miércoles 05 de junio de 2019 - 12:00 AM

Así se vive una cirugía de implante de corazón artificial en la FCV de Santander

Gracias a la técnica de implantar una bomba mecánica en el corazón, que permite estabilizar la circulación de la sangre, las personas que no podían recibir un trasplante por su edad, peso, condición física, o por la falta de donantes de órgano, ahora pueden disfrutar de una vida normal y productiva.

A pesar de las angustias que ha padecido durante los últimos seis años, nadie ha logrado robarle las ganas de vivir a Lorena Judith Ríos Ricaurte.

Ni siquiera la falla cardíaca que averió su corazón luego de una preeclampsia, y que la llevó a una cesárea cuando su bebé apenas tenía siete meses de gestación. Esta barranquillera ha pasado por extenuantes controles médicos que no doblegan su fe, y que en cambio la motivan a seguir batallando día a día por sus tres hijos; por quienes decidió pasar más de ocho horas en cirugía para poder vivir con un corazón artificial.

Ayer, 4 de junio, la Fundación Cardiovascular, FCV, sumó una paciente más a su gran ‘familia de corazón’.

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Desde las 7:00 a. m. empezaron los controles para Lorena, y por supuesto, el primero en visitarla en su cuarto fue el doctor Leonardo Salazar, el director del programa de oxigenación de membrana extracorpórea, ECMO, y Corazón Artificial de la FCV, el mismo que desde que operó a su primer paciente ha estado 24 horas al día disponible para ellos.

Un quirófano listo y un corazón artificial nuevo, esperaban en el cuarto piso de la FCV por la mujer de 43 años que, hasta ayer, no podía subir un escalón sin fatigarse. Ahora, todo estaba en manos de los cirujanos que cambiarían sus latidos por revoluciones.

“Lo único que pienso es que debo tener la mejor actitud para que todo salga bien, ya no quiero mi vida en un hospital”, comentaba Lorena antes de verse interrumpida por el recuerdo de sus hijos, porque justo en el momento en que le estaban explicando el arduo procedimiento al que sería sometida, recordó con exactitud que sus dos primeros hijos habían medido 50 centímetros y el tercero, 45.

Aunque no tenía muchas ganas de hablar, las ocurrencias de sus ‘pequeños’, como ella los llama, lograban sacarle una sonrisa detrás de los nervios. El mayor de ellos, por ejemplo, aseguró que ahora ella será la esposa deIronman’.

“Siempre he estado hospitalizada, al año, al menos cuatro veces, pero los medicamentos ya no estaban funcionando y no veíamos una oportunidad de vida. Me hicieron prueba de sensibilidad y no salí apta para un trasplante de corazón”, dijo.

Para esta contadora pública de profesión las oportunidades no abundaban, pero estaba a pocos minutos de tener la vida que su falla cardíaca le había arrebatado.

Así se vive una cirugía de implante de corazón artificial en la FCV de Santander

Para un paciente con estas condiciones la vida pasa tan rápido como el tiempo en el quirófano. Cada detalle, cada segundo y cada movimiento es vital y contundente.

Cerca de tres horas después Lorena ya estaba sobre la camilla, lista para que el doctor Antonio Figueredo, director científico de la FCV y jefe del Departamento de Cirugía Cardiovascular, la operara.

Su corazón estuvo todo el tiempo en manos del cirujano cardiovascular. Luego de haber abierto el camino para implantar el anillo de la bomba (corazón artificial) indicó a Neida Martínez, la perfusionista, que podía vaciar el corazón de Lorena para trabajar sobre él. Martínez era la encargada de desviar la sangre para que no pasara por el corazón y los pulmones, pero manteniendo el flujo a los tejidos del cuerpo.

Aproximadamente tres horas de cortes precisos, un equipo a disposición por si algo salía mal, suministros de sangre, plasma y plaquetas para asegurar la perfección del procedimiento. “Hay una cánula (tubo corto) de entrada que se pone dentro del corazón, con una textura especial para evitar que se formen trombos en la circulación. Dentro del motor hay unos imanes que lo hacen girar a unas 5.400 revoluciones por minuto, y esta bomba tiene un microprocesador que le permite funcionar”, explicó el doctor Salazar a quienes no conocían el aparato que hasta la fecha les ha permitido salvar 21 vidas.

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Luego de que el doctor Figueredo implantara la bomba sin titubear, procedieron a suturar el tubo más grande del corazón artificial a la aorta, la arteria principal de donde saldrá la sangre a todo el cuerpo. “Con un cable adicional se lleva la energía e información a un controlador que le permite al paciente conectarse a la electricidad o portar unas baterías con las que puede estar fuera de casa, por casi 16 horas”, señaló.

Luego de despertar de la anestesia, Lorena no deberá preocuparse por las pequeñas y maravillosas cosas que le habría robado aquella preeclampsia hace 6 años. Ahora, su única preocupación será aprender a manejar su nuevo corazón, que estará dentro de su corazón nativo.

“Ahora ella tiene todo el derecho de hacer lo que quiera. Va a tener una nueva vida y está obligada a disfrutarla. Además, ahora será famosa por ser una de las pacientes que pasa por las manos de estos doctores, los que han marcado un hito para la ciencia”, comentó la madre de Lorena, Nury Sarmiento, quien permanecía paciente en la sala de espera a que el teléfono sonara avisando que la cirugía había sido todo un éxito.

Así conmemora los cinco años del primer implante del ‘Heartmate’ la Fundación Cardiovascular, desafiando una vez más las cardiopatías. Enseñándole a sus pacientes que son ellos, y su relación auténtica con valor terapéutico, quienes los han convertido en el único centro hospitalario, en Colombia, capaz de implantar corazones artificiales como terapia definitiva para tratar la falla cardíaca.

Con el corazón en la maleta
Así tendrá que vivir ahora Lorena Ríos, con el corazón en la maleta. Así como Lucía, Francisco, Tomás, Lina, María Isabel, Jorge, Diego, Gladys, Luz Emilia, Cielo, Yasiris, Sandra, Octavio, Andrés, Mariana y Makzym.
Estos pacientes renunciaron a la posibilidad de tener un día soleado en la playa, pero ganaron mil y una razones para seguir vivos. Además, la posibilidad de reírse nuevamente a carcajadas sin sentirse fatigados. Ganaron una vida plena y sana lejos de las incesantes y agotadoras visitas al médico.
Sin más, ellos han decidido arriesgar el todo por el todo. Sacrificaron unos pálpitos estropeados por cerca de 5.400 u 8.000 revoluciones por minuto, y una única posibilidad: esperar a que su cuerpo se sienta bien con un ‘corazón de hojalata’.
En Colombia, una de cada seis personas, sufre alguna cardiopatía.
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