La lactancia materna es un abrazo que se vuelve alimento y cadena de amor: es un vínculo silencioso donde la vida se nutre, se protege y le susurra al corazón de los bebés.

En el corazón de Bucaramanga, la mañana dominical se fue despertando lentamente, como si la ciudad también entendiera que lo que estaba por ocurrir no era un evento cualquiera. Entre miradas cómplices, brazos que acunaban y silencios cargados de sentido, comenzó a tejerse una experiencia profundamente humana. No era solo una jornada fotográfica: era un encuentro de vida, de historias que se reconocen sin necesidad de palabras.
La cita tuvo lugar en el Museo Simón Bolívar, donde poco a poco fueron llegando madres vestidas de negro, dispuestas como un lienzo sobrio que permitiría resaltar lo esencial. En contraste, sus bebés, vestidos de blanco, aportaban una luz suave y simbólica a la escena. Cada detalle parecía cuidadosamente pensado para honrar la pureza del vínculo, la entrega silenciosa y la belleza cotidiana de la maternidad.
Así se desarrolló Tetarte 2026, una iniciativa que, a través del arte fotográfico, busca sensibilizar a la comunidad sobre la lactancia materna y resignificarla ante la mirada social, convirtiéndola en un acto visible, digno y profundamente humano.
En medio de esta experiencia colectiva, Deby Villegas, representante de Tetarte Bucaramanga, explicó que la iniciativa forma parte de una ONG originaria de Chile que ha impulsado este proyecto en distintos países y ciudades del mundo.
En la capital santandereana, esta emotiva intervención ya ha tenido ocho ediciones, consolidándose como un espacio de encuentro, reflexión y transformación social.
Entre risas suaves, ajustes de ropa y arrullos espontáneos, comenzó a formarse la gran toma fotográfica. Las familias acompañaban con respeto y emoción, comprendiendo que la lactancia no es un acto aislado, sino un tejido de apoyo, comprensión y amor compartido. La cámara, silenciosa pero atenta, se convirtió en testigo de instantes que difícilmente se repiten.
Más allá de la imagen, Tetarte 2026 se consolida como un movimiento que recorre ciudades dentro y fuera del país con un mensaje firme: la lactancia materna debe ser visible, respetada y celebrada. En Bucaramanga, esa consigna cobró vida en cada madre que decidió participar, en cada historia que se dejó ver sin temor.

Para Luz Aydee Grimaldos de Soto, experta en la metodología Canguro, “la jornada también permitió comprender la profundidad de este acto cotidiano. La lactancia es alimento, pero también refugio, calma y lenguaje primario entre madre e hijo. Es salud, protección y vínculo. Y, al mismo tiempo, sigue siendo un acto de resistencia frente a una sociedad que aún, en ocasiones, no logra abrazar lo natural sin prejuicios.
Publicidad
Durante el encuentro, algunas madres compartieron fragmentos de sus vivencias: noches extensas, aprendizajes inesperados y retos silenciosos, pero también la certeza de estar construyendo algo invaluable. En sus miradas convivían el cansancio y la ternura, la entrega y el amor incondicional.
Las imágenes obtenidas en esta edición hablan por sí mismas. Cada fotografía revela la delicadeza de un instante irrepetible, la belleza de lo cotidiano elevado a arte y la fuerza invisible de un vínculo que sostiene vidas. Son imágenes que no solo se observan, sino que invitan a reflexionar.
Le puede interesar: (Más que café: la labor que llevó a Yheili Licet a ser Mujer del Año)
Iniciativas como Tetarte buscan precisamente eso: abrir conversaciones necesarias, derribar estigmas y transformar miradas. Aún hoy, muchas mujeres enfrentan juicios o falta de apoyo al amamantar en público, lo que hace aún más valioso este tipo de espacios que promueven empatía y comprensión.
La participación en Bucaramanga demuestra que el mensaje está llegando, que existe una comunidad dispuesta a acompañar, a visibilizar y a respaldar. Cada madre que se suma aporta, desde su experiencia, a un cambio cultural que se construye paso a paso.
Al final, lo que permanece no son solo fotografías, sino memorias vivas. Tetarte 2026 no solo capturó imágenes: capturó la esencia misma de un acto profundamente humano, ese que merece ser visto, comprendido y, sobre todo, respetado.
















