sábado 20 de julio de 2019 - 12:00 AM

Así vimos los bumangueses el histórico alunizaje

El gran deber que tenemos con la historia es el de escribirla para las futuras generaciones. Fiel a esa consigna, Vanguardia escudriñó el baúl de los recuerdos, recopiló fotos y reconstruyó algunos detalles de aquel 20 de julio de 1969 en Bucaramanga, cuando el hombre conquistó la Luna.

A muchos les tocó ver el acontecimiento en el televisor de los vecinos pues, en ese entonces tener T.V. era un lujo que no muchos podían darse.

Los bumangueses de esa época del 20 de julio de 1969 recuerdan que al caer tarde y llegar la noche había una gran Luna llena de tono amarillo que, entre otras cosas, parecía como un enorme queso que estaba a punto de ser devorado por los hombres que iban en el mítico Apolo XI.

Ellos, vestidos de astronautas, estaban ‘a punto de dar ese pequeño paso para ellos, pero que al final sería un gran salto para la humanidad’.

Cientos de bumangueses, muchos de ellos agolpados en las ventanas de los vecinos que sí tenían ‘tele’, vieron a Neil Armstrong en directo, vía satélite, convertirse en el primer ser humano en pisar la Luna.

Olinto Cárdenas, quien solo tenía 12 años, recuerda que en su casa no había televisor y que, de manera ingenua, salió a la terraza con unos binoculares prestados para intentar ver algo desde su morada: “Muchos se burlaron de mí”, sonríe.

Claro está que a los que estaban con la imagen del televisor en otras casas del barrio San Francisco tampoco les fue muy bien que digamos, pues la señal en esa parte de la ciudad no se apreció tan nítida como muchos bumangueses esperaban.

Lo que medio se divisaba eran dos extraños sujetos, caminando como en cámara lenta, con una especie de escafandra presurizada que, según decían los locutores, incluía dispositivos de control que enviaban la información a la NASA.

La misión que se había enviado al espacio el 16 de julio de 1969, llegó a la superficie de la Luna el 20 de julio y logró que los astronautas (Armstrong y Aldrin) caminaran sobre la superficie lunar.

Ver a los ‘hombres del espacio’ recogiendo las primeras piedras en imágenes interrumpidas encendió los aplausos de muchos vecinos de Bucaramanga.

Algunos de ellos, reunidos frente a la ventana de Don Pedro Salazar, quien residía en el barrio Modelo, ‘echaron pólvora’. Él era el único de la cuadra que para esa época tenía televisor. Aunque, hay que decirlo, el suyo era un vetusto monitor de tubos.

Cuentan que a los hijos de él les tocó treparse el tejado de su casa para cuadrar, una y otra vez, la antena, pues el barrio Modelo, incrustado en la zona nororiental de la meseta, no permitía ver claramente la señal.

Así las cosas la llegada del hombre a la Luna, al menos para los que estaban en esa manzana, pasó por malos ratos tras la pérdida parcial de la imagen.

En otros sectores de Bucaramanga, donde vivían ciudadanos más pudientes, se había dado una explosión de compras de televisores modernos, promocionados para avistar la llegada a la superficie lunar.

Este diario, que en ese entonces se llamaba Vanguardia Liberal, publicó en sus avisos publicitarios marcas como Phillips, Sharp y Singer, entre otras, con televisores de 23 pulgadas. La TV se vendía con facilidad de pago y distribuido en cosas mensuales.

Antonio José Díaz, reconocido historiador y quien en 1969 apenas tenía 16 años y estudiaba sexto bachillerato en el Colegio San Pedro Claver, recordó la frase que promocionaba la transmisión televisiva del hecho, la cual rezaba así: “Siga nuestra señal y tendrá sus ojos en la Luna al mismo tiempo que los ojos de los astronautas”.

Él asegura que la llegada del hombre a la Luna se tradujo en encuentros familiares en la ciudad: “Yo vi el magno acontecimiento en la casa de mi hermana, Alicia, que tenía su hogar en un predio situado detrás de la que hoy es la Clínica Bucaramanga. Recuerdo que el único supermercado de la época por esa zona era el de La Macarena”.

En ese entonces, el terreno en donde está el Centro Comercial Cabecera se veía como un gigante un lote.

Del alunizaje señala que amigos cercanos a Álvaro Valencia Tovar, reconocido comandante del Ejército, se dieron cita en su vivienda de la carrera 33 con calle 49.

