lunes 20 de enero de 2020 - 11:01 AM

Un abrigo en medio del fuego: la bumanguesa que ha ayudado a los animales en los incendios de Australia

La aguja y un poco de hilo han sido las herramientas fundamentales de Mariela Prada Quijano, una bumanguesa que se ha encargado de apaciguar la destrucción que han dejado a su paso los voraces incendios en Australia. Con dolor, pero sobre todo con amor, ha tejido más de treinta abrigos para los animales que han sido víctimas del fuego.
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El amor por lo animales ha sido una característica por la que Mariela Prada Quijano siempre se ha destacado. Aquí en Bucaramanga hacía parte de la Asociación Humanitaria de Rescate Animal (Ahura), en donde ayudaba a distintos animales desprotegidos que vagaban por las calles. En el seno de su hogar intentaba atender a la mayor cantidad posible y les brindaba refugio hasta que alguien pudiera hacerlo de forma permanente.

Sin embargo, ahora que se encuentra en Australia, en donde el fuego ha quemado más de 10,7 millones de hectáreas, lo que equivale a tres veces la superficie de Santander, y -según un ecologista de la Universidad de Sidney- ha acabado con la vida de más de mil millones de animales, para ella, la compasión, la humanidad, han tenido que ser más grandes que las llamas y más fuerte que el intenso calor.

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Corazones unidos por una causa

Luego de conocerse las devastadoras imágenes que retrataron la crueldad y la magnitud de la tragedia, múltiples personas decidieron unirse para socorrer a los animales que fueron víctimas de las llamas.

Así nace Rescue Craft Guild, una iniciativa convocada a través de un grupo de Facebook, en donde cientos de personas de Australia empezaron a trabajar de manera conjunta para aportar ese ‘granito de arena’ que pudiera sofocar el daño.

Hoy, el grupo ya cuenta con más de 230 mil miembros, en donde personas de todas las nacionalidades se han trazado el objetivo de proteger la vida silvestre que logró salvarse.

La ayuda varía entre dinero, agua y alimento, no obstante, en lo que este grupo se ha enfocado es en tejer mantas y bolsas que puedan servir como marsupio para algunos animales como los canguros, las zarigüeyas y los koalas.

Y es que, como la mayoría de las crías de esta especie nacen prematuros, y es en la bolsa o marsupio en donde culminan su gestación, el cuidado que se les debe dar para mantenerlos con vida es muy importante. De ahí radica la importancia de proporcionarles un ambiente similar al que sus madres les proporcionaban con su cuerpo.

Así, con aguja, hilo, mucho esfuerzo y dedicación, han logrado remendar un poco la situación, al rescatar del fuego, del humo y de las cenizas a cientos de animales que perdieron su hábitat para brindarles toda la ayuda necesaria.

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Puntadas de amor

“Nunca había visto semejante cosa tan terrible. Es para ponerse a llorar de ver tantas vidas de animales perdidas, crías sin sus mamitas, árboles quemados y personas sin hogar”, dice.

Por esta razón, tan pronto llegó a Australia con el fin de visitar a sus hijas, decidió pedir prestada una maquina de coser y por medio de redes sociales hizo un llamado a que le ayudaran con telas, hilo, lana y algodón para empezar a tejer los abrigos que le darían vida y refugio a cientos de animales sobrevivientes.

Así, puntada tras puntada, ha ayudado a remendar un poco la situación en la que quedaron cientos de animales, quienes se encuentran en delicado estado y que perdieron su hábitat. Ha tejido por lo menos treinta bolsas, mantas y nidos, en los que ha puesto todo su esfuerzo y dedicación.

“Este daño que le hicimos a la naturaleza es terrible, pero algo que aportemos y que dejemos una enseñanza a la humanidad, es importante. Debemos cambiar nuestra manera de pensar, no somos los únicos en este mundo, detrás de nosotros viene mucha más gente en camino, pero el ser humano es arrogante, prepotente y egoísta”, expresa.

Y es que los científicos aseguran que pasará mucho tiempo hasta que el planeta se recupere de la catástrofe ambiental que se produjo en Australia. Mariela piensa que la pérdida de la fauna y la flora es solo un panorama de lo que le espera al mundo si no cambiamos nuestro estilo de vida y ayudamos a mitigar el impacto en el medio ambiente.

“Hoy está lloviendo”, dice de forma esperanzadora, “voy a estar hasta el 28 de febrero y estoy rogando a Dios que continúe la lluvia para irme tranquila”.

No se ufana de ello, pero personas como Mariela son una esperanza para el mundo, pues sin importar la magnitud de los actos, cualquier aporte significa demasiado con tal de hacerle frente a los estragos de ese inmenso desastre.

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Ella nos recuerda que aún hay fe en la humanidad, todavía hay corazones que sienten y manos que se extienden con el fin de ayudar y aportar, pero aún no es suficiente, se necesitan más personas para enfrentar esta lucha que la humanidad misma empezó y que cada vez amenaza con ganar la batalla.

“Todavía son más las personas que dañamos, que los que ayudamos. Tenemos que tener conciencia y proteger el planeta. Hasta que eso no pase, nada va a cambiar”, comenta.

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