lunes 03 de enero de 2022 - 12:00 AM

Un recorrido por la Bucaramanga nocturna

Mientras muchos países en el mundo preservan el centro de sus ciudades, pues es allí donde se guarda la historia de su fundación, el centro de Bucaramanga es hoy un lugar sucio, donde el miedo impera. Este es el relato de un caminante nocturno.

Según narra Gabriel Pabón Villamizar, en su libro ‘Crónica sentimental de Bucaramanga’, la ciudad se movía a comienzos de siglo XX en bicicleta, porque no había aparecido el automóvil. Esta afirmación quedó plasmada en la crónica que le hizo Pastor Virviescas, con quien hicimos este artículo sobre Bucaramanga de noche.

Esta ciudad que acabó con su agua de la fuente de la quebrada, que ahora irónicamente se llama Quebradaseca, una ciudad que secó sus arroyos como el de la Rosita y secó sus lagunas para poner sobre ellas cemento, como la de San Mateo, porque un cura dijo que era maldita. Una ciudad que no construye parques gigantes, sino parquecitos y no les importa.

Mientras tanto Múnich (Alemania) con un millón setecientos mil habitantes tiene un parque, el Inglés, de 400 hectáreas para el disfrute de la gente o el parque Turia de 110 hectáreas en todo el centro de Valencia (España) con una población equiparable en número a la de esta capital santandereana.

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Tres noches recorrimos el centro y sus parques, en compañía de mi hermano Javier, para conocer de primera mano cómo es nuestra ciudad cuando acaba el día y sobre todo cómo es nuestro centro, que en todas las ciudades del mundo es protegido por formar parte del mito fundacional y porque todos sabemos que marca el destino de la urbe que va construyéndose a partir de su fundación, donde están los edificios del gobierno y las iglesias. Aquí nacimos y aquí hemos vivido. Esta es la ciudad que amamos y donde están descansando nuestros abuelos y nuestros padres.

La ciudad ya no huele a café, ni a bocadillo, ni a tabaco ni a chocolate, sino que huele a miedo y a pavor profundo. Huele a basuras, huele a desperdicios y huele a deshechos. Dejó de ser cierto lo que dijo Jaime Barrera Parra, en 1915: “Bucaramanga es una ciudad tan interesante como París”. ¿Ustedes creen que Bucaramanga es tan interesante como París? Seguramente soñaron volverla París con los bulevares que diseñaron, pero se perdieron en el olvido y en la desidia. La ciudad fue abandonando su centro y poco a poco todos sus lugares públicos.

Desaparecieron las retretas, las librerías son recuerdos de ese “París” que soñamos, porque la ciudad en las noches y poco a poco en el día está siendo acorralada desde hace varias décadas. Sus noches ya no se disfrutan caminando mientras se charla, ni se ven niños jugando en la mayoría de sus calles, porque cuando llega la penumbra la ciudad se va llenando de basuras y de seres solitarios, de borrachos, de indigentes, de travestis, de malandrines. Son como los ‘murciélagos humanos’ que recorren sus oscuras avenidas y callejones, porque ellos son los dueños reales de las noches de esta Bucaramanga, de otras ciudades del país y del mundo. Se acuestan en los separadores de la calle 36 o avenida ‘Rafael Uribe Uribe’, o en cualquier otro rincón de sus tenebrosas vías. Otros duermen al lado de su mascota, en medio de basuras que llenan la avenida y también los parques que se van poblando de los ‘señores de la noche’.

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Las otras propietarias de la noche son las basuras que están regadas por todas partes. Montañas de plástico, cartón y comida en descomposición. Las esquinas, los separadores, el pie de los árboles y al lado de las casetas de revistas y dulces son los sitios escogidos para arrojar los desperdicios de negocios, hogares y ventas ambulantes por parte de quienes lo hacen con la parsimonia de quien sabe que nadie, y mucho menos una autoridad, cuestionará su actitud. En este ‘territorio comanche’ no se conoce la palabra contenedor y las canecas hace rato se las robaron. Lo malo es que las basuras, en las tres noches en las que se hizo este recorrido, seguían en los mismos sitios. Por el contrario, día a día iban aumentando.

Los parques ya no son sitios de encuentro de familias ni de amigos como antes, excepto el de los Comuneros, el Girardot y el de Los Niños, que son como los parques de los pueblos con niños jugando y corriendo. En el de Los Niños se observan grupos practicando baloncesto, pero el resto, ustedes podrán verlos si se atreven a pasearlos.

El mito de la ciudad más limpia y la ciudad de los parques, la más cordial, la Ciudad Bonita, ya es cosa del pasado. No es sino recorrerla después de las seis de la tarde, para oler el miedo y no el tabaco ni el aroma de los mangos –cuando los había–.

En el parque Centenario además de la basura, hay personas en carro comprando droga o recogiendo adolescentes. Oscuro a pesar de su vecindad con el Teatro Santander.

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El parque García Rovira “en el corazón de Bucaramanga antigua, entre esbeltas palmas reales”, según María Cristina Úsuga, donde “se levanta la estatua del insigne hijo de Bucaramanga y mártir de la Independencia José Custodio Cayetano García Rovira”, fundida en Hamburgo (Alemania), es en las noches sitio de cambuches, preparación de mazorcas y pinchos, de descanso de los inmigrantes y otros desplazados, que hacen sus necesidades en los prados y hasta en la base de la estatua y su mármol de Carrara.

En muchas ciudades del mundo y principalmente en Europa saben que su centro histórico es sitio de respeto y de turismo, y por eso cada noche los bomberos lavan sus calles y parques. Protegen el turismo y mantienen los edificios en excelente estado, pero aquí, a pocos metros de la escultura del insigne mártir, está su casa abandonada y a punto de irse al suelo.

¿Será que Bucaramanga de noche es tan interesante como París?

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