Delicias La Morena dejó de ser solamente un punto de venta para convertirse en una experiencia de innovación que une tradición, emprendimiento y conciencia ambiental.

En las calles de Bucaramanga nació una historia que hoy brilla con luz propia. No es la de una gran empresa ni la de una millonaria inversión, sino la de una mujer que encontró en el trabajo, la tradición familiar y la innovación una oportunidad para salir adelante. Se llama Narlys Yalexis Fragozo, estudia Contaduría Pública en la Universitaria Tecnológica de Santander y demuestra que las grandes transformaciones también pueden comenzar en una pequeña venta ambulante.

Su emprendimiento, Delicias La Morena, está en la carrera 14 con calle 31, en el sector de los peleteros. Allí vende tintos, dulces y productos típicos de Chimichagua, Cesar, su tierra de origen. Lo que comenzó como una actividad para ganarse el sustento diario hoy es también una apuesta por la sostenibilidad y el uso de energías limpias.

Detrás de esta historia está su madre, Miladys Fragozo, quien durante 20 años trabajó en las ventas estacionarias y le enseñó que ningún oficio es pequeño cuando se realiza con dignidad. De ella heredó la disciplina, el amor por el trabajo y la perseverancia.

Narlys decidió continuar ese legado, pero quiso darle un nuevo aire al negocio: su puesto de trabajo pasó de la tradicional sombrilla a una estructura con techo de panel solar, pensada para aprovechar la energía del sol y reducir el consumo de electricidad convencional.

La iniciativa tomó forma con el apoyo de Andrés Manotas, su hermano. Juntos apostaron por una idea que rompe con la creencia de que la energía solar es exclusiva de grandes empresas o de quienes cuentan con importantes recursos económicos.
Su propuesta demuestra que también puede llegar al comercio popular y convertirse en una herramienta para mejorar las condiciones de trabajo. Así, Delicias La Morena dejó de ser solamente un punto de venta para convertirse en un ejemplo de innovación que une tradición, emprendimiento y conciencia ambiental.
“Este negocio viene de mi mamá y de todo lo que me enseñó. Yo quería continuar con esa tradición, pero también buscar nuevas formas de salir adelante. Con mi hermano, Andrés, empezamos a trabajar en esta idea de aprovechar la energía del sol y ahorrar recursos. Me siento orgullosa porque estamos demostrando que, con creatividad y ganas de trabajar, se pueden hacer cosas diferentes, incluso desde una pequeña venta ambulante”, dijo Narlys.
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Para ella, “emprender significa no quedarse quieta, aprender y encontrar oportunidades donde otros quizá solo ven dificultades”.
Su experiencia también deja una lección sobre el uso racional de la energía solar. No se trata simplemente de instalar paneles, sino de aprovechar responsablemente una fuente limpia y renovable, utilizar solo la energía necesaria y evitar desperdicios. Cada recurso bien administrado representa una oportunidad de ahorro y una contribución al cuidado del planeta.
En medio del comercio cotidiano de Bucaramanga, esta pequeña estructura solar recuerda que la sostenibilidad no depende del tamaño de una empresa, sino de la voluntad de cambiar hábitos y buscar alternativas.

Hoy, entre tintos, dulces y sabores de Chimichagua, Narlys sigue trabajando, estudiando y construyendo futuro. Su historia honra los 20 años de esfuerzo de su madre y demuestra que los sueños no necesitan grandes escenarios para comenzar. A veces nacen bajo una sombrilla, crecen con el apoyo de la familia y encuentran en el sol la energía para avanzar.
Delicias La Morena es mucho más que un emprendimiento: es el ejemplo de que la necesidad puede convertirse en oportunidad, que la innovación no tiene tamaño y que salir adelante también significa cuidar el mundo que compartimos.

















