miércoles 03 de julio de 2019 - 4:55 PM

El tabaco, un arte que se niega a desaparecer en Santander

Detrás de la fabricación del producto insignia de Piedecuesta, donde se elaboran alrededor de 32 millones de tabacos al mes, están las personas que decidieron aprender este oficio debido a una tradición enraizada que, por múltiples factores, se ha ido perdiendo.

El tabaco, una planta propia de nuestra región y de nuestro continente, está fuertemente ligada a la historia santandereana. Nuestros antepasados indígenas la utilizaban como instrumento para rituales sagrados, como antídoto, o para sentir esa sensación de placer al fumarlo.

Con la llegada de los conquistadores, esta planta pasó a un plano más comercial, convirtiéndose en un producto cotidiano para la satisfacción. Sin embargo, su cultivo y proceso de elaboración para convertirse en ‘puro’ o ‘chicote’, sí está arraigado en la cultura e idiosincrasia de los ‘garroteros’ como se les llama a los nacidos en Piedecuesta.

Es así como esta planta, aparentemente sencilla y corriente que posee un componente que a muchos seduce, se convierte en el sustento de 6.500 familias, aportando el 40% al Producto Interno Bruto de este municipio que crece de manera acelerada, pero que no deja a un lado esos vestigios de pueblo colonial en donde se pueden encontrar diferentes tipos de este cigarro, así como las personas que los hacen.

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Los artistas

Con 62 años, José Ignacio Roa es un piedecuestano que ha dedicado 47 años a la fabricación del tabaco. “Yo me crié en este entorno. Cuando tenía 15 años empecé a trabajar en esto y no seguí estudiando”, comenta ‘Nacho’, como le gusta que lo llamen, sin detenerse ni un segundo en su labor. El paso del tiempo se ve reflejado en su rostro y en sus cabellos. No obstante, Ignacio no para, trabaja para conseguir el sustento diario.

Afirma que hacer tabaco tiene su ‘ciencia’ y no cualquier persona puede aprender de la noche a la mañana: “usted lo puede hacer no muy bien al principio porque se necesita mucha práctica, pero sobre todo amor por esto”.

Siempre se desempeñó como ‘fabriquín’, término que hace referencia a una o más personas que elaboran el cigarro, pero no cuentan con marca propia, algo un poco más artesanal. El puro que producen la mayoría de fabriquines es el más conocido en el municipio, pero su calidad no lo hace apto para meterse en el mercado internacional.

Es por esta razón que en el 2003, Azucena Sabala, quien desde los 8 años aprendió a hacer el tabaco tradicional, decidió ir más allá y crea junto a su esposo la marca ‘Cigarros Chicamocha’ con el fin de apuntar a un producto tipo exportación, similar a los famosos puros cubanos, pero a precios más asequibles.

“Es el mismo trabajo, pero con un proceso diferente. El tabaco que más se ve en el municipio es un tabaco crudo, donde, aparte del secado de la mata, no hay ningún otro proceso. La hoja no tiene mayor relevancia, máximo hay dos tipos. En cambio, en este depende de la semilla que se sembró, en qué región, a qué temperatura, el tiempo de fermentación. La elaboración es completamente manual porque la hoja es entera, no picada”, explica.

Angie Castro, hija de Azucena, es una joven experta en el tema, con mucha propiedad opina que en el municipio hace falta que se invierta o potencie la hoja de tabaco de calidad para que así se pueda impulsar mucho más la economía, ya que para hacer este tipo de habano, se necesitan muy buenas hojas y a veces en Piedecuesta no siempre se consiguen.

‘Cigarros Chicamocha’ tienen clientes de Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cartagena. En cuanto a la exportación, son los suizos, ingleses y estadounidenses los que han logrado fumarse uno de estos puros.

Azucena le debe al tabaco todo lo que tiene, pudo criar y sacar a sus hijos adelante, les ha brindado una estabilidad económica. Gracias a esta hoja conoció al amor de su vida, quien al igual que ella, cuando eran niños aprendieron este oficio por tradición familiar.

Así mismo, Azucena le ha brindado la oportunidad a que mujeres como Alexi Durán, Diana Carrillo y Marlene Carrillo, estas dos últimas que tienen en común no solo el amor por la elaboración del tabaco sino también el apellido, tengan una oportunidad de trabajo y una flexibidad horaria para dedicarse a otras tareas.

Es el caso de Diana, quien tiene un bebé que necesita de toda su atención, entonces cuadra sus horarios para poder cuidarlo. Tiene 33 años y desde los 14 empezó con esto. Comenta que desde niña le apasionó este arte.

“Mi mamá siempre fue tabaquera y a mí me gustaba verla trabajar. Yo siempre me sentaba a ver lo que hacía”. Para Diana, este oficio es sagrado y muy importante “aquí todo se hace a mano, las máquinas somos nosotras. Usted ve una hoja de tabaco y es una hoja cualquiera y nosotros la convertimos en esto tan bonito. Así como el que coge el barro y hace jarrones”.

Como Diana, Alexi y Marlene llegaron a este oficio porque desde pequeñas fue lo que aprendieron a hacer. Además, el amor que sienten por esta profesión se ve reflejado en la paciencia y delicadeza con la que cortan, enrollan, unen y prensan los puros.

Estas mujeres, ‘echadas pa’lante’ son el reflejo de que el género femenino es el que manda la parada en este quehacer, pues la elaboración de este producto, un 78% está en manos de las mujeres y solo el 22% restante en los hombres.

¿Una tradición que se está perdiendo?

Contrario al pensamiento popular, en Piedecuesta son muchas las personas que todavía se dedican no solo al cultivo de la hoja de tabaco, sino a la elaboración del cigarro. Hay por lo menos 200 tabacaleras entre el casco urbano y la zona rural. Este oficio que cuenta con más de 200 años de tradición, aún se mantiene debido a que siempre ha sido muy familiar. Sin embargo, como asegura Nacho, “tabacaleras todavía hay, lo que sí se está perdiendo es que las nuevas generaciones aprendan este oficio”

Junto a él, Azucena, Diana, Carolina y Marlene, comentan que las personas de su generación son las últimas que se le han medido a esto. “mis hijos no hacen tabaco, de los familiares jóvenes de nosotras, ninguno hace tabaco. Ya no hay; los niños ya no quieren aprender”, comenta Azucena.

Además, según comentan quienes trabajan en este oficio, el sector tabacalero se ha visto afectado por el contrabando y las leyes impuestas por el estado. “Ellos no han logrado diferenciar este tabaco respecto al cigarrillo y tenemos un montón de leyes que no nos facilitan las cosas”, expresa Angie Castro.

Justo el 5 de junio de este año, la multinacional tabacalera Philip Morris anunció que cancelaría su línea de fabricación de cigarrillos en Medellín y Barranquilla. Según el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria del Tabaco, entre 400 y 500 personas de Medellín, Barranquilla y Santander se verían afectadas. Sin embargo, Angie e Ignacio coinciden en que podría verse como una oportunidad para fomentar e impulsar las pequeñas empresas de la región y llegar a un acuerdo para que haya la menor cantidad de afectados posibles, fomentando un cultivo y elaboración de calidad para que Piedecuesta pueda ser vista como la cuna de los artistas que mejor saben convertir una hoja en ‘puro’ arte.

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