Vale recordar que Valencia Tovar, siendo coronel y comandante de la Quinta Brigada de Bucaramanga, lideró la operación en la que fue dado de baja el jefe de la guerrilla del Eln, el sacerdote Camilo Torres Restrepo.

El ‘comando’, como los vecinos le decían a la casa de Tovar Valencia, contó con docenas de espectadores del famoso ‘Programa de la Luna’ y al mismo tiempo con muchos uniformados custodiando la cuadra.

El hombre llegó al satélite de la Tierra y la televisión lo mostró al mundo; lo cierto del caso es que muchos fueron escépticos. Es más, algunos especularon que todo eso había sido un supuesto fraude mediático.

Los que eran más niños tampoco dimensionaron de qué se trataba tanto ‘alboroto’; lo único que ellos entendían es que esa noche no se irían temprano a la cama.

Para los más chicos la Luna era tan solo el ‘bombillo’ del cielo que producía sombra de noche, así los norteamericanos no terminaran de presumir su hazaña.

Al otro día, Vanguardia se agotó. No obstante, la Luna siguió estando como cada noche en los pueblos de Santander; es decir, como ese “farolito que puso mi Dios, alumbrando las noches calladas de ese pueblo viejo de mi corazón”.

Hoy, 50 años después, el satélite de la Tierra está en los recuerdos de los bumangueses. Ahora algunos prefieren dedicarle un lunático verso, que los lleve y los traiga en un viaje nostálgico a ese histórico 20 de julio de 1969.

APOLO XI, EN LA LUNA; PABLO VI, EN LA TIERRA

El mismo día en el que el hombre puso por primera vez un pie sobre la Luna, Don Santiago Arévalo hacía su propio ‘alunizaje’ en los estériles terrenos de Pablo VI. Y aunque el sector no pretendió ser un ‘satélite’ de la Tierra, su suelo sí parecía lunar, pues estaba salpicado de cráteres, carecía de agua y ni siquiera se le vislumbraba ‘atmósfera’ de barrio.

El ‘Apolo XI’ de Don Santiago, para entonces era incipiente: unos cuantos ladrillos, una que otra lata y muchos cartones; eso sí, se sentían ganas de ‘echar raíces’ en su lote. Nuestro ‘astronauta’ Arévalo, quien sabía que debía tener los pies bien puestos sobre la Tierra, logró lo que muchos no habían podido: construir ‘su casa en el aire’; o mejor, en la escarpa de Bucaramanga.

Su ‘conquista espacial’ causó revuelo, pero a la vez sirvió de modelo para que otros hogares llegaran con sus ‘cohetes’ a iluminar esta parte la ciudad. El mismo 20 de julio de 1969, en un tiempo récord, se efectuaron 15 ‘alunizajes’; o sea, 15 familias construyeron sus ranchos en dicha fecha: “Claro está que, al igual que la Luna, no teníamos agua. Nos tocaba sacarla de un aljibe”, recuerda José T. González, otro de los fundadores del barrio.

Como el sector no tenía nombre ni mucho menos escrituras, la ‘expedición espacial’ fue titulada por Vanguardia como el ‘alunizaje barrial’.

Inicialmente se consiguió un tanque de agua comunal para el servicio de las primeras familias. Sin embargo, la ‘Luna’ de Pablo VI seguía a oscuras. Meses después los propios vecinos lograron iluminar el barrio, con los trabajos de adecuación de las redes de energía.

El alcalde de la época, José Luis Mendoza Cárdenas, les ayudó en obras tan importantes como la construcción de la concentración escolar y en la asignación de un auxilio de $2.000 (cifra de la época) para el puesto de salud.

Así fueron apareciendo las obras que le dieron el progreso que se merecía el barrio. Esta ‘conquista del espacio’, a punta del esfuerzo del vecindario, hizo posible la ‘odisea’ de llegar, no a la Luna sino a la Tierra de su nuevo hogar.

Hoy, en pleno siglo XXI, la comunidad aún recuerda al ‘Neil Armstrong’ de su barrio; es decir, a Don Santiago Arévalo, el ‘astronauta’ que soñó con la Luna y que fundó una particular comarca hace 50 años. Él está ahora en el cielo y dicen que desde un satélite especial envía bendiciones e ilumina las noches, no del ‘Apolo XI’, sino del barrio Pablo VI.

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