Mario Gómez Díaz acaba de graduarse como tecnólogo en Regencia de Farmacia en la UNAB. Pero este nuevo título no es una meta de llegada, sino otro capítulo en la historia de un hombre que ha hecho del estudio una forma de vida. A sus 75 años, continúa preparándose y avanza, incluso, en un doctorado en España.

Hay personas que estudian para obtener un título. Y hay otras para quienes estudiar se convierte en una manera de entender la vida. Mario Gómez Díaz pertenece a la segunda categoría. A sus 75 años, este hombre nacido en San Vicente de Chucurí, de raíces familiares en Zapatoca, acaba de recibir su título como tecnólogo en Regencia de Farmacia de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB. Podría parecer el cierre de una larga trayectoria académica. En su caso, es todo lo contrario: es apenas otro peldaño.
Porque Mario sigue estudiando. Y lo hace con la naturalidad de quien nunca ha considerado que la edad sea una razón válida para detenerse. Su historia es, ante todo, la de un intelectual apasionado por la formación. A lo largo de su vida ha pasado por distintas disciplinas, universidades y oficios, movido por una curiosidad que parece no tener fecha de vencimiento.
Estudió Filosofía en la Universidad Santo Tomás, institución en la que también se graduó como historiador. Posteriormente cursó una especialización en Gerencia de Proyectos en la Universidad Industrial de Santander, UIS. Y ahora se encuentra en proceso de formación doctoral en la Universidad de Huelva, en España.
A esa trayectoria acaba de sumar la Regencia de Farmacia. La elección de esta carrera tampoco fue producto del azar. Mario cuenta que sus abuelos tuvieron una droguería en Zapatoca y que ese vínculo familiar con el mundo de los medicamentos y el servicio farmacéutico despertó en él el interés por estudiar esta área.
Así ha sido siempre: una inquietud conduce a otra, un libro abre la puerta a otro, una profesión despierta nuevas preguntas.
Un hombre que nunca dejó de aprender
La hoja de vida de Mario Gómez Díaz también está atravesada por la cultura y la gestión. Trabajó en Cine Colombia y estuvo vinculado a instituciones como la Universidad Industrial de Santander, la Universidad de Santander, la Universidad Cooperativa de Colombia y Uniciencia.
También pasó por Medicina Legal y fue director de la Casa de la Cultura Custodio García Rovira, experiencia que refleja otra de sus grandes pasiones: la cultura como herramienta para formar ciudadanos y ampliar la mirada sobre el mundo.
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Amante del cine y de los vinos, ahora anda empecinado en organizar una cinemateca. Es otra muestra de esa curiosidad permanente que lo ha acompañado durante décadas: no solamente quiere disfrutar del conocimiento y de la cultura, sino también compartirlos y convertirlos en espacios para otros.
En su historia hay una idea que se repite con fuerza: nunca es tarde para estudiar. El título es importante, pero no es lo más importante Su reciente graduación tiene un enorme valor simbólico. A los 75 años, mientras muchos consideran que estudiar es una actividad reservada para los jóvenes, Mario demuestra exactamente lo contrario.
No se trata solamente de obtener un nuevo diploma. Se trata de mantener viva la capacidad de aprender. La edad, en su caso, no aparece como una barrera, sino como el resultado de una vida llena de experiencias que ahora se encuentran con nuevos conocimientos. Cada carrera, cada especialización y cada curso no borran lo aprendido anteriormente: lo complementan.
Por eso su historia puede servir de ejemplo para quienes alguna vez han pensado que ya es demasiado tarde para comenzar una carrera, regresar a la universidad o simplemente sentarse nuevamente frente a un libro. Mario Gómez Díaz demuestra que siempre se puede estudiar un poco más. Y que, posiblemente, una de las mejores maneras de envejecer sea precisamente conservar intacta la curiosidad.

A los 75 años, mientras celebra su título de tecnólogo en Regencia de Farmacia, Mario no parece estar pensando en cerrar libros. Al contrario, tiene nuevos proyectos, nuevas inquietudes y un doctorado en marcha.
Su vida académica deja una lección que va mucho más allá del último grado obtenido: la educación no tiene edad de jubilación. Mario lo sabe. Y, sobre todo, lo demuestra. Porque para él estudiar no ha sido una etapa de la vida. Ha sido la vida misma.















