jueves 26 de septiembre de 2019 - 9:53 AM

Jéssica, la santandereana que lidera la misión de desminado humanitario en Colombia

Jéssica Alejandra Molina Figueroa, de Bucaramanga, es una de las cinco mujeres que componen la Brigada de Desminado Humanitario del Ejército de Colombia.
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De las 5 mil personas que componen la Brigada de Desminado Humanitario del Ejército de Colombia, solo cinco son mujeres... Una de ellas, de origen santandereano, es quien lidera el grupo.

Se trata de la teniente Jéssica Alejandra Molina Figueroa, quien en 2016, junto al grupo a su mando, asumió la importante misión de limpiar las minas antipersona en todo el territorio colombiano.

Una labor difícil, no solo por los cerca de 10 kilogramos que pesa el equipamiento, sino por el peligro que implica dar pasos por entre tierras en las que grupos al margen de la ley han ‘sembrado terror’ representado en artefactos explosivos, esos ‘enemigos silenciosos’ que mutilan extremidades y arrebatan vidas.

Según ‘Descontamina Colombia’, dependencia del Alto Comisionado para la Paz, desde el 1 de enero de 1985 a septiembre de 2019, se han registrado aproximadamente 11.769 víctimas por minas antipersona y munición sin explosionar, lo suficiente como para poblar un municipio del tamaño de Curití, Santander.

En esos 34 años han perdido la vida unas 2.296 personas, entre militares, policías, campesinos, niños y niñas, mientras que 9.473 han resultado heridas.

La primera mujer al mando del desminado...

Jéssica, la santandereana que lidera la misión de desminado humanitario en Colombia

La teniente Molina solo tiene 27 años... Pero la experiencia no se mide por la edad; tanto así que a los 24 se convirtió en la primera mujer líder en desminado humanitario en el país.

Es bajita, de contextura delgada, tranquila en su mando pero con el carácter suficiente en su misión de supervisar el trabajo de los soldados desminadores.

“Ella se encarga de que la operación cumpla con los estándares de calidad, es muy comprensiva con sus hombres, los escucha y les ayuda en su formación”, así la describen quienes la conocen en el Batallón de Ingenieros de Desminado Humanitario # 2, encargado, en este momento, de limpiar los sectores de Planadas y Chaparral en el Tolima.

Su camino para hacer parte del Ejército comenzó cuando cursaba grado 11 en el Colegio El Pilar de Bucaramanga.

“Cuando me preparaba en un preicfes frente a la Quinta Brigada, estaban en inscripciones para el Ejército, mi mamá quiso inscribirme y empezamos todo el proceso sin pensar que algún día iba a ser posible. Mi pensado era estudiar Ingeniería Civil en la UIS, ese siempre era el sueño, sacar un buen puntaje en el Icfes para que fuera posible”.

Poco a poco se empezó a enamorar de esa profesión que hoy no solo la llena de orgullo a ella sino a toda su familia. “Ya cuando empecé a presentar exámenes para entrar a la escuela, me encariñé con el proceso, la disciplina de la vida militar y todo esto. Hice cuatro años de carrera, desde 2010 al 2013 y me desempeño como teniente”.

Pero fue en el 2016 que la seleccionaron para hacer parte del Grupo de Desminado Humanitario, cuando se creó la Brigada de Ingenieros para esta disciplina... La ingeniería era lo suyo, su destino; pero no la civil, sino la ingeniería militar.

Miraron perfiles, capacidades, experiencia en explosivos y entre los escogidos estuvo ella, la santandereana Molina quien durante siete meses se preparó para cumplir su rol de la mejor manera.

Se capacitó en el Curso de Líderes de Desminado Humanitario, ofrecido por la Escuela de Ingenieros Militares y certificado y monitoreado por la Organización de Estados Americanos (OEA).

Es un trabajo dispendioso que requiere de valentía, paciencia pero ante todo preparación y conocimiento, pues desminar es como ‘trabajar a ciegas’, apoyado por la experiencia y el equipo que ayuda a detectar estos artefactos explosivos. Para estos valientes, desminar es como “barrer y dejar la casa limpia”.

Jéssica, la santandereana que lidera la misión de desminado humanitario en Colombia

Ser mujer en una labor que muchos ven como ruda, no da ventajas ni desventajas. En el área todos se entrenan de la misma manera pues si algo tiene claro Molina es que en su trabajo, “el primer error que cometamos, puede ser el último”, de ahí la importancia de estar bien preparada.

“En el Desminado Humanitario todo está escrito, no nos podemos salir de ahí. Por un error, por un descuido, un lapsus podría ser el último, ya que al momento de estar frente a algún artefacto explosivo, si hacemos el procedimiento de una mala manera, podemos estar en riesgo inminente de perder la vida o estar afectados.

