miércoles 24 de abril de 2019 - 12:10 PM

En esta escuela de Santander 20 niños campesinos estudian debajo de un árbol

Niños campesinos que asisten a una escuela rural de El Playón, Santander, estudian debajo de un árbol. Un temblor agrietó la sede en 2015 y cuatro años después sigue siendo un riesgo. Otros sismos han debilitado aún más la estructura que podría colapsar.

La escuela rural Cachiricito fue una de las edificaciones que resultó afectada por el sismo de 6,6 grados registrado el 10 de marzo en Santander, considerado el más fuerte en medio siglo en la región. Dos años después otro temblor debilitó aún más la estructura y la oficina de Gestión del Riesgo determinó evacuar esta sede educativa.

La infraestructura de esta sede, perteneciente al Instituto Integrado de Comercio Camilo Torres de El Playón, no ha sido reparada. La docente y los padres de familia no encontraron otra alternativa más que instalar una malla polisombra debajo de un árbol para improvisar el sitio donde actualmente 20 niños de primaria, de entre 6 y 11 años, reciben clase.

Elvira Galeano Ariza, la maestra de la escuela, cuenta que trabajar en esa situación es una condición denigrante para los menores, pues permanecen expuestos al sol, la lluvia y al ruido de los vehículos. “Ya nos sentimos enfermos”, lamenta.

La mujer relata que debido al clima de los últimos días hasta los libros quedaron a la intemperie, pues el fuerte viento arrasó con una parte techada donde se resguardaban. “La escuela está vuelta nada”.

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Ante esta situación, la docente pide una solución efectiva a las autoridades, pues incluso el árbol que les brinda un poco de sombra también podría ocasionar una tragedia. “Uno de los troncos cayó sobre la malla, afortunadamente en ese momento no estábamos ahí. Pero en cualquier momento otro gajo se puede desprender nuevamente y caernos encima”.

En ocasiones las clases se ven interrumpidas por los aguaceros. Cada vez que llueve, tanto la profesora como los alumnos buscan refugio en los baños de la escuela, que es la única área del colegio que no resultó afectada por los sismos. “Nos paramos contra las paredes, para huirle a todo”.

El lugar tampoco cuenta con servicio de acueducto. Para hacer uso de estos baños cada padre debe pagar $5 mil pesos mensualmente a un vecino para que les permita extraer agua en baldes y así asear los sanitarios.

Marlene Pinto Guerrero, educadora y directiva de la CUT Santander, asegura que desde el 2015 se informó a las autoridades de esta situación a través de oficios, pero critica que ni siquiera hayan recibido respuestas por escrito. “El Gobierno Departamental y el Nacional no ven. Solo les interesa la comunidad en época electoral. Solo hacen promesas”.

Para la sindicalista el entorno en que reciben clase los estudiantes de Cachiricito “es lo más denigrante, una bofetada a los niños. Los niños del campo están discriminados y maltratados, no es justo”.

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La escuela no se reconstruirá

La Secretaria de Educación de Santander, Inés Andrea Aguilar, advierte que en ese sector no puede funcionar el colegio y reconoce que las condiciones de estudio en Cachiricito no son óptimas.

Sin embargo, la funcionara explica que el predio donde está situada la sede escolar es propiedad privada, por lo que el Estado no invertiría recursos allí. “No pertenece al Municipio ni al Departamento, por lo que no se puede hacer alguna intervención”.

La solución que se entregaría a la población es brindarles transporte escolar a los estudiantes para que asistan a clase en la cabecera municipal de El Playón. “De donde está ubicada la sede Cachiricito hasta el casco urbano solo hay unos 10 minutos en carro”, señala Aguilar.

La Secretaria de educación de Santander resalta que la sede principal del colegio Camilo Torres se encuentra en buenas condiciones y tiene capacidad para recibir a los niños afectados, por lo que espera que los padres de familia no rechacen esta alternativa.

Inés Andrea Aguilar asegura que el convenio para ampliar el servicio de transporte escolar con la Alcaldía de El Playón ya está casi listo. “El convenio debe numerarse en el transcurso de la semana, ya está proyectado y preparado para las firmas del Alcalde y la Gobernación. Nuestra preocupación es que los padres de familia no quieran hacer uso del servicio, pero es la mejor solución porque no vamos a poder arreglar la infraestructura”, insiste.

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