Conozca la historia de un joven bumangués que tuvo el honor de estar cerca de este proyecto, el cual soñó desde que tenía 9 años.

En medio de uno de los momentos más trascendentales de la exploración espacial moderna, Juan Felipe García Peña, un ingeniero de 21 años, natural de la capital santandereana, vivió de cerca el lanzamiento de Artemis II, llevando consigo no solo su talento, sino también el orgullo de toda una región que hoy ve reflejado su potencial en estos temas del espacio.
Su presencia en esta misión, así sea como un joven invitado, representa mucho más que un logro individual: es la confirmación de que desde Santander también se construye ciencia de alto nivel, capaz de trascender fronteras y posicionarse en proyectos de talla global.

Artemis II no es una misión cualquiera. Se trata del regreso del ser humano a la órbita lunar, más de cinco décadas después del último vuelo tripulado del programa Apolo en 1969. Este hito marca un nuevo capítulo en la historia de la humanidad, y por eso Juan Felipe se siente orgulloso de poder vivirlo de cerca.
El lanzamiento se realizó el pasado 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, donde cuatro astronautas emprendieron un viaje alrededor de la Luna. (Le puede interesar: Cuenta regresiva del Artemis II: esto debe saber sobre el regreso de humanos a la órbita lunar)
Entre más de 3.000 aspirantes de todo el mundo, nuestro santandereano fue seleccionado como uno de los cien jóvenes que integran este exclusivo grupo internacional, siendo además uno de los cuatro colombianos en alcanzar este reconocimiento.

Vanguardia logró hablar con el joven ingeniero santandereano, quien destacó la dimensión de esta experiencia. “Es una oportunidad única. No solo estamos viendo historia, estamos siendo parte de ella”, expresó con emoción.
Juan Felipe es ingeniero mecánico, egresado de la UPB, pero actualmente trabaja en proyectos de hidrógeno verde en la Universidad de Santander, UDES, en donde hace parte del área de motores, enfocándose en alternativas energéticas más limpias y eficientes.
Su trabajo busca optimizar sistemas de combustión, reduciendo emisiones y mejorando el rendimiento, un campo que no solo tiene impacto en la industria terrestre, sino también en el futuro de la exploración espacial.
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“Estamos desarrollando tecnologías que reduzcan las emisiones y optimicen el rendimiento. La idea es que lo que hacemos aquí también tenga impacto en la industria aeroespacial”, explicó durante la entrevista.
De acuerdo con Fernando Vargas Mendoza, quien lidera el proyecto del Hidrógeno en la UDES, “este enfoque se apoya en 10 años de investigación aplicada en hidrógeno de bajas emisiones, una línea en la que la institución ha logrado avances significativos, incluso en la reducción del consumo de combustible en vehículos tradicionales. Ya se ha comprobado un 30 % en la reducción del uso de la gasolina en vehículos y esperamos llegar al 50 % en pocos meses”.
Perfil de Juan Felipe
Pero el camino de Juan Felipe en este mundo de la ciencia comenzó desde muy temprano. Nacido en el seno de una familia académica, hijo de un docente y una ingeniera, creció rodeado de estímulos que fortalecieron su curiosidad.
Desde los 9 años mostró interés por la robótica, una pasión que fue creciendo con el tiempo y que encontró en el colegio un espacio para desarrollarse plenamente.
Durante su etapa escolar, se destacó como campeón nacional de Olimpiadas de Matemáticas, consolidando una base sólida en pensamiento lógico y resolución de problemas. “Siempre me gustó resolver problemas. Las matemáticas fueron la base de todo lo que hago hoy”, aseguró, recordando cómo esa disciplina marcó su formación.
Aunque de niño soñó con ser astronauta, con el tiempo comprendió que su aporte podía ser igual de valioso desde la ingeniería. “Me di cuenta de que también podía aportar desde la Tierra, diseñando, proponiendo, innovando”, comentó.
Estudió en Barrancabermeja en la Escuela Normal Superior del municipio petrolero y, según recuerda, “mi mundo esta compuesto de matemáticas, robots y proyectos. Tengo 21 años, pero se podría decir que llevo más de 12 en este sueño lunar”.
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Hoy está enfocado en la optimización de motores de cohetes, ideas que son evaluadas por expertos del sector.
Además, ha impulsado espacios de formación científica. Fue cofundador de un semillero de drones en su colegio, donde diseñó un prototipo capaz de analizar gases atmosféricos para medir la contaminación.
Actualmente lidera el Centro de Innovación y Desarrollo en Robótica y Astronáutica, CIDRA, desde donde promueve el acceso de jóvenes a la robótica y la industria aeroespacial. “Queremos abrir caminos, mostrar que sí es posible llegar a estos escenarios”, afirmó.
Hoy se siente orgulloso de saber que sus años de esfuerzo y disciplina tienen su recompensa y envía un mensaje poderoso: desde Bucaramanga, desde Santander, también se puede llegar a las grandes ligas de la ciencia mundial.
















