El dato de inflación de abril de 2026 deja una señal técnica preocupante: la presión sobre los alimentos sigue siendo alta y el panorama hacia adelante luce difícil. La inflación anual llegó a 5,68% y la variación mensual fue de 0,78%, pero en el caso de alimentos y bebidas creció 1,51% en el mes, casi el doble del promedio nacional. En el acumulado del año, alimentos ya registra un incremento cercano al 5,87%, por encima de la inflación total y apenas van 4 meses.
La inflación de los precios de los alimentos muestra que no se trata de un fenómeno concentrado en un solo producto. Las mayores variaciones se observan en alimentos como yuca, tomate de árbol, papa y frutas frescas, todos altamente sensibles a ciclos de cosecha, y a los costos de producción.
En abril, varios alimentos registraron incrementos superiores, lo que sugiere que el problema de alimentos responde a una combinación de factores de oferta, clima, logística y costos, más que a una explicación única.
El panorama hacia adelante puede ser más complejo. La inflación de alimentos todavía no incorpora plenamente los posibles efectos de un aumento en los precios internacionales de fertilizantes e insumos agrícolas. Colombia depende en buena medida de materias primas importadas para la producción de fertilizantes, como urea, amoníaco, fosfatos, potasio y azufre. Si las tensiones geopolíticas en Irán y el Golfo Pérsico encarecen estos insumos o afectan la logística internacional, los costos de producción agrícola podrían aumentar en los próximos meses. El traslado de esos mayores costos no es inmediato, pero sí probable.
A esto se suma el riesgo climático. Si se consolida un Super Niño, la oferta agrícola podría verse afectada por menor disponibilidad de agua, estrés hídrico, caída de rendimientos, mayores pérdidas en cultivos y deterioro de pasturas. En un país con baja cobertura de riego, alta dependencia de lluvias y limitaciones logísticas, el impacto sobre alimentos podría ser significativo.
El problema es que estos choques ocurrirían en un momento en el que la inflación ya está por encima de la meta del Banco de la República. Si los alimentos continúan presionando el IPC, la convergencia hacia el 3% se extenderá por más de dos años. En ese escenario, el Banco podría verse obligado a mantener tasas, pues las expectativas de inflación se deterioran.
El dato de abril anticipa un escenario de mayor incertidumbre: insumos más caros, riesgo climático y una política monetaria que podría endurecerse si los precios no ceden. El reto técnico es preparar medidas de oferta, productividad, riego, logística e información de mercados antes de que esos choques terminen reflejándose plenamente en la canasta familiar.












