Nos sacan de apuros, se ofrecen a buenos precios y se sirven en un santiamén. Mejor dicho, son ideales para cuando tenemos prisa. Hablamos del ‘corrientazo’, el almuerzo de la sopa, del seco y del jugo. ¿Quién no lo ha consumido?

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
Menú del día: papa chorreada, arroz blanco, pechuga, sopa de apio, fajas de plátano... ¿Y el postre? Una rebanada de queso con bocadillo. Ese es el ‘corrientazo’ del restaurante ‘Mucho lo bueno’, del barrio San Francisco de Bucaramanga.
Allí los comensales tienen otras opciones. Además del principio, también hay filete de carne a la plancha, sudada y frijol rojo.
Todos los platos cuestan $8.500 e incluyen jugo; hoy es de lulo, ayer fue de mora. A Don Deogracias, un mecánico que siempre se alimenta allí, le gusta más la limonada de panela.
Es el ‘corrientazo nuestro de cada día’, una comida sagrada del bumangués de a pie, ese que de manera juiciosa cumple su jornada laboral de 8:00 a.m. a 12:00 m. y de 2:00 p.m. a 6:00 p.m.
Esa palabra, la del ‘corrientazo’, es una de esas expresiones a la que los bumangueses y todos los colombianos le hemos dado un significado especial.
Cuando pensamos en ‘corrientazo’ se nos viene a la mente almorzar algo sencillo y económico para pasar de largo, sin que necesariamente signifique que sea de mala calidad, así parezca que lo es.
Nada más nuestro que un ‘corrientazo’, el almuerzo de la clase obrera, pequeño y económico, elaborado por personas comunes y corrientes que tienen la mejor sazón, la de la cotidianidad.
Quienes los preparan son chefs que aprendieron en la escuela de la vida y que conocen del sudor diario de cada uno de los bumangueses, de esos que solo disponen de media o una hora de ‘francachela y comilona’.
Los clientes de estos restaurantes, además de calmar ‘el filo’, aprovechan ese tiempito para hablar del trabajo, de los problemas de su casa, del Atlético Bucaramanga, de política, en fin...
Y lo mejor es que todo ese suculento plato se consigue a cambio de módicas sumas de dinero. La verdad es que no hay para pagar más, tras los exiguos salarios que reciben los comensales que llegan a otro restaurante de la ciudad, el Pasino, de la calle 35 con carrera 14.
Al menos esas son las cuentas que hace Mariela García, una empleada de una papelería que funciona por estos lados: “Yo me gano el mínimo, es decir $828 mil 116. De esa cifra debo destinar mínimo $240 mil para mi alimentación al mes. Y eso que hablo solo del almuerzo, porque la comida y el desayuno los preparo en mi casa”.
- “¿Me regala otro pedacito de yuca, doña Josefina?”, le pregunta a la dueña del restaurante.
- “¡Claro que sí!”, le responde.
Esa es la ñapa, el regateo que se pide cada vez que se come en ese comedor popular.
¿Saben una cosa? No todos tienen el privilegio de tener un plato, a pedir de boca, cargado de mucho carbohidrato y poquita proteína, pero con la alegría de que alcanza para todos los días.
El ‘corrientazo’ en Bucaramanga, al igual que en toda Colombia, es el reflejo de una sociedad que ha tenido que aprender a sacarles el quite a las afugias económicas y, por supuesto, a no afectar tanto sus alicaídos bolsillos.
Desde niños nos han enseñado que el almuerzo es la comida más importante del día, por lo que si no hay dinero suficiente hay que pensar en cómo resolverlo; pero que nunca falte el bocado.
Por eso, si revisamos el menú del ‘corrientazo’, por lo general se trata de ingredientes que suelen ser utilizados en nuestros hogares y que han sido heredados de nuestras madres y abuelas; nada parecido a la alta cocina o gourmet.
Es lo que venimos comiendo desde niños como cualquier bumangués de a pie.
El ‘corrientazo’ es como comer algo preparado en casa pero en la calle; obvio dependiendo del lugar, pues no hay que olvidar que es un plato muy económico y eso tiene sus pros y sus contras.
En Bucaramanga hay al menos 131 restaurantes populares en el centro en donde usted encuentra ese tipo de almuerzo. En esta estadística no mencionamos el almuerzo ejecutivo, que vale unos pesos de más.
Esta tradicional comida se ofrece en locales y en ventas callejeras. Algunos van a la plaza de mercado de central, en donde se consiguen almuerzos hasta de $7 mil, muy frescos y al natural.
La ‘comida a la carta’, esa que se pide en los restaurantes finos, es un lujo que no muchos están en condiciones de asumir. Por fortuna el ‘corrientazo’ les permite a muchos estar con la ‘barriga llena y el corazón contento’.
¡Larga vida a quien inventó el corrientazo!


















