lunes 16 de diciembre de 2019 - 9:55 AM

Una historia de Esperanza

María Esperanza Delgado o Pancha, como le gusta que la llamen, es una de las mejores basquetbolistas que tiene Santander y el país. Aunque con este deporte ha logrado grandes metas, a quien le ‘debe todo’ es a su madre, de quien lleva el mismo nombre y que tomó la decisión de adoptarla cuando fue abandonada en una calle de Bucaramanga.
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Dicen que hay encuentros que marcan la vida, y Pancha es una joven que puede dar fe de eso.

Hoy, convertida en una basquetbolista profesional nacional e internacional, esta joven puede decir que aquel que se llevó a cabo hace 23 años, entre su madre adoptiva y ella, ha sido la mejor coincidencia que le ha pasado en su vida.

De sus padres biológicos no conoce nada. Lo único que sabe es que nació un
9 de marzo a las 3:00 de la mañana y que fue abandonada horas más tarde ese mismo día en el barrio San Miguel, de Bucaramanga.

Sin embargo, aunque eso es una parte de su vida que todavía la inquieta, Pancha entiende esa decisión, que en su momento fue desafortunada, como la mejor oportunidad que Dios pudo darle, pues Esperanza Delgado, quien era la directora regional del Instituto Colombiano del Bienestar Familia, Icfb, en esa época, vio en ella la hija que siempre soñó, le transformó la vida a esa pequeña niña y reescribió su historia para convertirla en lo que hoy es.

¿Qué sabe de ese primer encuentro que tuvo con su mamá?

El día que me fui con ella a la casa fue el 26 de julio de 1996. Yo siempre supe toda la verdad, no recuerdo un momento en el que mi mamá me haya dicho “nena, tú eres adoptada”, creo que ella siempre me lo dijo desde bebé y para mí siempre fue normal saber eso, nunca sentí pena ni vergüenza. Aparte que mi mamá siempre me lo contó como una historia bien bonita que acepto y que me llevó a una familia espectacular.

¿Alguna vez pensó en buscar a su familia biológica?

Sí, todavía. No es que la necesite, no es que me muera todos los días pensando ¿qué será de ellos?, ¿por qué me dejaron? Sino para responder algunas preguntas que siempre he tenido y que son normales.

Cuando tenía 13 años, intenté buscarlos con mi mamá. Fuimos al barrio San Miguel a preguntar, pero nadie me dio razón. Por eso siempre hablo de forma tan detallada de la fecha y la hora de mi nacimiento, porque alguien se tiene que acordar, y espero algún día poder encontrarlos, solo por resolver muchas preguntas, porque es algo de mi vida que es inconcluso.

¿Qué piensa de la adopción y del tema legal que se ha tratado en el país?

En mi familia nunca me hicieron sentir que no era parte de ella. Con mi familia y mi mamá me fue muy bien. Pienso que la adopción es algo muy bonito, yo nunca he sido madre, pero el solo hecho de compartir toda la vida con un niño que biológicamente no es de uno, es un acto de amor grandísimo.

Así un día llegue a encontrar a mis padres biológicos, mi mamá es Esperanza Delgado, y lo será toda la vida.

También hay que dejar a un lado ese pensamiento de que un padre soltero no puede adoptar porque hay muchos niños que esperan ser acogidos. Yo pienso que la adopción debe ser promovida, un padre soltero puede perfectamente criar a un hijo. Mi mamá siempre me enseñó que lo que un niño más necesita es amor y en eso se basó la relación de nosotras.

Cuéntenos un poco más sobre su relación ¿cómo era?

A mi mamá le criticaron mucho la formación que me dio porque siempre me dejó ser. Siempre me dio libertad desde muy niña, pero una libertad controlada que yo sentía que no podía defraudarla ni romper con su confianza.

Aunque nunca tuve una figura masculina, mi mamá fue todo.

¿Ha pensado en adoptar algún día?

Sí. Quiero adoptar, quiero tener hijos, quiero más de uno porque siempre quise un hermano y quiero devolverle el favor a la vida.

¿Sería capaz de adoptar como madre soltera?

Sí ¡Qué rico sería poder cambiarle la vida a un niño como mi mamá me la cambió a mí!

Ahora enfoquémonos en el deporte, ¿por qué se decidió por el básquetbol?

Fue por Carlos Parra, director de la Escuela de Baloncesto Iván Olivares. Cuando estaba muy chiquita, él me decía que me pasara para el Colegio Virrey Solis porque me iban a dar una beca. En séptimo acepté.

Aunque me iba bien en el tenis y el patinaje, me encantaba el deporte en conjunto, la pasaba muy bien y cuando empecé intercolegiados dije “no hay vuelta atrás”.

