lunes 02 de octubre de 2017 - 11:03 AM

Un milagro de vida después de la muerte en Santander

El pasado 21 de septiembre nació José Alejandro, el primer niño en el mundo cuya madre, con muerte cerebral, permaneció cuatro semanas conectada a un pulmón artificial extracorpóreo.

A través del vidrio empañado de una de las 20 incubadoras que hay en la Unidad de Recién Nacidos de la Fundación Cardiovascular, en Floridablanca, un hombre fija la mirada en un pequeño de seis días de nacido.

Su sonrisa se extiende de extremo a extremo de manera sutil; es la alegría de un padre por su hijo recién nacido. 

Sin embargo, en la profundidad de sus ojos aquel hombre guarda la tristeza de una pérdida muy temprana: la de su esposa.

El pequeño de la incubadora es José Alejandro: “un milagro de vida después de la muerte”.

Así lo ve su familia y el equipo médico que logró mantenerlo estable aunque pareciera imposible después de que su madre fuera diagnosticada con muerte cerebral.

José Alejandro solo pesa 780 gramos y mide 32 centímetros. Cabe fácilmente en la palma de la mano.

Su primer nombre es en honor a sus abuelos; el segundo, el que eligieron sus padres entre una larga lista.

Al principio se iba a llamar Jerónimo, pero a la familia no le gustó la idea.

Nació luego de 27 semanas de gestación, cuatro de las cuales luchó mientras el cuerpo que lo resguardaba, el de María Lised Durán López, estuvo conectado a un respirador artificial llamado ECMO.

Pese a ello, ‘el príncipe’, como le dice Mario Alberto Ardila Gómez, su padre, se hace sentir entre los otros 15 bebés que hay en la habitación. Su cama es la N604.

*Mario Alberto Ardila.

Sus pies, que tienen el tamaño del dedo pulgar de un adulto, se mueven con energía y entusiasmo. De vez en cuando llora, aunque la mayor parte del día duerme.

La alimentación del pequeño se hace por medio de una sonda, aunque los médicos ya lo estimulan con pequeñas gotas en su boca. Dos o tres son suficientes.

Sus ojos aún siguen cerrados, pero su corazón y pulmones trabajan por sí mismos.

- “Está muy chiquitico pero es un valiente”, dice su padre.

Mario tiene 26 años, es de Socorro, Santander y trabaja en una bodega de materiales de construcción.

Conoció a su esposa siete años atrás, gracias a una de sus primas con quien María Lised estudiaba enfermería.

En noviembre cumplirían el primer año de casados. Sin embargo, la joven no alcanzó a celebrar su primer aniversario.

Cuando Mario la recuerda, sus ojos se llenan de lágrimas, y al rato llora de manera descontrolada.

En un intento fallido para evitar que la voz se le quebrante, dice que ella fue lo mejor que le pasó en la vida. 

- “Era una princesa. Era una mujer hermosa, siempre estaba pendiente de mí. Era una excelente esposa, una excelente hija y sería una excelente madre... No hay palabras para describirla”.

El aire se le escapa del cuerpo mientras dice esto. La mirada ahora está fija en su mano derecha. El anillo de matrimonio le recuerda el día en el que se dieron el “sí” en el altar.

En la salud y en la enfermedad Mario estuvo junto a ella. Y aunque tras su partida “siente un dolor el alma”, está tranquilo de saber que sigue presente en ese nuevo ser a quien esperaba con tanto amor.

Mario Alberto Ardila.

Una vacuna que no llegó a tiempo

Hace 28 semanas la prueba de embarazo de una joven socorrana de 23 de años salió positiva.

Era la noticia que esperaba desde hace meses, pues su deseo y el de su esposo era conformar una familia.

De inmediato, la alegría se tomó el corazón de los jóvenes padres y el de los parientes de ambos.

Sin embargo, la felicidad se desvaneció unas semanas después, cuando los síntomas de una enfermedad que ella no imaginaba la hicieron percatarse de que algo estaba mal.

María Lised se contagió de un tipo de influenza denominada AH2N3, una enfermedad que produce neumonía y que afecta a pacientes cuyas defensas están bajas.

