En Vanguardia estamos cerca los barrios del área metropolitana. Cuéntenos qué está pasando en su comunidad y ayúdenos a visibilizar aquello que merece atención. Escríbanos con al correo eardila@vanguardia.com. Hoy llegamos al barrio La Cumbre.

Perteneciente a la comuna ocho de Floridablanca, el barrio La Cumbre nació entre 1952 y 1957 y tiene sus raíces en una antigua zona rural conocida como La Sabana, donde funcionaba la otrora finca El Carmen. Fue Luis Ramírez (q.e.p.d.) quien impulsó la parcelación de buena parte de estos terrenos y es reconocido por los vecinos como el fundador de La Cumbre.
Los primeros habitantes fueron, en su mayoría, familias de escasos recursos económicos procedentes de García Rovira y de otros municipios de Santander, quienes poco a poco fueron convirtiendo aquella colina en uno de los sectores más representativos de Floridablanca.

Hoy sus calles albergan grandes compañías, pequeños negocios, tiendas, almacenes, centros de abastecimiento y entidades bancarias que atienden las necesidades de miles de familias. También cuenta con importantes instituciones educativas, entre ellas el Instituto Técnico Industrial José Elías Puyana, sede C, el Colegio Gonzalo Jiménez Navas y el Instituto La Cumbre.
A esto se suman los escenarios deportivos, espacios que durante todo el año reciben campeonatos interbarrios y se convierten en lugares de encuentro para niños, jóvenes y adultos. Incluso esos polideportivos han sido escenarios de la pasión futbolera de los seguidores del Atlético Bucaramanga, demostrando que en La Cumbre el deporte también hace parte de la vida cotidiana.
El sector es epicentro de algunas de las ferias empresariales y artesanales más destacadas de Floridablanca, convirtiendo sus calles en vitrinas para emprendedores, artesanos y comerciantes. A esta dinámica se suma la construcción del Santuario Arquidiocesano de Nuestra Señora de Guadalupe, un proyecto religioso cargado de historia para la comunidad, donde anteriormente funcionó la Parroquia Nuestra Señora de la Providencia.
La zona también cuenta con la Capilla de San José y mantiene una estrecha relación con sus espacios de fe, que hacen parte de la memoria y de la vida diaria de sus habitantes.
Desde hace más de cinco décadas, los matachines y las llamadas ‘chirozas’ recorren las calles durante las celebraciones decembrinas, llevando color, música, imaginación y alegría a los hogares.
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La música también ocupa un lugar privilegiado en la identidad de este populoso sector. La cumbia encontró en La Cumbre una manera particular de interpretarse y bailarse, hasta desarrollar un estilo propio que con el tiempo ha llamado la atención más allá de Santander. En sus calles, esta expresión folclórica se vive con entusiasmo y se mantiene como parte de una herencia cultural que pasa de una generación a otra. Por eso, hablar de La Cumbre no significa únicamente referirse a un lugar de residencia; también implica reconocer una comunidad que ha construido su identidad alrededor del arte, las celebraciones populares y el encuentro entre vecinos.

Otro de los grandes símbolos del sector es el enorme tanque elevado de almacenamiento de agua potable, una estructura que desde 1972 domina el paisaje y que, con sus más de 27 metros de altura, puede distinguirse desde diferentes puntos de Floridablanca. Durante décadas, esta gigantesca torre ha servido como referencia para propios y visitantes y terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del barrio.
Así como las nuevas construcciones muestran el crecimiento de La Cumbre, el tanque representa la memoria de aquella comunidad que comenzó a consolidarse hace más de medio siglo y que hoy observa cómo el territorio sigue cambiando sin perder sus principales referentes.














