lunes 26 de mayo de 2014 - 12:36 PM

Reconciliación: el perdón no cambia el pasado, pero sí el futuro

“El perdón no cambia el pasado pero sí cambia el futuro”, es la frase que quizás ha sido el motor para que todos aquellos que han padecido la violencia.
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Es la frase de personas que han sido víctimas de los hechos más atroces, que han decidido decir ‘No más’ y se han llenado de esperanza y fuerza para dar un paso adelante, lejos del rencor, decir ‘lo perdono’ y comenzar a escribir una nueva historia.

Ese, justamente, es el propósito de Reconciliación Colombia, una iniciativa de la sociedad civil que busca a través del diálogo regional incentivar y hacer visibles los procesos y experiencias de reconciliación que viven las distintas regiones del país que han sufrido directamente las consecuencias del conflicto armado y otras formas de violencia.

Como una de las principales labores de esta iniciativa es hacer visible estos procesos y promover que se sigan dando, han viajado durante nueve meses a distintas regiones del país que se han visto mayormente afectadas por estos actos de violencia para hablar con la gente, conocer su historia e incentivar el perdón.

Entre los tantos casos de reconciliación que ha vivido el país se encuentra Jenny, una mujer que vivió las atrocidades de la guerra en carne propia.

El 17 de septiembre de 2001 en el municipio de Puerto Triunfo, Antioquia, un grupo paramilitar atacó la región acabando con la vida de la madre de Jenny cuando ella tenía apenas 20 años y su madre era su único sustento. Por ello tuvo que empezar a trabajar, vender todo lo que tenía, quedando sola en medio de la miseria.

Tras el crimen de su mamá, Jenny, quiso descubrir quién había sido el asesino, encontrarlo y vengar su muerte. Cuando lo descubrió, supo que se trataba del entonces jefe paramilitar Ramón Isaza.

El odio y el rencor se apoderaron aún más de ella, al punto tal de que, asegura, esos sentimientos la llevaron a padecer de cáncer.

UNA LUZ EN SU VIDA

A veces, cuando todo parece más oscuro es cuando comienza a aparecer la luz. Para muchos, cualquier 'mala pasada' de la vida significa una gran tragedia, el abandono de Dios y el fin de la esperanza.

No obstante, hoy Jenny agradece el cáncer que le descubrieron porque sin él, el perdón y la reconciliación no habrían sido posible.

Postrada en la cama donde padecía la enfermedad que los médicos aseguraron acabaría con su vida, su madre se le apareció en un sueño pidiéndole que perdonara a Ramón Isaza, que él todas las noches le rezaba al cielo implorando su perdón, que ella ya lo había perdonado y que él la iba a buscar y la iba a encontrar para también pedirle perdón, y que ella debía hacerlo porque su mamá, desde el cielo, lo había podido hacer.

Culpando a los medicamentos y sedantes, Jenny quiso hacer a un lado aquel sueño, sin embargo cada día, en el fondo de su ser, retumbaban las palabras de su madre y se hacían más intensas, aunque dentro de sí el odio que sentía por aquel hombre no disminuía, por el contrario, cada día era más intenso.

Lo que Jenny no sabía es que en Bogotá, en la cárcel La Picota, Ramón Isaza, luego de desmovilizarse estaba pagando una condena por los delitos cometidos y rezaba cada noche a la mujer que asesinó, rogándole por su perdón y por el de su hija.

Cuando el cáncer de Jenny estaba a punto de quitarle la vida, el exparamilitar tuvo que viajar a Antioquia a realizar un proceso de identificación de cadáveres y pidió que le permitieran encontrarse con ella porque necesitaba pedirle perdón.

El permiso se le concedió y Ramón Isaza entró a la clínica donde estaba Jenny y envuelto en lágrimas de arrepentimiento le suplicó que lo perdonara. Ella, recordando el sueño que tuvo con su madre, donde le suplicaba que perdonara a aquel hombre, lo hizo y con un abrazo que parecía imposible le concedió su perdón.

“Yo ese día le pedí perdón a él, lloré y le supliqué que me perdonara también porque lo había odiado y lo había querido matar”, recuerda Jenny de forma emotiva, al contar un hecho que para cualquier ser humano en la tierra parecería imposible: que la víctima pida perdón a su victimario por el odio que le ha sentido.

Después el momento en que esta mujer que había pasado más de 10 años cargada de odio y soportando un cáncer que la estaba matando poco a poco, pudo levantarse de la cama.

Hoy su cáncer ya no existe y aunque resultó milagroso, para ella no hay milagro más grande que el perdón. “Ese fue el verdadero milagro que hizo Dios, no el de curarme el cáncer, sino el del perdonar”, dice con convicción.

Ahora Jenny es líder de víctimas y trabaja con el bloque paramilitar al que perteneció Ramón Isaza, colaborando en las labores de identificación de cuerpos y fosas, y visita constantemente la cárcel La Picota.

MÁS PERDÓN

Así como la historia de Jenny, gracias al trabajo realizado con Reconciliación Colombia muchos hombres también que se cansaron de odiar y prefirieron poner el grano de arena más grande que se puede poner un momento como el que atraviesa el país para encontrar la paz.

César y Luis Ernesto fueron el secuestrado y el secuestrador, respectivamente. “Hay personas que de verdad perdonan de corazón”, asegura Luis Ernesto mientras recuerda el daño inmenso que le hizo a César cuando perteneció al grupo guerrillero donde creció por no tener más oportunidades a su alrededor.

“Yo a él le hice mucho daño, luego me desmovilicé, empecé a trabajar con él y descubrió que yo había sido uno de los guerrilleros que alguna vez lo habían secuestrado. Yo, aunque había decidido cambiar de vida, no me había podido olvidar de eso, de ese tiempo y del gran daño que hice; le pedí perdón y él, que es un gran hombre, me perdonó” cuenta Luis Ernesto.

Como ellos, muchos caso más se han dado dejando espacio para las historias de amor, como la del paramilitar enamorado de la guerrillera que sólo después de dejar las armas pudieron unirse y vivir el amor que anhelaban y la guerra les impedía.

Historias que parecen imposibles han demostrado que todo, absolutamente todo es posible, han demostrado que los hombres están exhaustos de la guerra, que quieren cambiar y que están dispuestos hasta lo imposible para dar el paso que necesita Colombia para dejar atrás las historias atroces de crímenes y asesinatos que han atormentado su historia desde hace seis décadas.

Por eso, como aseguró Jenny, citando lo que alguna vez dijo William Gladstone, un ex ministro británico, “cuando el poder del amor sea más grande que el amor al poder, ese día el mundo conocerá la paz” y ella ya ha conocido el poder del amor a través del perdón y ha dicho “Sí es posible la paz”.

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