lunes 15 de julio de 2019 - 10:00 AM

Así es el proceso de transformación de una ‘drag queen’ en Bucaramanga

Vanguardia acompañó a la ‘drag queen’ más importante y con más experiencia de Bucaramanga y una de las primeras en destacarse en este arte en Colombia durante su transformación. Mucho maquillaje, brillo, espuma y color hacen que las miradas solo puedan dirigirse a ella una vez sale a la calle.

El show es después de medianoche, pero la faena empieza tres horas antes. Justo desde que sale de su apartamento, en un conjunto residencial de Piedecuesta, con varias bolsas y maleta al hombro.

Podría arreglarse en su casa, pero prefiere no hacerlo. Donde vive es muy familiar, con muchos niños y ancianos, y prefiere evitarse todo ese drama. El de salir en tacones, maquillaje excesivo, vestido brillante, peluca y unas curvas que por más que se las busquen en su cuerpo de hombre nunca van a encontrar, pero que cuando se convierte en ‘Xtravaganza’ aparecen como por arte de magia.

Cuando llega a Deja Vú, la discoteca gay más popular de Bucaramanga, son las nueve y cuarto de la noche. Es jueves y el lugar está cerrado para todos menos para él, más tarde ella. El encargado del lugar le abre, lo saluda y pone música como para ponerle ambiente al asunto.

Después de dejar todo en el suelo, busca una cosmetiquera grande y la ubica sobre el mesón del baño donde están los lavamanos, justo debajo del espejo. Y manos a la obra. En poco más de dos horas dejará de ser ‘Charly’ para convertirse en ‘Xtravaganza’, la ‘drag queen’ más ‘dura’ de la ciudad y una de las primeras en Colombia.

Así es el proceso de transformación de una ‘drag queen’ en Bucaramanga

La magia del maquillaje

‘Charly’ tiene 28 años, es técnico en Administración de Empresas, está estudiando Mercadeo y Publicidad y trabaja como empleado público.

Ese joven que tiene un empleo con horario de oficina de lunes a viernes es el mismo que se está aplicando varias capas de pegamento en barra en las cejas para fijarlas y luego esconderlas con maquillaje. Un abanico grande, de los colores de la bandera Lgbti+, hace las veces de secador. Una capa, se abanica, otra capa, se abanica, y así unas cuantas veces.

“Es pegante de niño, de colegio, el de esta marca es bueno, pega bien y no irrita, es de los que se compran para niños que hasta se lo comen”, explica.

Mientras se seca por completo, recuerda que desde pequeño sintió atracción por las personas de su mismo sexo, pero no fue sino hasta los 16 años, después de unas cuantas novias, que aceptó que era homosexual.

A los 18 ya le había contado a su mamá y a los 20 ya se pavoneaba de vez en cuando en una que otra rumba luciendo como ‘drag’ en trajes confeccionados por ella.

Con un delineador en gel café y la rapidez y el pulso de un maquillador profesional, se pinta unas cejas perfectas encima de las que aplacó con el pegante y cubrió previamente con suficiente base, formando un contorno entre las nuevas y las viejas. Luego, con varias capas de maquillaje artístico blanco, como el que usan los payasos, rellena desde donde inician los párpados hasta donde llegan sus cejas ficticias. Y de nuevo el abanico.

“¿Qué por qué ser ‘drag queen’? Bueno, yo primero fui bailarín, estuve en varias academias de acá y bailaba en una discoteca con un grupo andrógino. Hacíamos un show en tacones, pero no vestidos de mujer. En Colombia ya estaba empezando a verse la cultura transformista en algunos lugares, pero en Bucaramanga no era nada popular. Un día en la discoteca me hicieron una propuesta de hacer un show ‘drag’ para Halloween y yo dije que sí. Me quedó gustando, me siguieron llamando y ahí empezó todo”, recuerda mientras se da aire en el rostro para que se seque el baño de maquillaje blanco.

Con pequeños golpecitos, usando un pincel, se unta los párpados de morado, fucsia, azul oscuro y blanco brillante. Las pinceladas dan como resultado que los ojos chicos y achinados de ‘Charly’ se expandan y se perfeccionen cual ilusión óptica y que los rasgos masculinos se desvanezcan.

“Para ser ‘drag’ no tienes que cambiar tu género. Ni siquiera tienes que ser gay. Puedes serlo si eres heterosexual, transgénero, bisexual, lo que sea. Esto es una expresión artística, no discrimina. Yo conozco heterosexuales que tienen familia e hijos y hacen ‘drag’. No pasa tanto aquí en Latinoamérica, pero en Europa y Estados Unidos sí, y es válido. Yo no quiero ser mujer, no me interesa cambiar mi sexo”, explica a la vez que se pone varias capas de base en el rostro y se perfila la nariz y los pómulos con un color más fuerte que después difumina.

