marco para hacerlo: la Política de Ganadería Bovina Sostenible 2022-2050 y los compromisos climáticos de Colombia necesitan un modelo técnico que los aterrice en las fincas. La ganadería regenerativa es ese modelo.

El campo colombiano no necesita más tierra para producir más, sino aprender a aprovechar mejor la que ya tiene. La ganadería regenerativa propone aumentar la productividad, reducir los costos y recuperar los suelos a partir de las ventajas naturales del país.

Por ello nuestra respuesta al ministro es una oferta: la Asociación Colombiana de Ganadería Regenerativa pone a disposición del Ministerio de Agricultura su conocimiento, su experiencia con éxito comprobado, su red de productores y su equipo técnico para diseñar y ejecutar, junto con el Gobierno y los gremios, un programa nacional de transición hacia la ganadería regenerativa. Un programa con metas medibles en litros, en gramos y en hectáreas restauradas, y orientado a lo que finalmente sostiene a cualquier finca: la rentabilidad por hectárea mayor y duradera.

De ventaja natural a ventaja competitiva

Las ventajas absolutas y comparativas son un regalo de la geografía, pero no garantizan nada por sí solas. Un país puede tenerlo todo y desperdiciarlo si insiste en producir contra su propia naturaleza. La ventaja competitiva, en cambio, se construye con conocimiento, con decisión y con trabajo asociativo.

La regeneración es el camino más sensato, porque es la que mejor convierte lo que Colombia ya tiene en lo que Colombia necesita: fincas rentables, suelos fértiles, agua protegida, alimentos sanos y un campo en el que las nuevas generaciones quieran quedarse. Y si hay un sector llamado a liderar esta transformación, es la ganadería, por la tierra que ocupa, por el número de familias que sostiene y porque, bien manejada, es la actividad con mayor capacidad de restaurar los suelos del país.

Además, hay un argumento que ningún economista puede ignorar: el productor regenerativo genera beneficios que el mercado no le paga, como agua regulada, suelos que capturan carbono y biodiversidad protegida. Son externalidades positivas que hoy disfruta toda la sociedad sin costo. Reconocerlas mediante pagos por servicios ambientales, crédito diferenciado e incentivos tributarios no es un regalo al sector: es corregir una falla de mercado.

La Asociación Colombiana de Ganadería Regenerativa propone al Ministerio de Agricultura trabajar en un programa nacional que lleve este modelo a los pequeños productores. La iniciativa busca elevar la productividad, reducir los costos de producción y restaurar los suelos mediante metas verificables y acompañamiento técnico.

Desde la Asociación Colombiana de Ganadería Regenerativa (ACOGANAR) seguiremos acompañando a los productores que quieren dar este paso, a través de giras, seminarios, escuelas de pastoreo y transferencia de conocimiento de finca a finca. Pero esta transición no es solo tarea de los productores. Los consumidores pueden elegir alimentos producidos de forma regenerativa. Las instituciones pueden diseñar incentivos que premien a quien cuida el suelo y el agua. Y todos podemos entender que regenerar el campo es, al final, regenerar el país.

La naturaleza ya hizo su parte. Señor ministro, en ACOGANAR estamos listos para hacer la nuestra.

Publicado por: Jael Monroy Soto

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