Su forma de contagio se da por vía respiratoria al entrar en contacto con un portador del virus.

La única manera de prevenirlo es por medio de una vacuna. En este caso, las mujeres en estado de embarazo la deben recibir al llegar a la semana 14 de gestación.

Pese a esto, María Lised no recibió la vacuna a tiempo.

Una enfermedad como la influenza hace que los pulmones se inflamen y se llenen de líquido. El primer síntoma es la gripa.

Como consecuencia, la respiración se dificulta y el proceso de oxigenación se ve afectado. Poco a poco los pulmones se inflaman hasta desarrollar el Síndrome de Dificultad Respiratoria del Adulto.

La probabilidad de muerte de la joven era alta, debido a la acumulación de dióxido de carbono en su cuerpo.

El equipo médico debía actuar rápido.

Héroes que usan batas

El 26 de agosto el médico anestesiólogo y director del Programa de ECMO y Corazón Artificial de la FCV, Leonardo Salazar Rojas, viajó junto a su equipo de trabajo hasta Socorro para conectar a la joven María Lised a un pulmón artificial extracorpóreo, para luego trasladarla hasta el centro médico.

Este mecanismo se encarga de oxigenar la sangre fuera del cuerpo para luego devolverla.

Sin embargo, el cerebro de María Lised había sufrido demasiado. La mujer fue declarada con muerte cerebral; sus órganos se deterioraban poco a poco.

Pero el pequeño José Alejandro seguía dando la batalla por la vida. Él se negaba a morir y se aferraba a su única esperanza: ‘un milagro’.

*Leonardo Salazar Rojas/ Fotografía Valesca Alvarado. 

Mantener al bebé representaba un reto muy grande tanto para el equipo de ECMO, como para el Grupo de Salud Maternofetal. Este último, fue el encargado de monitorear al pequeño.

Aunque en las ecografías José Alejandro se veía sano, y al escuchar la voz de Mario se movía en el vientre de su madre, los médicos estaban en medio de la incertidumbre.

Era la primera vez que se enfrentaban a un caso como este.

En el mundo, la literatura científica solo reporta 30 casos de embarazos exitosos con madres que estaban en muerte cerebral. Cuatro más, de mujeres que estaban conectadas a un pulmón artificial extracorpóreo, ECMO.

Sin embargo, no había ningún reporte con mujeres en estado de embarazo en ambas condiciones médicas. Este era un caso experimental.

Aún así, los médicos querían salvar al niño. Por eso, el reto fue asumido. Si funcionaba sería el primer caso exitoso en el mundo.

Tras realizar un comité de ética en el cual se evaluó la posibilidad de intentar el salvar al pequeño, los expertos acordaron mantener los órganos de la madre hasta la semana 32 de embarazo.

*Jorge Alvarado Socarrás. 

Sacar al bebé en este tiempo representaba el menor riesgo para él. Pero nuevamente los planes cambiaron.

Al llegar a la semana 27 de gestación, el pulmón derecho de María Lised no paraba de sangrar.

Aunque la joven fue estabilidad, el daño que había sufrido era aún mayor: el bebé debía ser sacado.

Así se hizo 24 horas después de esa emergencia. El ginecólogo del Grupo de Salud Maternofetal fue el encargado de traer al mundo a José Alejandro. Un niño que para sorpresa de todos, nació más vital de lo que se imaginaban.

Ahora, ‘el príncipe’ está en manos de los expertos de la Unidad de Recién Nacidos de la FCV.

- “Llevamos seis días de vida y José Alejandro ha logrado cumplir las expectativas. Su cabecita está normal y evoluciona adecuadamente”, dice Jorge Alvarado Socarrás, coordinador.

Aunque el pequeño se muestra fuerte, los médicos saben que el reto aún no termina. El niño solo podrá irse a casa en tres meses, cuando haya triplicado su peso y no sea susceptible a ningún tipo de peligro.

*Mario Castillo Blanco/ Fotografía Valesca Alvarado. 

Mientras tanto, Mario seguirá viendo al pequeño a través del vidrio de aquella incubadora que resguarda al primer bebé que, dice, demuestra que “los milagros sí existen, gracias a los médicos, esos ángeles que pone Dios en nuestros caminos”.

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