martes 06 de abril de 2021 - 4:10 PM

Fotogalería: Trinos y colores adornan nuestros parques

Un paseo visual por las aves que recorren las zonas verdes de la ciudad y un llamado a la conservación de estos escenarios.
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No bien las primeras luces del día comienzan a abrigar cada rincón de la ciudad, inicia el concierto. Un eco lejano nos permite escuchar un canto cuya onomatopeya sería más o menos así: bichofue... bichofue... bichofue.

Más cerca escucharíamos el singular Rrrrrrrr... Rrrrrr... y haciéndoles eco, en una algarabía sin compás, un bullicioso Trua... trua... trua. En efecto, se trata de parte de la sinfónica que interpreta el concierto más extraordinario que pueda brindar la naturaleza; el canto de las aves en nuestros parques y zonas verdes.

Detallando cada uno de los cantos que hemos citado a modo de ejemplo, para el oído del conocedor sabría que se trata en su orden del Pitangus sulphuratus (Bienteveo o Bichofúe Gritón), de la Columbina talpacoti (paloma abuelita) y del Brotogeris jugularis (Periquito Bronceado), tres de las aproximadamente 76 especies (entre nativas, residentes y migrantes) que se han contando en Bucaramanga, acorde con los consolidados de los últimos años del Global Big Day, oficialmente el conteo de aves de primer orden en el reconocimiento mundial y en el cual, Colombia con un total de 1.943 especies registradas, encabeza la lista por cuarto año consecutivo, siendo reconocido como El País de las Aves.

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La cifra aunque en principio pareciera no ser significativa, al compararse con otros reportes de ciudades de Colombia nos ubica en una posición top, resultado por sí mismo de la particular condición de contar con más de 200 parques y/o zonas verdes urbanas, un cinturón de bosques húmedos subandinos que conforman los llamados Cerros Orientales y las cuencas hidrográficas de los ríos Suratá y de Oro, aunque este último en conjunto con las cuencas de sus quebradas afluentes de toda la vertiente occidental, se encuentren con altísimos niveles de afectación negativa.

El disfrute de observar las aves

Suma kausai es una expresión de nuestras comunidades indígenas ancestrales que traduciría algo así como “buen vivir”, que más allá de cualquier concepto de comodidad, de bienestar económico, de los privilegios que puedan representar los bienes materiales, es esencialmente una experiencia vivencial donde el eje primario lo constituye la naturaleza y la integración que podamos hacer con ella.

Este principio rector seguramente será muy nominado cuando poco a poco, vayamos superando todas las crisis y los rastros de dolor que seguramente nos dejará como legado la pandemia que hoy vive el mundo entero, entonces con certeza, muchos serán los ojos que volteen a mirar la naturaleza y con ella, a dignificar la vida, admirar los tesoros que ella nos brinda y a buscar los caminos que nos permitan estar más cerca de su dignificación.

Actividades como el senderismo, el turismo de aventura asociado con la naturaleza, el impulso a la construcción de hotelería inserta en el área rural y el aviturismo, entre otros, van a ser capitales en los años por venir, derivándose de esta proyección, la invitación que hoy se hace a disfrutar del privilegio del que hoy goza nuestra ciudad capital.

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¿Pero a dónde ir en plan de registro y avistamiento de aves en nuestra ciudad? La primera recomendación es qué, tanto por seguridad, como por el hecho mismo de estar insertos dentro de la estructura urbana, los parques tradicionales no van a ser los más prolíficos en brindarnos un buen número de especies. Una experiencia personal que realicé en mi vecindario cercano al Parque San Pío, en más de ocho recorridos realizados, me sumaron 21 especies, mientras que la misma actividad realizada en el Parque Santander, la suma apenas llegó a 4 especies. Sorpresa positiva los resultados en el Parque Virviescas Pinzón con 41 especies y el Parque La Flora con 38 especies.

Para destacar acciones individuales lideradas a mutuo propio por personas como el administrador de empresas Néstor Muñoz, residente del barrio Altos de Terrazas, que mantiene comederos para aves en el parque conexo a la sede de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, donde hoy se pueden registrar más de 30 especies. Así mismo, sobre la vía que comunica la universidad UDES con la vereda Santa Bárbara, la señora Teresa Morantes ha organizado su propio comedero, donde con facilidad se llegan a contar más de 40 especies. En el campus de la Universidad Industrial de Santander, conteos sistemáticos realizados por los estudiantes del Semillero de Ornitología, tienen un muy valioso conteo de 60 especies.

Aves insignes de la ciudad

Recientemente, el fotógrafo de aves Diego Emerson Torres me llamó y me hizo una pregunta puntual: ¿cuales son las cinco aves de mayor presencia en los parques de Bucaramanga? Tras revisar cuidadosamente mis listados, hice la tarea y le di respuesta a su pregunta, con algunos complementos de interés.

Así en su orden por mayor cantidad de registros tendríamos encabezando al Thraupis episcopus (Azulejo Común), seguido por el Sicalis flaveola (Canario), el Brotogeris jugularis (Lorito Bronceado), la Euphonia laniirostris (Coronito Gorgiamarillo) y el Pyrocephalus rubinus (Pechirrojo).

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Obviamente este listado podría ser objetado ante registros muy altos de especies como el Pitangus sulphuratus (Bichofue), la Columbina talpacoti (paloma abuelita), la Elaenia flavogaster (Elaenia Copetona), el Melanerpes rubricapillus (Carpintero Habado), el Tyrannus melancholicus (Sirirí) y por supuesto, el rey de nuestros cielos, el Coragyps atratus (chulo), sin dejar pasar por alto una importante cantidad de semilleritos, habitantes de nuestros pastizales.

No quiero terminar esta nota, sin hacer un llamado urgente a las autoridades ambientales para que atiendan con prioridad acciones que permitan abrir de inmediato los parques metropolitanos Quebrada La Iglesia y Las Mojarras, así como adelantar tareas complementarias para brindar seguridad en los recorridos por los Cerros Orientales, que tras la oportuna acción preventiva para su no intervención con obras decorativas que iban en contravía de la naturaleza, prácticamente quedaron huérfanos de toda presencia de las autoridades, ausencia que propicia que la delincuencia se apodere de ellos.

Por Mauricio Olaya

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