45 días de aislamiento, la reacción oportuna del personal médico, tres pruebas de detección y una fe inquebrantable fueron las claves para que un joven de Bucaramanga le ganara la batalla al COVID-19.

Publicado por: Milton Velosa Araque
A *Daniel, un muchacho de 25 años de Bucaramanga, un viaje a México junto con su pareja le cambió el rumbo de la vida. El 31 de marzo de este año se convirtió en el caso positivo número 10 de coronavirus reportado en Santander.
Los primeros síntomas
Hacia la 1:00 a.m. del pasado 20 de marzo, fecha en la que arrancó el primer toque de queda ordenado por la Gobernación de Santander, *Daniel y su novia aterrizaron en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, tuvieron que esperar cerca de cuatro horas allí hasta que tomaron el primer vuelo de regreso a Bucaramanga.
Al llegar a la ‘Ciudad Bonita’ decidieron no alojarse en sus casas paternas sino aislarse en un apartamento. Sabían que el COVID-19 estaba en plena expansión y que habían estado fuera del país, por lo que tal vez el virus los había rondado.
Pasaron casi 72 horas hasta que el 23 de marzo, el joven comenzó a sentirse mal. Tuvo fiebre toda la noche, el malestar general lo derribó y el dolor de cabeza no lo calmaban las repetidas dosis de Acetaminofén que ingirió.
Cuando las dolencias lo aquejaron pensó que era gripa pero cuando las altas temperaturas en el cuerpo no paraban sospechó que tal vez se había contagiado.
El diagnóstico oportuno
A las 6:00 a.m. del 24 de marzo y tras haber hecho una búsqueda en Internet encontró los teléfonos de Santander Previene, las líneas dispuestas por la Secretaría de Salud de Santander para orientar a quienes registran síntomas similares o propios del coronavirus. A la fecha, este servicio ha atendido a más de 15 mil personas en Santander.

*Daniel narró que al comunicarse con una de las líneas “me contestó una mujer e hizo una serie de interrogantes. Me preguntó si había estado fuera del país, si había tenido fiebre, malestar y dolor de cabeza”. Con las respuestas positivas, el viajero reforzó sus sospechas de contagio.
La mujer al otro lado de la línea le preguntó que EPS lo atendía y el joven dijo que “fue una de las decisiones más acertadas haberme comunicado con la Secretaría de Salud porque no pasaron más de 15 minutos de haber colgado la llamada cuando un médico de la EPS se comunicó conmigo. Me hizo más preguntas y anunció que se me practicaría la prueba”.
El 26 de marzo, tres días después de su primera llamada, personal médico tocó a su puerta. En el procedimiento le introdujeron un hisopo por la nariz hasta llegar a su garganta, lo guardaron en una bolsa plástica y la muestra se llevó a análisis.
La notificación con el ‘positivo’ llegó el 31 de marzo y ya con el resultado *Daniel siguió luchando contra el virus, que ahora tenía nombre propio.
La ‘batalla’ contra el virus
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El joven confesó que los primeros ocho días luego de registrar los síntomas fueron los más difíciles puesto que “el dolor de cabeza era constante. Me sentí agotado, de mal genio, la fiebre era incontrolable. Es insoportable tener algo a lo que el cuerpo no está acostumbrado”.
A las dolencias se sumó la pérdida de los sentidos del gusto y el olfato. *Daniel recuerda que “comía por comer. Uno se siente lleno pero no disfruta los alimentos. Me la pasaba tomando cada tres horas agua de panela caliente con limón y calmantes para el dolor y la fiebre”.
Consciente de que era portador, aumentó las medidas de protección. Junto con su pareja pedían comida y útiles de aseo y limpieza de manera virtual. Pagaban a través de las plataformas digitales y solicitaban que todo fuera dejado fuera de la puerta de su lugar de aislamiento.
Las redes sociales y llamadas de voz fueron el vehículo para estrechar el vínculo con sus familias. Cada día hablaba con sus padres a través de video llamadas, les escribía y les pedía serenidad y unión mientras el proceso de recuperación avanzaba.
A inicios de abril se le practicó una segunda prueba. Ya sin síntomas, *Daniel expresó que comprendió que había ganado su primer batalla. Sin embargo, el resultado positivo le confirmó que aún era prematuro cantar victoria.
La ‘clave’ para vencer al COVID-19
Este joven trabajador de 25 años destaca que “Dios fue vital para ganar esta guerra. Él es quien decide el tiempo, el modo y el lugar para que las cosas sucedan. No soy una persona de iglesias pero si una persona de Dios”.
Varios de sus amigos, al saber de su contagio tomaron distancia. Sin embargo, este batallador afirmó que “no lo siento como un rechazo sino como una precaución. Todos tenemos familia y es natural protegerlos”.
Además, *Daniel cataloga como un milagro que su pareja, que lo acompañó en los 45 días de lucha, haya dado negativo en la prueba que se le practicó. “Me siento bendecido de haber contado con su ayuda y me ayudara siempre a mantener la calma”, exclamó.
El 20 de abril, cuando la tercera prueba le fue practicada, supo que ganó la guerra y que ya no había rastros del virus en su cuerpo. Sin embargo, tomó la decisión de mantenerse aislado 15 días más y poder retornar a ver a su familia.
Los primeros días de mayo, cerca de dos meses después de haber arribado de México, retomó su trabajo, esta vez de manera virtual, salió victorioso de su casa, recorrió algunas calles de Bucaramanga, visitó a sus padres y agradeció a su novia, a las líneas de la Gobernación de Santander, al personal médico y a Dios por estar vivo “y darme la fortaleza mental y espiritual para retomar el camino”.
*Nombre cambiado a petición del entrevistado.

















