Bucaramanga
Lunes 13 de agosto de 2018 - 03:55 PM

Este es el sueño de visitar el mar de los niños con cáncer en Bucaramanga

50 niños con enfermedades oncológicas y de escasos recursos esperan cumplir su sueño azul: conocer el mar. Gracias a la Fundación y a la lucha diaria de las madres por mantener intacta la sonrisa de los pequeños, la maleta está casi lista. Solo necesitan padrinos que hagan el viaje realidad.

Cerca de 400 niños que padecen cáncer han conocido el mar gracias al proyecto Sueños Azules de la Fundación Amor y Esperanza. (Foto: Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL)
Cerca de 400 niños que padecen cáncer han conocido el mar gracias al proyecto Sueños Azules de la Fundación Amor y Esperanza. (Foto: Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: Irina Yusseff Mujica

“Tú eres una heroína”, “eres una campeona”, le dicen con frecuencia a Andrea Katherine Argüello, de 13 años, enfermeras, amigos, familiares y conocidos.

La pequeña, muy convencida, siempre responde que eso no es cierto. Asegura que la “superheroína” es su mamá.

- “¿Por qué? Bueno, porque ella dejó a mi papá, mis hermanos, las gallinas, el cerdo, los conejos, los perros y el campo por estar acá conmigo, hacerme reír, dormir en el piso y decirme que todo va a estar bien. Y si ella hace todo eso por mí, yo le creo”, responde Katherine, tan elocuente como si tuviera 10 años más, cuando le preguntan por qué la luchadora es su mamá y no ella.

Juntas están intentando ganarle a una enfermedad que las hizo mudarse a una ciudad que queda a más de ocho horas de su casa, y juntas quieren cumplir el sueño de conocer el mar.

Eso, si la Fundación Amor y Esperanza, a través de su proyecto Sueños Azules, alcanza a reunir el dinero que falta para hacerle realidad el sueño a ella y a 49 niños más, de los más de 300 que reciben tratamiento en el Hospital Universitario de Santander (HUS), la Clínica San Luis, la Fundación Cardiovascular y el Hospital Internacional.

Las ‘superheroínas’

La Zona Feliz está llena. En esa casita amarilla de cerca de 100 metros cuadrados ubicada en la parte de atrás del HUS, los niños juegan y reposan después de la quimioterapia, mientras sus mamás esperan horas por los medicamentos y autorización de tratamientos en el departamento de Oncología del Hospital.

Además de muchos juguetes, juegos didácticos, libros, televisor y sillones de descanso, también hay u n cuarto de lavado y secado donde las mamás pueden lavar su ropa y la de los niños durante los días de hospitalización, que son bastante frecuentes.

Después de más de cinco años de lucha y de “pida por aquí y por allá”, Esperanza Luna, creadora de la Fundación Amor y Esperanza y artífice del proyecto Sueños Azules, junto a su mano derecha María Teresa Cortés y todos los voluntarios que se han venido uniendo con los años, lograron tener ese espacio.

Sentada en su silla de ruedas, frente a una de las mesas de la Zona Feliz, Katherine dibuja. Cuando sea más grande quiere ser administradora de empresas para crear su propia marca de moda que se va a llamar ModAkas.

Un dolor de rodilla que pensaron era una inflamación normal debido a la hora y media que Katherine caminaba para ir al colegio desde la parcela donde vive, resultó ser un tumor óseo con metástasis en el pulmón. Entonces, la pequeña y su mamá dejaron todo en Santa Rosa (Sur de Bolívar) y empezaron un viaje lleno de cuartos de hospital, tratamientos y medicinas que aún no termina.

- “¿Cómo te imaginas el mar, mamá?”, le pregunta la niña a Ana Elvira Santander.

- “Muy grande, muy azul”, responde.

Ninguna conoce el mar y es difícil percibir quien de las dos está más emocionada. Katherine dice que lo primero que quiere hacer es sentarse en la orilla a contar y coger los caracoles que traen las olas. No le preocupa no poder caminar por la orilla, porque está segura de que sentada la arena se siente mejor. La silla de ruedas no ha sido un impedimento durante los últimos meses y no lo será en la playa.

