Las cosas buenas
Miércoles 04 de febrero de 2026 - 08:49 PM

Las cosas buenas de Bucaramanga: ¡Colores para nuestros barrios!

Pintar para vivir mejor: la apuesta integral que está transformando los barrios populares de Bucaramanga.

El color del barrio La Independencia, al norte de Bucaramanga. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
El color del barrio La Independencia, al norte de Bucaramanga. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

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La capital santandereana vuelve a mirarse desde sus laderas, allí donde las casas parecen sostenerse unas a otras como castillos de naipes, pero donde también habita una fuerza silenciosa y persistente: la de una comunidad que no se rinde. En estos barrios populares, históricamente asociados al gris del cemento y al olvido institucional, el color comienza a abrirse paso como una forma sencilla, pero poderosa, de esperanza y transformación.

La iniciativa no es nueva, pero sí necesaria. Se trata de devolverle vida a las fachadas, convertir los muros en lienzos y los vecindarios en postales que dignifiquen la cotidianidad de quienes los habitan. Ya ocurrió en sectores como Juan XXIII, La Independencia y Los Conquistadores, y ahora se anuncia su reactivación en Cordoncillos, las laderas de Pablo VI y Morrorrico, donde el paisaje urbano clama por una transformación amable y sostenida.

El valor del proyecto no reside únicamente en la pintura ni en los diseños artísticos, sino en la participación activa de la comunidad. Son los propios vecinos quienes aportan la mano de obra, se apropian del proceso y conviertan el embellecimiento en un acto colectivo de construcción de barrio. “Aquí no esperamos que todo nos lo regalen; queremos trabajar por nuestro barrio”, afirma doña Elvia Martínez, residente de Cordoncillos desde hace más de 25 años.

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Bonita transformación

Cuando una casa se pinta, algo más que la fachada cambia. El entorno se vuelve más acogedor, la convivencia se fortalece y la rutina diaria se llena de pequeños motivos para el orgullo.

“Uno llega cansado del trabajo y ver la casa bonita anima, da ganas de cuidar más el barrio”, cuenta José Gómez, joven habitante de las laderas de Pablo VI.

Los colores de mi barrio. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
Los colores de mi barrio. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

Este mosaico de colores hace parte del programa de Mejoramiento Integral Barrial, una propuesta urbanística que busca rescatar la imagen de los sectores populares y, al mismo tiempo, reafirmar el apelativo de Bucaramanga como Ciudad Bonita.

Tal como ocurrió en 2016, el objetivo es que el arte y el urbanismo caminen de la mano para generar cambios reales, visibles y sostenibles en el tiempo.

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No obstante, el proyecto va más allá del embellecimiento. También contempla obras estructurales orientadas a mejorar la seguridad y estabilidad de las viviendas, como la construcción de nuevos muros de contención y la intervención en puntos críticos donde el terreno lo exige. La comunidad entiende que el color importa, pero la tranquilidad es fundamental.

A estas acciones se suman ampliaciones y remodelaciones de espacios básicos, como los cuartos de aseo, mejoras que impactan directamente en la calidad de vida de las familias. “Nunca habíamos sentido que nos miraran de manera integral; aquí no solo nos pintan la casa, también nos ayudan a vivir mejor”, expresa con emoción Martha Gómez, líder comunitaria de Morrorrico.

La apuesta es clara: combinar infraestructura y embellecimiento urbano, entendiendo que la dignidad también se construye desde lo estético. Los colores, además de alegrar la vista, fortalecen el sentido de pertenencia y renuevan el ánimo colectivo de barrios que durante años han sido estigmatizados.

El color de nuestros barrios. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
El color de nuestros barrios. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

Este trabajo será posible gracias a la articulación entre el Municipio y las comunidades, en un ejercicio de corresponsabilidad que demuestra que cuando el Estado y la gente caminan juntos, los resultados se reflejan en cada calle y en cada fachada.

A futuro, la intención es replicar esta iniciativa en los asentamientos que funcionan como puertas de entrada a Bucaramanga desde distintos puntos cardinales, para que quienes lleguen a la ciudad se lleven una primera impresión cargada de color, vida y calidez.

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