viernes 12 de julio de 2019 - 9:50 AM

Así se siente saltar 70 metros al vacío en 3,5 segundos en Santander

En 2004, San Gil fue reconocida como la ‘Capital Turística de Santander’. Desde entonces, los deportes extremos se han convertido en su principal atractivo para visitantes nacionales y extranjeros. Pisar sus tierras es atreverse a dejar de lado el miedo y poner a prueba la valentía. Así es saltar al vacío desde una torre de 70 metros.

¡Cuerdas listas, arnés ajustado, cámaras preparadas y a volar! ¡Qué empiece la aventura!

La plataforma está en ascenso y el vértigo aumenta a medida que el suelo se ve más lejano y las personas, casi como si fuese un programa de caricaturas, tan difusas como pequeñas hormigas.

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El viento sopla con la fuerza suficiente para hacer que los vellos se ericen, a la vez que las piernas intentan mantenerse estables antes de dar el gran paso hacia una sensación que difícilmente tendría punto de comparación.

El recorrido no tarda más de un par de minutos, los suficientes para disfrutar de los atardeceres que se pintan en la ‘Capital Turística de Santander’.

Así se siente saltar 70 metros al vacío en 3,5 segundos en Santander

San Gil, vista a 70 metros del suelo, es mágica.

La canasta frena y el azul profundo del cielo se mezcla con los intensos colores de las edificaciones. Por un momento el paisaje calma los nervios.

A la derecha los árboles se levantan dando paso a una gran zona boscosa, mientras que a la izquierda los turistas esperan para ver el espectáculo. Los gritos y entusiasmo no se hacen esperar.

No todos los que suben se atreven a saltar. El miedo se apodera de algunos y la canasta se convierte entonces en un lugar seguro para regresar a tierra.

Abajo, justo en el destino final, pasan las frías y agitadas aguas del río Fonce que ofrece un refrescante ‘chapuzón’ para acompañar la acrobacia cuando su caudal está alto. Pero esta vez no es así.

La instrucción fue dada y es clara: “No separar los pies, mirar hacia adelante, estirar los brazos, saltar en ‘picada’ y lo más importante, sentirse libre”.

Así se siente saltar 70 metros al vacío en 3,5 segundos en Santander

Decir “no puedo” está prohibido.

Hacerlo parece sencillo, pero al llegar al borde de la plataforma todo cambia. Hay que dar unos cuantos pasos. La mitad de las plantas de los pies quedan suspendidas en el aire y la presión de la cuerda se siente casi como si alguien halara de ella, pero no es más que la fuerza de gravedad.

Controlar la posición del cuerpo se vuelve una cuestión de necesidad y aunque recomiendan no bajar la mirada, es imposible no dejarse tentar por la curiosidad de ver lo que se avecina.

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El cuerpo empieza a temblar, el guía sostiene el arnés desde atrás y unas cuantas frases de aliento indican que llegó el momento. Es hora de ser valientes.

Así se siente saltar 70 metros al vacío en 3,5 segundos en Santander

Cuatro palabras dan la orden de saltar. No hay marcha atrás.

3...2...1... ¡Bungee!

El calor se siente en todo el cuerpo, la frecuencia cardíaca aumenta, la respiración se agita y la adrenalina hace que el miedo desaparezca.

En 3,5 segundos de caída libre la vida hace un ‘zoom’ en seco, al tiempo que un lazo de 70 metros sujeta los pies y desacelera el salto que pone a prueba el coraje de los que se atreven a aventarse.

Los rebotes son inmediatos: uno, dos, tres, cuatro, cinco y el mundo comienza a girar.

Así se siente saltar 70 metros al vacío en 3,5 segundos en Santander

El calor se hace más intenso, las venas aumentan de tamaño y esa imagen del río que antes se veía tan lejana, ahora está a tan solo unos centímetros de distancia. Se sienten las gotas en el rostro. Se ven algunas canoas bajar.

Son 74 segundos más en el aire mientras el equipo de Colombia Bungee Jumping hace el rescate. En el país nadie tiene más experiencia que ellos en este tipo de deportes que van más allá de lo extremo.

El paisaje ahora pasa en cámara rápida y es difícil distinguir una cosa de la otra. Árboles, personas, canoas, agua, de nuevo árboles, personas, canoas, agua...

Hay que sujetar una cuerda, cesar los gritos y recuperar el ritmo de la respiración. Una colchoneta ubicada a la orilla del río indica el final de la aventura.

“Así se siente al volar”.

Ahora solo queda una última cosa por hacer: reclamar el diploma que certifica la valentía de haber saltado de la torre de Bungee más importante de Colombia mientras el último rayo de sol del día se esconde tras los coloridos edificios que minutos antes deleitaban la vista a 70 metros del suelo.

Así se siente saltar 70 metros al vacío en 3,5 segundos en Santander

Agua, aire y tierra: San Gil al extremo

La oferta es amplia y en la ‘Capital Turística de Santander’ hay para todos los gustos.

Recorrer el imponente río Fonce es también una de las actividades que pone a prueba la gallardía de quienes se atreven a desafiar su cauce.

En una hora y 45 minutos de recorrido, aguas abajo, la adrenalina sube a niveles extremos, los salvavidas se convierten en el mejor protector y ‘los rápidos’, como son conocidos los remolinos que se forman por la presencia de rocas en el río, aceleran el pulso hasta del más valiente de los turistas.

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Al final, llegar empapado a la meta es sinónimo de haber superado el reto y vencido el miedo. Pero ahí no termina la aventura. Los paisajes de San Gil dan para mucho más.

El verde de sus montañas, la belleza de sus cuevas, la frescura de sus cascadas, la delicia de su gastronomía y la cultura de sus 329 años lo convierten en un destino de obligatoria visita.

Así se siente saltar 70 metros al vacío en 3,5 segundos en Santander

Sin embargo, es el calor de su gente y la pujanza lo que lo hace más acogedor.

Recorrer sus calles, visitar el tradicional Parque Gallineral, disfrutar de la vista en cable vuelo, conocer su historia, descender por sus montañas, bañarse en sus aguas, admirar su amplia variedad de fauna y flora y dejarse sorprender, son solo algunas de las razones que hacen de San Gil un destino para conocer al extremo.

San Gil es entonces el lugar donde los hombres pueden tocar el cielo y vencer los imposibles.

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