El sacerdote jesuita dedicó buena parte de su vida a documentar hechos relacionados con el conflicto armado y a acompañar a comunidades víctimas de la violencia.

Publicado por: Redacción Vanguardia
El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno murió este martes 25 de agosto en Bogotá, después de permanecer hospitalizado en estado crítico tras sufrir una caída en su vivienda el pasado 17 de agosto.
La noticia fue confirmada por personas cercanas al religioso, cuya trayectoria estuvo marcada por el acompañamiento a comunidades afectadas por la violencia y por su trabajo de documentación sobre el conflicto armado colombiano.
Giraldo, nacido en 1944, hizo parte de la Compañía de Jesús y desarrolló durante décadas una labor vinculada con la defensa de los derechos humanos. Su trabajo lo llevó a recopilar testimonios y registros sobre hechos violentos ocurridos en distintas regiones del país.
Una vida dedicada a documentar a las víctimas
Durante su trayectoria estuvo vinculado al Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), donde participó en el trabajo relacionado con el Banco de Datos de Derechos Humanos y la revista Noche y Niebla.
❤️ Hoy nos unimos en oración por el padre Javier Giraldo S.J.
— CINEP/PPP (@CINEP_PPP) August 24, 2026
En Cinep celebramos una Eucaristía por su salud y pronta recuperación. Gracias a quienes nos acompañaron con su fe, esperanza y cariño.
Seguimos orando por ti, padre Javier. 🙏#FuerzaPadreJavier pic.twitter.com/ZK59TlQN9e
También fue uno de los fundadores de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, organización desde la que acompañó procesos de comunidades afectadas por el conflicto.
Uno de los capítulos más importantes de su vida estuvo relacionado con la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, en Antioquia. Durante años acompañó a sus integrantes y recopiló información sobre hechos de violencia ocurridos en esa zona.
Entre los casos que documentó estuvo la masacre de 2005, en la que fueron asesinados el líder comunitario Luis Eduardo Guerra, varios integrantes de su familia y otras personas vinculadas a la Comunidad de Paz.
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Su trabajo también quedó plasmado en diferentes investigaciones y publicaciones sobre el conflicto, el paramilitarismo, el despojo de tierras y la relación entre actores económicos y estructuras armadas.
También dedicó años a buscar a Camilo Torres
Otro episodio que marcó la trayectoria de Giraldo fue la búsqueda de los restos del sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, quien murió en 1966 durante un combate en Santander cuando pertenecía al ELN.
Giraldo mantuvo durante décadas el interés por esclarecer el paradero de sus restos. Ese proceso finalmente tuvo un desenlace este año, cuando fueron identificados y recuperados los restos de Torres.
#ENVIDEO📹 | 📌La directora de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas #UBPD, Luz Janeth Forero, compareció en una rueda de prensa con los detalles de la entrega que se hizo el #15FEB, de los restos del cura Camilo Torres Restrepo, quien fue miembro del #ELN y… pic.twitter.com/YDIku6LeNB
— teleSUR TV (@teleSURtv) February 16, 2026
La búsqueda tenía además un significado personal para Giraldo, quien había encontrado en la figura de Camilo Torres una de las referencias que marcaron sus primeros años como sacerdote.
Un archivo sobre décadas de violencia
A lo largo de su vida, Giraldo publicó investigaciones y libros en los que dejó registro de sus análisis sobre el conflicto colombiano y las estructuras paramilitares.
Su trabajo generó respaldo entre organizaciones de derechos humanos y comunidades que encontraron en él a un acompañante para llevar sus denuncias ante distintas instancias. También fue objeto de cuestionamientos por sus posiciones frente a la actuación del Estado y de otros actores del conflicto.
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Más allá de las controversias que acompañaron algunas de sus investigaciones, su nombre quedó ligado a una extensa labor de recopilación de testimonios, documentos y denuncias sobre la violencia en Colombia.
Con su muerte, el país pierde a uno de los sacerdotes que durante varias décadas decidió llevar su labor religiosa más allá de los espacios tradicionales y ponerla al servicio del acompañamiento de comunidades golpeadas por la guerra.
















