La jugadora de la Selección Colombia femenina Sub-17, Samantha Rodríguez, fue clave para clasificar al equipo al Mundial Femenino de fútbol Sub 17 que se celebrará en octubre y noviembre de este año. Esta es la historia de ese partido, del talento y la resiliencia de una joven migrante que se abre camino en lo que le apasiona.

Publicado por: Karol S. González Granados
Con un gol a los 26 segundos de haber iniciado el partido, la selección Colombia Sub-17 inauguró el marcador contra Ecuador en su disputa por un lugar en el Mundial Femenino en República Dominicana. La emoción y la adrenalina se apoderaron de las jugadoras, el ambiente en el estadio rompió toda frontera y los asistentes se acomodaron en sus sillas tras el debut del equipo que comenzó a todo ‘vapor’. Sin embargo, en una lucha por igualar el marcador, Ecuador anotó su primer gol en el minuto 3. Allí empezó la verdadera disputa.
Finalmente, se acabó el primer tiempo con un marcador empatado, resultado que de momento dejaba a Colombia con dudas, pues ya no dependía de sí misma y tendría que esperar el resultado entre brasileñas y paraguayas.
Para el segundo tiempo el equipo de Carlos Paniagua salió a darla toda en la cancha, sin pensar en que un error les costó un nuevo gol. La arquera Luisa Agudelo rechazó mal una pelota y la ecuatoriana Delgado le facturó su doblete ‘bañando’ a la golera ‘cafetera’.
A pesar del duro golpe, la tricolor apeló a su carácter para doblegar y remontar el partido.
Samantha Rodríguez empató al equipo con un segundo gol y allí comenzó el sueño, la esperanza y la lucha que dio como resultado la victoria.
Samantha, goleadora, líder, está lista para más. Y así es su vida. Esta joven de dieciséis años se ha convertido en inspiración para todas aquellas niñas que quieren dar su salto al fútbol. Que quieren mostrar que este deporte también es para ellas. Y golean, patean, defienden y luchan.
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Samantha, de nacionalidad colombiana y venezolana, es disciplinada. Juega desde los siete años, cree firmemente en que está hecha para grandes cosas y en que es posible trabajar juntos por un futuro que nos de cabida a todos.
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Una racha goleadora
En el minuto 70 Samantha Rodríguez dio pie a una racha de anotaciones, la ‘16′ del equipo aprovechó un rebote y ‘cazó’ la pelota, tras un tiro libre de Mariana Silva apuntando un golazó épico que empataría nuevamente el marcador. Su reacción en la cancha fue emocional, la inundó la pasión futbolera y un profundo agradecimiento a Dios. La anotación la llevó a santiguarse y dar un grito de alegría, celebró con sus compañeras y envió un mensaje de amor a todo un país, formando un corazón con sus manos.
El ímpetu de las jugadoras no se ausentó del césped: tres minutos más tarde, Maithe López volvió a evidenciar su buen momento en el Sudamericano y marcó el 3-2 en el tablero para toda la euforia de las ‘cafeteras’, que lograban darle vuelta al marcador.
“Ese gol fue el que más celebré, en ese momento no pensaba en mi anotación, sino en el gol que nos estaba llevando a la victoria y a estar un paso más cerca de clasificar. Me dieron muchas ganas de llorar, estaba muy emocionada, no podía dejar de pensar en que lo estábamos logrando”, contó Samantha.
Sin embargo, en ese momento me mantuve calmada y serena, el partido aún no había terminado y en cualquier momento las cosas podían dar un giro inesperado. No puedes confiarte e ir sobrada”, dice Samantha.
Aunque el equipo estaba muy cerca de lograrlo, faltaba un poco más. Nikol Rojas fue la encargada de marcar el cuarto gol en el minuto 75 y de esa forma darle mayor tranquilidad a las colombianas en la femenina Sub-17 que no bajó los brazos y siempre se mantuvo alerta y en forma para responder en la cancha. Ese 4-2 en el tablero las certificaba en el Mundial de República Dominicana.
En el minuto 90, un pito de desenlace enmarca el inicio de una nueva etapa, un triunfo logrado y miles de emociones encontradas.
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“Todas nos pusimos a llorar, yo fui a buscar a mi compañera Maithe que también es santandereana, porque las dos sabemos cuánto nos hemos esforzado y lo duro que hemos trabajado por llegar hasta aquí. Han sido entrenamientos compartidos a base de un apoyo incondicional, donde si alguna de las dos tuvo un bache o mal día, ahí está la otra para soportar, es inexplicable la satisfacción que genera estar en una cancha representando a todo un país, alcanzando un acontecimiento tan importante. Es un logro en equipo porque eso somos”.

