Magazín cultural
Sábado 07 de noviembre de 2026 - 12:35 AM

Paola Cornejo, la artista santandereana que llevó sus animales majestuosos a Hamilton, Canadá

A los diez años, Paola Cornejo hizo su primer autorretrato frente a un espejo en Bucaramanga. Décadas después, tras trabajar en Bogotá y Boyacá y comenzar una nueva vida en Canadá, sus pinturas llegaron a las exposiciones de Art in the Workplace, en Hamilton, Ontario.

Paola Cornejo, la artista santandereana que llevó sus animales majestuosos a Hamilton, Canadá. Foto suministrada/VANGUARDIA
Paola Cornejo, la artista santandereana que llevó sus animales majestuosos a Hamilton, Canadá. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C. PAOLA ESTEBAN C.

Paola Cornejo tenía diez años cuando se miró al espejo e intentó dibujar su propio rostro. Lo hizo a lápiz, guiada por la curiosidad de una niña que disfrutaba observar los detalles de las cosas y llevarlos al papel. Por entonces vivía en Bucaramanga y todavía faltaban muchos años para que pudiera dedicarle buena parte de sus días a la pintura, una pasión que la acompañaría por Bogotá, Boyacá y, finalmente, Canadá.

En su casa, las manualidades eran parte de la vida cotidiana. Su mamá disfrutaba pintar, decorar y trabajar con diferentes materiales, así que las dos compartían momentos dedicados a esas actividades. Paola también soñaba con aprender ballet, pero las clases particulares resultaban demasiado costosas para una familia que tenía otras prioridades económicas.

Aun así, siguió buscando maneras de acercarse a lo que le gustaba y, cuando tenía aproximadamente trece años, ocurrió algo que recuerda especialmente. Su abuela vivía cerca del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga y, durante una visita, coincidió con una exposición de Luis Caballero Holguín. Los dibujos de figuras humanas realizados en carboncillo la impresionaron tanto que quiso aprender a hacer algo parecido.

Consiguió un carboncillo y empezó a practicar en casa, mirando folletos y libros sobre la obra del artista. Aquella experiencia despertó todavía más su interés por el dibujo, que luego complementaría con otras disciplinas.

Una vocación que tuvo que esperar

Durante el colegio también se interesó por la caligrafía, hasta el punto de montar un pequeño negocio de esquelas, aquellas tarjetas decoradas que circulaban entre los estudiantes. Sin embargo, fue en los espacios culturales de Bucaramanga donde encontró la posibilidad de explorar otras actividades sin que el dinero fuera un impedimento.

Entre los dieciséis y dieciocho años asistió a talleres de danza contemporánea en la Biblioteca Pública Gabriel Turbay, participó en prácticas de dibujo de figura humana en la institución Antonio Nariño y estuvo vinculada a grupos de teatro que se presentaban en la Concha Acústica.

“Bucaramanga es muy artística”, dice al recordar las oportunidades que encontró durante su juventud.

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En su familia, mientras tanto, preocupaba que aquellas actividades no le garantizaran estabilidad económica. Por eso, cuando llegó el momento de trabajar, Paola se trasladó a Bogotá y durante aproximadamente una década desarrolló una carrera administrativa. Más adelante vivió en Boyacá, donde conoció a su esposo y trabajó en una planta de energía.

Aunque sus jornadas transcurrían entre oficinas y responsabilidades laborales, seguía interesándose por la pintura, la danza y otras formas de creación.

“Siempre he amado el arte en varias de sus facetas, de niña pintando, en mi juventud haciendo talleres de danza contemporánea y teatro. En la adultez me dediqué a trabajar pero siempre sintiendo el llamado a crear, pintar, bailar, hacer manualidades”.

Con el tiempo, ella y su esposo empezaron a hablar de la posibilidad de vivir en otro país. Querían conocer nuevas culturas y explorar otros lugares, mientras él tenía el propósito de continuar sus estudios universitarios. Fue así como Canadá apareció en sus planes.

Comenzar una nueva vida

“Con mi esposo, ambos soñábamos con conocer otras culturas, tener la experiencia de conocer otros lugares y el deseaba hacer estudios adicionales a su carrera universitaria, Canadá ofrecía todo eso, buenos programas de estudio, el encuentro con personas de diferentes partes y un país hermoso”.

Su esposo llegó para estudiar y ella lo acompañó. Una vez terminó esa etapa académica, decidieron solicitar la residencia permanente, conscientes de que debían cumplir las condiciones establecidas por las autoridades canadienses.

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“Los permisos aquí, no son un derecho, están sujetos a criterios, políticas y reglas”.

La experiencia de Paola hace parte de una historia migratoria mucho más amplia. Según el censo de 2021 de Statistics Canada, en ese momento vivían en el país 80.570 inmigrantes nacidos en Colombia, mientras que en la ciudad de Hamilton, donde ella se estableció, se registraban 1.935 personas inmigrantes de origen colombiano por nacimiento.

Aunque las estadísticas canadienses consultadas no permiten establecer cuántos de esos residentes provienen específicamente de Santander, las cifras muestran la presencia de una comunidad colombiana en la ciudad y ayudan a poner en contexto la experiencia de quienes, como Paola, encontraron allí un lugar para comenzar otra etapa de sus vidas.