Con las ganas en la maleta, ahora, Ana Elvira espera que la enfermedad no sea el obstáculo que no le permita ver a su hija sentada frente al mar. Lleva un mes esperando que le autoricen una cirugía de endoprótesis que debían haberle hecho hace dos meses. La última quimioterapia fue a finales de mayo y desde ese día el tratamiento de Katherine está parado. También desde ese día, Ana Elvira, ha dividido su tiempo entre no dejar apagar la sonrisa de Katherine y recorrer una y otra vez las oficinas de la Nueva EPS intentando, con tutela en mano, que eltratamiento de su hija no se interrumpa. Jura que no se va a cansar, así tenga que hacer lo inimaginable.

Ernesto Rueda, el pediatra oncólogo del HUS, ya aprobó que Katherine pueda ir a Santa Marta; sin embargo, si la EPS le programa cirugía en esos días, no podrá ir.

Casi perdida entre los juguetes de la Zona Feliz, está Jeniffer Espinosa Galvis, de cinco años. Le acaban de aplicar la primera inyección de un nuevo ciclo de quimioterapia que apenas comienza. Está algo débil y cansada, pero quería jugar un rato antes de irse a descansar, porque eso la hace feliz y su mamá no le pone peros.

- “Nadie sabe lo que significa un momento de diversión y alegría para un niño, después de batallar todos los días. Nosotras como mamás nos desvivimos por que esos momentos sean muchos”, explica Laura Galvis, la mamá.

El pasado diciembre Jeniffer fue diagnosticada con Leucemia, cáncer en la sangre, y desde ese momento, a pesar de sentirse a veces encerrada y sin salida, Laura no se ha despegado un solo instante de ella. Durante los ocho meses que llevan de tratamiento, de los dos años que le dijeron que duraba en total, las pruebas han sido varias. Las más duras fueron dejar a su otra hija y a su esposo en Sabana de Torres y tratar de que Jennifer entendiera que sin cabello seguía siendo igual de hermosa.

Las filas, las horas de espera por autorizaciones, las noches sin dormir y la lucha porque en la EPS todo esté bien, no se compara con lo difícil que resulta sonreír cada vez que su hija tiene dolor o malestar debido al medicamento, solo para demostrarle que todo está bien.

Jeniffer ya tiene el visto bueno del médico para ir a Santa Marta el próximo mes y cuando le preguntan cómo se imagina el mar, responde; - “Con sirenas, como en las películas”.

SUEÑOS AZULES 

Un viaje de tres días a Santa Marta. Todos los gastos pagos para el niño y su acompañante en el hotel Decameron. Una maleta con tres mudas de ropa, vestido de baño, sandalias, kit de aseo, gorra, bloqueador, flotador y mucho amor. Eso es Sueños Azules.

Al principio, hace 12 años, cuando la idea de llevar a los niños con cáncer a conocer el mar inició, no había hotel de lujo, ni maleta con regalos, ni presupuesto para mamás, pero sí todo el amor del mundo que permitió que cada año fuera mejor. Faltando un mes para el viaje todavía no cuentan con todo el presupuesto; sin embargo, para Esperanza y María Teresa, llevar a los 50 niños a la playa es un hecho.

Están seguras de que así como soñaron el primer paseo y lo lograron, y así como idealizaron la Zona Feliz y la tuvieron, así van a llegar a Santa Marta el próximo 26 de septiembre.

Las personas o entidades interesadas en contribuir con este sueño, pueden comunicarse al 3006125074 - 3015251597 o realizar donaciones en dinero a la cuenta de ahorros: 79278068175, de Bancolombia.

La Fundación también recibe ayudas en especie como vestidos de baño, juguetes de playa, sandalias, bloqueadores, refrigerios y otros en la Carrera 39 # 42- 12 edificio Sierra Real Apartamento 1001, en el sector de Cabecera o en la Zona Feliz en el HUS.

Publicado por: Irina Yusseff Mujica

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