El gobierno entrante de Abelardo De La Espriella apuesta por fortalecer lazos con Estados Unidos e Israel y redefinir el papel de Colombia en América Latina en sintonía con gobiernos afines a su ideología de derecha.

El nuevo presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella, ya ha destapado algunas de sus cartas diplomáticas y alianzas estratégicas internacionales que marcarán el rumbo de la política exterior de cara a lo que será el próximo cuatrienio en el país.
En primer lugar, el gobierno entrante ya anunció su adhesión directa al bloque ideológico del Escudo de las Américas, una alianza estrecha de varios países con la administración de Donald Trump contra el narcotráfico, el crimen organizado transnacional y la migración irregular, y en particular, un lineamiento ideológico con la extrema derecha en la región.
Cabe señalar que en los últimos años, América Latina ha experimentado un avance de nuevos liderazgos de derecha en países como Argentina, El Salvador, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Chile y recientemente Perú y Colombia, frente a gobiernos de izquierda como México, Brasil, Uruguay.
Así pues, la llegada de De La Espriella al poder en Colombia puede interpretarse como parte de un proceso de reconfiguración política que atraviesa América Latina desde finales de la década pasada.
Julio Benavides, investigador en Medios, Cultura y Latinoamérica de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), opina en ese sentido que el nuevo mandatario colombiano se inscribe dentro de una corriente de liderazgos conservadores en el continente americano que comenzó con Donald Trump en Estados Unidos y que posteriormente encontró expresiones en figuras como Jair Bolsonaro en Brasil, Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina.
A este grupo también se sumaron dirigentes como Keiko Fujimori en Perú, Daniel Noboa en Ecuador y José Antonio Kast de Chile, representantes de una derecha con diferentes matices, pero con agendas similares en temas de seguridad, economía y política internacional.
“Una pléyade de histriónicos personajes elegidos para la presidencia de la República” que siguen un mismo libreto, destaca el académico.
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Una política exterior alineada con Washington
En política exterior, Benavides prevé un mayor alineamiento con Estados Unidos e Israel, favorecido por los vínculos internacionales del nuevo mandatario y por decisiones como el anuncio de trasladar la embajada colombiana en Israel a Jerusalén. Según el experto, esta orientación acercaría a Colombia a las prioridades estratégicas de Washington en materia de seguridad y cooperación.
Además subraya que los actuales gobiernos de izquierda en la región, “no hay quien tenga el estilo beligerante de (Gustavo) Petro, y eso puede desarmar la dureza con que De La Espriella les plantee cara”.
En cuanto a Venezuela, aún es incierto la relación que establecerá De La Espriella con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, que gobierna bajo la tutela de Washington desde la captura de Nicolás Maduro en enero pasado. Aunque todo parecer indicar que la supeditación del diálogo bilateral con Venezuela a las directrices de Estados Unidos constituirá el eje central de este esquema, reconfigurando la postura de Colombia en el mapa geopolítico hemisférico.
Llegada al poder en medio de coyuntura estadounidense
Para Juan Carlos Sánchez Sierra, docente de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Distrital, llama la atención que la entrada del nuevo gobierno colombiano ocurre precisamente en un momento en el cual la política exterior norteamericana, que fue la que definió ese viraje de prácticamente toda la región, empieza a mostrar su naturaleza más cruda, en la medida en que Estados Unidos enfrenta problemas en su economía y en consecuencia, un impacto social.
Y esto, según Sánchez Sierra, tendrá un efecto en los países de América Latina que se han alineado con Washington, y están, en este momento, en esa transición o avanzan con gobiernos de extrema derecha, lo que puede ser de carácter expansivo.
Por ejemplo, cita el caso de Argentina, país que experimentó una situación extremadamente especulativo, y en los primeros 10 meses del gobierno de Miley ya se empezó a manifestar el efecto social de las medidas de reforma. “En Colombia deberíamos esperar que ocurra lo mismo con De La Espriella, y, al nivel de relación internacional, será más como afianzar ese Escudo de las Américas de Estados Unidos, que realmente favorece mucho la fragilidad en este momento de su economía, manifestada en la forma como cae el precio del dólar de una manera muy acelerada en Colombia, pero que, en general, América Latina tiene la misma tendencia”, explica el académico consultado.
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Es decir, la alineación latinoamericana con la extrema derecha estadounidense podría amortiguar su crisis económica, pero las medidas contractivas generarán ajustes y efectos sociales, debilitando de esta forma a las oposiciones de izquierda y liberales.
En materia internacional, Sánchez Sierra considera que América Latina deberá crear nuevos foros e instituciones que sustituyan el papel debilitado de la OEA, en un contexto de giro regional hacia la derecha y de creciente influencia estadounidense. En contraste, apunta, Brasil y México enfrentarán dificultades para mantener proyectos de izquierda y liderar esa reorganización.
El riesgo de la extrema derechización
Ahora bien, Benavides advierte igualmente que esta tendencia a la extrema derechización tensiona más el escenario político del diálogo, fortaleciendo escenarios de confrontación en los que el adversario político es visto como un enemigo y donde las diferencias ideológicas continúan funcionando como mecanismos de inclusión y exclusión dentro del debate público.
Por ello, dice que el desafío inmediato de De La Espriella es gobernar un país profundamente dividido. “Tanto De La Espriella como Fujimori deben tener en cuenta que fueron elegidos por una diferencia mínima. El reto es cómo se gobierna para esa mitad del país que no votó por ellos, siendo fieles a la idea de que se gobierna para el país y no para sus partidario”.
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Benavides considera que la estabilidad política dependerá de la capacidad del Gobierno para representar al conjunto de la nación y no únicamente a su electorado, y que más allá de las diferencias ideológicas, tanto los gobiernos de izquierda como los de derecha enfrentan un reto común: consolidar proyectos políticos sostenibles que respondan a las necesidades de la ciudadanía sin debilitar las instituciones democráticas.
Porque si algo muestra la historia reciente de la región, es que el péndulo político puede moverse rápido.