El efecto es una nariz más respingada y unos pómulos sobresalientes, sin necesidad de bisturí.

“La magia del maquillaje, baby”.

Remata con un labial mate morado que realza, “gracias a Dios”, sus voluminosos labios naturales.

Así es el proceso de transformación de una ‘drag queen’ en Bucaramanga

Reina de la noche

En un principio, el ‘drag’ se definía como la personificación extravagante de un género distinto al propio; sin embargo, con los años mutó y ahora hasta las mujeres pueden exagerar sus propios rasgos y convertirse en ‘drag queens’ o en ‘drag kings’ (personificación exagerada de hombres).

El origen de la palabra e remonta a la época isabelina en Inglaterra (entre los años 1550 y 1600). Con ese nombre se denominaba a los hombres que actuaban como mujeres en los teatros, pues para ellas estaba prohibido hacerlo. Se les llamaba así porque ‘drag’ traduce “dressed as a girl” (vestirse como mujer).

Luego, en 1930, el término se ligó a las personas Lgtbi+ en Estados Unidos y se convirtió en símbolo de resistencia. Para finales de los 70, y hasta ahora, el tema empezó a volverse nuevamente más artístico y surgió la cultura del “ball room” o del salón, en la que las ‘drag queens’ competían por medio del baile y la pasarela por distintos trofeos sin necesidad de pertenecer a la comunidad Lgtbi+.

Tanto ‘Charly’ como cualquiera que haga ‘drag’ se sabe esa historia. Tiene que sabérsela. Más si piensan competir o han competido, como él. Siendo ‘Xtravaganza’ ha ganado varios concursos, entre ellos el Miss Universo ‘Drag Star’ en 2016, la competencia ‘drag’ más relevante en el país que se realiza en Theatron, el club gay más importante de Colombia, que en más de diez mil metros cuadrados recibe cada fin de semana en Bogotá a miles de personas provenientes de todo el mundo.

“Se me quedó el pegante de pestañas, juemadre. Toca con el pegante de la peluca porque una drag sin pestañas, jamás”, dice con algo de estrés en la voz.

Las pestañas postizas las arregla y arma él mismo porque las que venden por ahí no son tan tupidas como le gustan.

Ponérselas con el pegante para pelucas es todo un lío. Más por su nivel de perfeccionismo que por el ardor que le produce. Al final, no muy contento con el resultado, que en realidad es casi perfecto, mira la hora y dice que ya tiene que terminar.

Son casi las 11 y le falta el cuerpo, el vestido y la peluca.

De una de las maletas saca el traje, un body hecho de malla rosada y telas neón que le confeccionó su mamá hace un tiempo, y una bolsa con espumas y medias veladas.

Inicia entonces la segunda parte del trabajo artístico. Tras ponerse las primeras medias veladas, se pone en la tarea de darle forma a las caderas y la cola con láminas de espuma hechas a su medida.

Cuando la espuma quedó en su lugar, empieza una labor tan cuidadosa como habilidosa: enfundarse en varias medias veladas hasta que la espuma deje de notarse y parezca que son curvas regaladas por Dios.

Se mira al espejo y le da el visto bueno a su figura de reloj de arena. Se pone unas últimas medias, de malla, y luego le da vida al vestido.

Para los senos también utiliza espuma. Dos bolas de ese material debidamente arregladas en unas medias veladas y perfectamente sujetadas a cuello y espalda. Un truco que solo los ‘drag’ hacen ver fácil.

Solo faltan la peluca y los zapatos para que ‘Xtravaganza’ se adueñe por completo y por las siguientes horas de la vida y cuerpo de ‘Charly’, quien poco a poco y a medida que se va transformando empieza a tomar actitudes, voz y movimientos de diva.

Es como si lo hiciera inconscientemente, es como si después de ponerse la peluca y peinarse la larga cabellera postiza, algo hiciera clic en su interior y se convirtiera en otra persona, incluso antes del show.

A la medianoche llega a Barrabás, la discoteca que la contrató, montada en unos tacones de más de 8 centímetros que los diseñadores de calzado para reinas locales le regalaron.

Ella es el espectáculo central, así como lo ha sido en Deja Vú, Theatron y varias discotecas alrededor del país.

Aún no ha puesto un pie adentro del lugar y ya por lo menos cinco personas le han pedido una foto. Ella posa, mira por encima del hombro, camina contoneándose. Se cree el cuento y es imposible no mirarla.

Cuando se sube a la tarima la gente aplaude, chifla, grita y mira boquiabierta. Su ‘performance’ de baile, actuación, fonomímica y pasarela, montada en semejantes plataformas, es todo un espectáculo.

“Les voy a decir algo, lo auténtico es auténtico y lo autentico es inconfundible. Porque yo soy la única, auténtica, original, sin copia, porque no soy cualquier loca, soy la diva ‘Xtravaganza’”, dice y en 3...2...1... suena la música y empieza el show.

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