Una requisa rutinaria desató una pesadilla que lo llevó a prisión. Así descubrió que alguien más vivía su vida… y su crimen.

Carlos Estiben Morales vivió una pesadilla durante tres meses tras ser capturado y privado de la libertad por un delito que nunca cometió.
El pasado 27 de diciembre, mientras caminaba por una calle del barrio Suba, en Bogotá, fue abordado por agentes de la Policía para una requisa de rutina. Al verificar sus datos, los uniformados le informaron que tenía una orden de captura vigente por hurto calificado y agravado.
El desconcierto fue total. Morales aseguró no entender la situación, pues nunca había tenido problemas con la justicia. A pesar de sus protestas, fue conducido a la Estación de Policía de Suba y posteriormente recluido en dos centros penitenciarios más: la cárcel La Picota en Bogotá y la Colonia Agrícola de Acacías, en el Meta. Durante ese tiempo, perdió su trabajo y su estabilidad emocional, mientras trataba de entender cómo había llegado a esa situación. Lea: Más de 127.000 estudiantes presentarán este domingo las pruebas de Estado 2025-1
Un hombre estuvo preso tres meses acusado de ser un delincuente. El verdadero ladrón, quien cometió el delito, se robó su identidad, lo suplantó y las autoridades no cotejaron bien la información, enviándolo a la cárcel.
— Noticias Caracol (@NoticiasCaracol) April 3, 2025
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Suplantación de identidad y fallos en el sistema
El origen del error se remonta a 2023, cuando un delincuente fue capturado en flagrancia mientras asaltaba a una mujer, a quien le robó unos aretes de oro con incrustaciones de esmeraldas. Al momento de su detención, el criminal entregó los datos personales de Carlos Morales, incluyendo su número de cédula.
Sorprendentemente, las autoridades no cotejaron adecuadamente las huellas dactilares ni realizaron una verificación exhaustiva de identidad. Así, el verdadero agresor quedó en libertad condicional, mientras Morales fue incriminado formalmente en el proceso judicial.
Según Vivian Velásquez, abogada del afectado, hubo una clara falla en el procedimiento de individualización e identificación al momento de la captura. “Cuando la Fiscalía legalizó la detención del delincuente, debió comparar las huellas para confirmar su identidad. No entendemos por qué no se hizo correctamente”, declaró la jurista a Noticias Caracol.
El caso, además de evidenciar una grave falla en los protocolos judiciales, deja en evidencia la fragilidad del sistema frente a la suplantación de identidad. Los abogados defensores han resaltado que las características físicas del verdadero agresor son completamente distintas a las de Morales, y hasta el momento, se desconoce el paradero del delincuente original.
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Morales, por su parte, espera que su caso no solo sea resuelto con justicia, sino que también sirva de ejemplo para evitar que otros ciudadanos inocentes vivan una experiencia tan devastadora.
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