Alcanzar la gloria
A sus 16 años, Samantha Rodríguez ha logrado lo que a sus siete años de edad veía inalcanzable. Nacida en Venezuela pero con padres colombianos, llegó al país sin esperar lo que Dios tenía preparado para su vida.
En el 2014 la familia dió inicio a la travesía colombiana. Por eso, para ese año se instalaron en la ciudad de Bucaramanga. Desde Caracas, Venezuela, con un pensamiento de éxito y progreso, los padres de Samantha emprendieron una nueva vida. Lili Curubo, su madre, quien es colombiana pero vivió desde muy pequeña en Venezuela y Orlando Rodríguez, su papá , quien es nativo venezolano; juntos buscaban para Samantha un proyecto de vida que la hiciera triunfar y reflejara los valores morales y espirituales que siempre le han inculcado.
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Fue así como matricularon a Samantha en un colegio privado de Santander, donde ellos tenían la ilusión de poder otorgarle a su hija buenas bases y respaldar con su educación los valores que ya le habían sido inculcados. A pesar de ser una familia solida, su única preocupación era la adaptación de Samantha, ya que su nacionalidad colombo- venezolana le podría generar barreras y prejuicios que impactarían en su identidad y desarrollo. La xenofobia es un tema que infundía temor en el corazón de estos padres, pues las crisis migratorias son actualmente una constante visible en diferentes países del mundo. No obstante, lo que significó para ellos un obstáculo terminó siendo la oportunidad de integrarse lejos de su tierra natal.
A pesar de ello, Samantha manifestó que hasta hoy no ha sufrido ningún tipo de Bullying y que siempre fue tratada como Santandereana, sin importar que tuviera raíces venezolanas. A ello, su madre agregó que desde un principio ella manifestó dicha preocupación a la rectora del colegio, en la que encontró una respuesta muy positiva, pues la institución buscaba fortalecer las relaciones entre sus estudiantes sin crear barreras fronterizas ni estereotipos sociales, brindando un lugar en el que sus alumnos se sintieran seguros de sí mismos mediante programas inclusivos fortalecedores para toda la comunidad educativa.
Un espejo familiar
Los niños son el reflejo de su familia y el ejemplo de los mayores. Esto era algo que Samantha reflejaba constantemente. Su hermano fue el espejo que la llevaría a tocar por primera vez un balón, sin saber que este se convertiría en una de sus pasiones.
“Mi hermano jugó un papel importante en mi formación, uno siempre quiere copiarle al hermano y ahí estaba yo. Si él no comía algo, yo tampoco comía y si él pateaba un balón y jugaba fútbol, yo me le metía”, dice.
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Todo empezó como un hobby con el que sus padres no estuvieron muy de acuerdo, pero aún así la apoyaron. “Después de entrar al colegio, el profesor de la lúdica descubrió mi talento y me propuso entrar a la escuela, a mí me gustó mucho la idea porque siempre se lo manifesté a mis papás, pero siempre se negaron”.
Y justamente ahora, Samantha tuvo su gran oportunidad.

El papá de Samantha explica que esta era la primera vez en que tres santandereanas representaban al país en una competencia eliminatoria para conseguir un cupo en el mundial femenino Sub 17 que se llevaría a cabo en República Dominicana en octubre de este año.
En general, el fútbol femenino está abriéndose paso en las altas esferas de deporte. Gracias a estos torneos y a referentes como Samantha, la Federación Colombiana de Fútbol ha estado notando el gran talento de las mujeres.
Algunas jugadoras a nivel nacional como Natalia Gaitán e Isabella Echeverri han señalado la necesidad de más apoyo para ellas y este deporte, que, además, no es lo que muchos padres esperan que practiquen sus hijas.
“Cuando yo la llevé por primera vez a un entrenamiento, ella parecía una muñequita al lado de esas niñas tan grandes. Samantha era pequeña y delgada y yo la veía moviéndose de un lado para otro, bailando y pensé que debía ser porrista o bailarina”. Sin embargo, con el tiempo, estos padres descubrieron el talento oculto que tenía su hija y el que ahora apoyan.
Contra todo pronóstico, Samantha es una ganadora y sueña con alcanzar la gloria en equipos de talla europea, principalmente los de Inglaterra o Reino Unido como el Manchester United o el Manchester City.
Su mamá reconoce que este deporte, el tan querido fútbol, además de unir a toda una familia, también une corazones de nacionalidades distintas.
Samantha y su familia saben que debe haber espacio, amor y respeto para todos.











