Cuarenta estudiantes de los grados noveno a once crearon un panel solar con sistema de seguimiento y una aplicación que mide en tiempo real el consumo de energía en el colegio Villas de San Ignacio, en el norte de Bucaramanga

Publicado por: Danilo Cárdenas
Cuarenta estudiantes de noveno a once del Colegio Villas de San Ignacio, en el barrio La Inmaculada, en el norte de Bucaramanga, construyeron un panel solar que se mueve siguiendo la luz y una aplicación que mide, en tiempo real, cuánta energía consume su colegio.
El proyecto les valió este año el tercer lugar municipal en experiencias significativas de la Secretaría de Educación y el primer lugar en programación de la Red de Docentes de Tecnología e Informática de la ciudad.
Lo lograron en un edificio afectado por las grietas. En la sede, donde estudian cerca de 1.200 niños y jóvenes, la Secretaría de Educación desocupó 16 salones en septiembre y fijó un plan de contingencia que se extiende hasta el 13 de noviembre.
También lo hicieron empezando de cero, sin conocimientos previos. “Cuando iniciamos este proyecto, ellos no sabían nada ni de electrónica ni de programación”, recuerda la docente. Lea: Bucaramanga: ‘elefante blanco’ de $4.700 millones permanece saqueado y vandalizado

Panel que persigue el sol
Lo innovador de este proyecto es que el panel no permanece quieto. Sobre una base impresa en 3D, gira despacio, como una planta que busca la ventana. Carol Becerra, una de las estudiantes líderes del proyecto, explica su funcionamiento frente al prototipo. Después intervienen Brandon Ariza, Juan José Fonseca y Catalina Carvajal. Hablan con una soltura que, según sus profesores, hace un año no tenían.
El sistema tiene dos partes. La primera es el panel seguidor: unos sensores detectan de dónde proviene la luz y una programación activa los servomotores para que el panel la aproveche al máximo.
La segunda es el tablero de control que presenta Duvan Sierra: una aplicación, con versión para celulares, que registra el consumo en tiempo real, muestra cuánta energía generan los paneles y señala las zonas del colegio donde más se gasta.
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La aplicación también avisa si un panel falla o está sucio, porque uno cubierto de polvo recibe menos energía que uno limpio. Para incentivar su uso continuo, incluye retos, trivias y una tabla de clasificación.Antes de diseñarlo, el grupo dedicó dos meses a investigar cómo consumía energía su propia institución.
Con esos datos, se elaboró una simulación del colegio. El prototipo ya va por la versión 1.6. “Cada versión ha sido mejor que la anterior”, dice uno de los líderes.
Preparándose para El Niño
La idea nació de una pregunta sencilla: ¿cómo puede un colegio gastar menos energía? Los estudiantes relacionaron esa inquietud con lo que pasaba en el país.
Cerca del 70 % de la energía nacional proviene de las hidroeléctricas y, durante el fenómeno de El Niño, disminuyen los niveles de los ríos y los embalses. XM, el operador del sistema, ha advertido que los recursos podrían no ser suficientes para atender la demanda máxima de energía durante el verano, entre finales de 2026 y comienzos de 2027.
Para la profesora Sequeda, el mayor logro no está en el aparato. “Lo más importante es que hemos generado hábitos en la comunidad que han trascendido a cada uno de los hogares”, dice.
Los premios y los padrinos
Además de los dos reconocimientos, el grupo ocupó el puesto 17 a nivel local en las competencias STEM del Ministerio de Educación. Esa participación le abrió las puertas a una convocatoria de Computadores para Educar, que le entregó un kit maker.
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Con este llegaron la impresora 3D, los componentes electrónicos y el monitor inteligente en el que hoy funciona la aplicación. Los equipos llegaron en septiembre.Gracias al tercer lugar, Cidra, el Centro de Investigación y Desarrollo de Tecnología Robótica Aeroespacial, se ofreció como padrino tecnológico del grupo a partir del próximo año. Le recomendamos: Bucaramanga: alertan sobre graves grietas en megacolegio de 1.200 estudiantes
Lo que viene
Por ahora, todo es un prototipo. Llevarlo a una instalación real en el colegio cuesta mucho más de lo que tienen. Esperan obtener recursos de la Secretaría de Educación y del presupuesto de la institución. Aunque aún no tienen una cifra de cuánto costaría la implementación, quieren trabajar en ello durante 2027.
Mientras tanto, ya preparan un segundo proyecto. El colegio tiene un problema con las palomas y los estudiantes quieren resolverlo integrando paneles solares y sensores de proximidad. Creen que la solución podría servirles a otros colegios o fincas que enfrentan el mismo problema.
La coordinadora Esperanza Amaya Plata resume la apuesta como la formación de estudiantes que se apropien de su entorno y lo transformen. “Que ellos mismos cuenten las cosas y digan: esto lo logramos resolver”, dice.