Cuando llegué al Virrey es cuando llega al baloncesto competitivo para mí. Logré jugar en competencias zonales, departamentales y nacionales y ahí empieza mi proceso para llegar a donde estoy.

¿Cuál es el logro más grande que le ha dejado el baloncesto?

La educación. El baloncesto pagó la mitad de mi educación en el bachillerato y toda mi carrera universitaria en Estados Unidos.

He sido campeona suramericana, he jugado con la Selección Colombia desde los 15 años, llegué a la de mayores a los 18 y pues también pude cumplir mi sueño de viajar.

Sabemos que ha alternado su pasión por el deporte con causas sociales, háblenos de eso.

Yo creo que la labor social la llevo en el corazón por mi mamá. Ella fue política y estuvo relacionada con todo eso y siempre me gustó ver lo que hacía.

En el 2015 le dije que quería hacer una actividad para dar regalos a niños. Ese año, ella me ayudó, encontramos 30 familias del barrio José Antonio Galán y se unió la Fundación Mica Sonrisas y nos fue súper bien. De ahí me quedaron ganas de seguir haciéndolo, porque no solo hice feliz a las familias a las que les dimos los regalos, sino porque invité a muchas personas que se salieron de su zona de confort y les gustó.

La idea es seguir creciendo. En este momento estamos haciendo lo que yo llamo “Navidad A Lo Bien 2019”, en donde estoy en recolección de regalos, dinero y he tratado de inclinarme en buscar donaciones de artículos deportivos y kits escolares.

También, cuando llegué a Estados Unidos, me di cuenta que no es complicado ayudar a alguien, es más bien la disposición que tengamos. Quiero que niños y niñas de Santander y Colombia se vayan para allá, no solo en baloncesto, sino en varios deportes, porque quiero que más personas tengan la oportunidad de vivir lo que yo viví.

El deporte transforma vidas, así como transformó la suya...

Sí. Desde el gobierno se debe invertir mucho más en lo que es el deporte porque, no solo cambia vidas, sino es salud, aleja a muchos niños de lo malo. Yo Vivo muy agradecida con él porque siempre me dije “esto es lo que me va a sacar, me va a mostrar el mundo y me va a llevar a progresar”.

Como testimonio propio, puedo decir que el deporte cambia vidas y debe ser más promovido, más organizado y competitivo, que los niños se motiven y entiendan que con él se puede salir adelante.

Lamentablemente, su mamá murió en el 2015 ¿cómo fue ese momento para usted?

Yo estaba en Estados Unidos, sabía que ella estaba enferma, pero no pensé que fuera tan grave. Yo me levanté ese domingo, revisé mi celular y fue revivir lo que pasó cuando mi abuelita se murió. Mi tía me llamó y me dijo “nena, dame el número de tu pasaporte porque tienes vuelo para Colombia hoy”. Yo me quedé como en shock. Como a la 1:00 de la tarde me llega un mensaje del jefe de mi mamá diciendo “lamentamos mucho la pérdida”, pero cinco minutos antes, mi tía me había llamado llorando diciendo que mi mamá había tenido tres paros cardiorespiratorios, pero que había salido bien, entonces yo le respondí a él que mi mamá solo había tenido unos paros, pero no entendía nada, me entraron muchos nervios y me puse a rezar.

En realidad, ella se murió por una negligencia médica. Tenía una infección urinaria, pero no le hicieron exámenes, no la revisaron. Ella manifestó un dolor muy fuerte en la cintura y le pusieron morfina, lo cual produjo que los síntomas se calmaran, pero no se identificara lo que tenía.

¿Cómo es su vida ahora sin su mamá?

Desde muy niña tracé mis metas y mis propósitos. Siempre quise llegar a jugar de forma profesional. La muerte de mi mamá no fue impedimento para no seguir en Estados Unidos ¿Cómo me iba a quedar aquí, estancada? Allá yo tenía un compromiso, mi educación, mi vivienda, mi comida, no podía dejarlo botado.

La muerte de mi mamá es algo que no he superado, pero he aprendido a vivir con eso. Más que todo, nunca dejé de lado mis sueños, porque es lo que más quiero en mi vida y tengo que cumplir con lo que me propuse.

El deporte transforma vidas
“Se debe invertir mucho más en lo que es el deporte porque, no solo cambia vidas, sino es salud. Yo vivo muy agradecida con él, porque siempre me dije que esto es lo que me iba a sacar, me iba a mostrar el mundo y me llevaría a progresar. Como testimonio propio, puedo decir que el deporte cambia vidas y debe ser más promovido, más organizado y competitivo, que los niños se motiven y entiendan que con él se puede salir adelante”.
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