“Por eso nos entrenamos de la misma manera sin importar que sean hombres o mujeres, es instrucción netamente en desminado humanitario y estándares internacionales del mismo, y somos evaluados y certificados por la OEA, es un proceso bastante complejo”, dice con firmeza.

Una batalla contra el miedo...

Toda esa preparación no la exonera del miedo... Es humana. “El miedo existe en todo momento, así uno esté capacitado, muy entrenado. Este es uno de los trabajos donde se arriesga la vida, pero es un miedo que uno le va cogiendo confianza a medida del tiempo (...) Es de gran responsabilidad ingresar a un área contaminada con artefactos explosivos, nosotros entramos con un equipo técnico que nos brinda la seguridad para permitirnos el ingreso”.

Desminado Humanitario maneja diferentes roles, la carga mayor la llevan los soldados profesionales que son los desminadores, “y ya lo que somos oficiales y suboficiales pasamos a un segundo plano en el sentido de mayoría, de cantidad de personas”.

Ese mismo miedo lo sienten Gladys Figueroa y Joaquín Molina, sus papás, quienes en Bucaramanga, todos los días oran para que Dios proteja a Jéssica en esa importante labor de cuidar no solo su propia vida sino la de miles de colombianos.

“Mi mamá es netamente santandereana y siempre está con el cristo en la mano por mi labor, a veces me dice, usted por qué está por allá, y le digo ma’, hay que ser aguerridos y echar pa’lante, mi Dios me puso en el Desminado Humanitario, hay que hacerle frente a eso, es una labor muy segura. Ellos me apoyan en lo que yo decida, llevados de la mano de Dios, orgullosos de mí y orgullosos de ellos”.

Para Jéssica, el logro no es solo institucional sino personal, por esa satisfacción que le deja el salvar vidas. “Es gratificante, a veces uno no se alcanza a imaginar o sentir la alegría tan impresionante que es ingresar a una vereda de cualquier departamento y que la comunidad quiera tanto al Ejército con el rol de desminado humanitario. Nos piden muchas veces que no nos vayamos porque hemos traído progreso, esperanza, seguridad, tranquilidad, es un orgullo propio hacer parte del desminado”.

Jéssica, la santandereana que lidera la misión de desminado humanitario en Colombia

‘Terror sembrado’...

En Colombia existen departamentos donde hay mayor afectación por artefactos explosivos. Antioquia, Meta, Caquetá, cauca, Arauca, Norte de Santander, son los de mayor contaminación en el país.

En el caso de Santander, según la teniente Molina, “está intervenido por el batallón de Ingenieros de Desminado Humanitario número 3, se encuentran trabajando en Suratá, Matanza y Girón desarrollando operaciones de desminado. Bucaramanga fue liberado el año pasado como libre de sospecha de contaminación de minas, un gran avance.

Hay varios municipios de Santander que ya fueron liberados; si no estoy mal, Santander, en menos de un año quedará como un departamento libre de minas antipersonal. También están adelantando trabajos en Landázuri, Socorro y San Gil con el fin de entregar a la comunidad municipios sin temor de minas antipersonal”.

Pasarán varios años para que cientos de campesinos y soldados caminen sin miedo por las montañas de Colombia, mientras tanto, personas como la teniente Molina seguirán trabajando en esa labor de ‘barrer’ el campo con su grupo de desminado humanitario.

En este momento, su trabajo y su familia son su todo, “tan pronto como tengo un día libre normal, si tengo la posibilidad de desplazarme a Bucaramanga lo hago, amo esa ciudad, la gente, las costumbres, mi familia, tengo novio, no estoy casada y no tengo hijos en vista de que mi trabajo es un poco complejo.

“En este momento con mi familia lo tengo todo, soy amante de los animales, tengo cuatro perros en mi casa, con ellos salimos de paseo, vamos al río, vamos a Girón, cuando estoy con mi familia es mi familia, intento disfrutar el tiempo al máximo con mi papá, mi mamá, mi hermana, mi sobrina, pero siempre disponible las 24 horas para la labor del desminado humanitario”.

RECUADRO

Actualmente 167 municipios del país se encuentran libres de sospecha de contaminación con minas antipersona, entre ellos 36 de Cundinamarca; 18 en Antioquia;18 en el Huila; 18 en Santander; 14 en el Tolima; ocho en Boyacá; siete en Magdalena; siete en el Meta; siete en el Valle del Cauca; cinco en Risaralda; cinco en Caldas; cinco en el Cauca; cuatro en Bolívar; cuatro en Nariño; cuatro en el Quindío; tres en el Casanare; tres en el Cesar; dos en Córdoba; dos en el Atlántico; dos en La Guajira; dos en el Putumayo; uno en el Amazonas; uno en el Caquetá y uno en Guainía.

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