La ciclista Natalia Garzón reveló sus sensaciones en el Mundial Sub-23 que se cumplió en Canadá.

La santandereana Natalia Garzón Cifuentes vivió un día muy duro en la prueba de ruta del Mundial Sub-23 que se desarrolló en Canadá.
La bumanguesa no pudo terminar la prueba debido a que le faltaron las fuerzas suficientes para seguir el ritmo del lote principal de la exigente carrera de 134 kilómetros.
“Terminé triste porque quería más, las cosas no se dieron como yo quería, entonces tenemos que llegar y ver qué fue lo que faltó”, dijo Natalia, en declaraciones compartidas por la Federación Colombiana de Ciclismo.

Durante la presentación, su compañera Angie Londoño tuvo una caída, que las obligó a perseguir. Luego, el imponente ritmo del lote principal mermó sus fuerzas y apareció la popular pálida, que la obligó a abandonar la competencia.
“Mi compañera Angie se cayó y ahí se mocharon varias, entonces tocó perseguir y después ya medio como la pálida en la vuelta quinta o sexta, entonces bueno ya muy duro”, comentó Natalia.
La importancia de los fogueos
De cara a próximas pruebas, la santandereana reconoció que es necesario competir por fuera del país, para elevar el rendimiento.
“Yo creo que de pronto falta salir un poco más a correr con las niñas de afuera, porque tu sabes que correr por fuera es súper diferente, entonces yo creo que pues falta eso”, argumentó la ciclista.
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Por último, agradeció a todas las personas que aparecen en su carrera deportiva.
“Agradecer siempre a todas las personas que apoyan esto y bueno pues a Víctor Hugo que siempre es el que está ahí pendiente. A la Federación, David Vargas, a mi entrenador Pablo Vélez y a mi equipo el Team Sistecrédito”, indicó.
De las tres ciclistas ‘cafeteras’ que compitieron en el evento, únicamente Juliana Londoño terminó la prueba, en la casilla 17, a 3′:40′' de la campeona, la eslovaca Viktória Chladonova.
El segundo puesto quedó en poder de la canadiense Isabella Holmgren, mientras que la belga Fleur Moors consiguió la medalla de bronce.
La competencia se disputó sobre 134 kilómetros, distribuidos en diez vueltas al circuito de Mont-Royal, con un desnivel positivo acumulado de 2.690 metros y el exigente ascenso por la vía Camillien-Houde como uno de sus principales obstáculos.
