El mismo censo muestra que Colombia es uno de los países de origen importantes dentro de la inmigración latinoamericana en Canadá. Para 2021, el 19,1 % de los inmigrantes latinoamericanos incluidos en una de las clasificaciones estadísticas del país había nacido en territorio colombiano, una proporción que permite dimensionar los vínculos migratorios entre ambas naciones.

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En el caso de Paola, la adaptación fue favorable. Ella y su esposo llevan ocho años viviendo en Canadá y allí nació su hija, de manera que Hamilton terminó convirtiéndose en el centro de su vida familiar.

“Nos adaptamos muy bien, nos gusta Canadá y nuestra hija nació aquí”.

Sin embargo, mientras se acomodaban a las rutinas de otro país, Paola también comenzó a preguntarse cómo podía recuperar aquellos intereses que había dejado en segundo plano durante sus años de trabajo administrativo.

La respuesta llegó con el dibujo, especialmente con los retratos que tanto le habían gustado desde niña.

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Al comienzo tenía un empleo de tiempo completo y aprovechaba los espacios libres para estudiar por su cuenta. Consultaba libros de las bibliotecas, veía videos en YouTube y practicaba con acrílicos sobre lienzo, hasta que algunas compañeras de trabajo comenzaron a pedirle retratos de sus hijos, hijas y mascotas.

Cada encargo le permitía mejorar su técnica, observar detalles y aprender a manejar mejor los materiales.

“Fue una excelente práctica de pintura”.

Pero aproximadamente tres años después nació su hija y la organización familiar cambió. La pareja comenzó a distribuir las responsabilidades del hogar y a fortalecer un pequeño estudio-taller en casa, donde Paola pudiera continuar pintando mientras acompañaba el crecimiento de la niña.

“Así que me dediqué completamente a mi hija repartiendonos las labores con mi esposo que es un padre maravilloso y empezamos a fortalecer el estudio taller de pintura en nuestra casa Con la idea de poder quedarme en casa”.

Fue durante ese proceso cuando empezó a interesarse cada vez más por los animales. Le llamaban la atención sus formas, los detalles de sus rostros y la combinación de fuerza y delicadeza que encontraba en ellos, una fascinación que terminó convirtiéndose en su primera colección.

Los animales majestuosos en Hamilton

“Animales majestuosos es mi primera colección como tal que nace de la admiración por la belleza, esplendor y poder de los animales, enfocado en el estudio de la luz, sombras, transiciones y contraste del color, buscando el realismo en el detalle”.

Así describe Paola la serie de pinturas en acrílico, de formatos medianos y grandes, en la que ha venido trabajando durante los últimos meses.

“Es una exploración y un estudio del contraste entre la sutileza elegante que expresan y la fuerza al mismo tiempo”.

La colección todavía está en desarrollo y la artista prepara nuevas piezas, entre ellas la representación de un flamenco. Mientras tanto, las primeras obras comenzaron a encontrar espacios fuera de su taller.

Según cuenta, dos pinturas fueron seleccionadas para la edición 45 de Art in the Workplace, una iniciativa que organiza exposiciones colectivas de artistas de Hamilton en McMaster Innovation Park. La muestra estuvo abierta entre junio y octubre de 2026 y, posteriormente, recibió la noticia de que participaría en la edición 46 con otras dos obras de la misma colección.

Esta nueva exposición comenzó el 3 de noviembre de 2026 y permanecerá abierta hasta el 25 de febrero de 2027, con una inauguración oficial programada para el 26 de noviembre.

La participación representa una oportunidad para compartir su trabajo con el público canadiense y relacionarse con otros creadores de Hamilton, una ciudad que, según explica, cuenta con espacios y programas que respaldan a los artistas emergentes.

Las raíces santandereanas siguen presentes

A pesar de llevar varios años fuera de Colombia, Paola conserva una relación cercana con los recuerdos de Bucaramanga y con las personas que despertaron su interés por la creación desde pequeña.

Entre sus referentes sigue estando Luis Caballero, cuyas obras conoció durante aquella visita al museo cuando era adolescente. También admira a Fernando Botero, de cuya trayectoria rescata la importancia de la disciplina y la preparación, mientras continúa descubriendo artistas canadienses que trabajan con distintas técnicas.

En su vida cotidiana también hay espacio para escuchar a Diana Uribe, una de las figuras colombianas que menciona entre sus referentes culturales.

Desde Hamilton sigue aprendiendo de manera autodidacta, consultando libros, estudiando otras obras y trabajando en nuevas pinturas, mientras comparte con su esposo las responsabilidades familiares y la crianza de su hija.

Cuando habla de su trayectoria, reconoce que ha sido una pasión que la acompaña desde que tiene memoria, alimentada por la admiración hacia otros artistas y por la contemplación de la naturaleza.

Hoy, las cuatro pinturas seleccionadas para dos exposiciones consecutivas en Canadá marcan un nuevo momento en su recorrido. Detrás de ellas están los talleres gratuitos de Bucaramanga, los años de trabajo en Bogotá y Boyacá, la decisión de migrar y la vida familiar que construyó al otro lado del continente.

Y mientras prepara su próximo flamenco, Paola Cornejo continúa haciendo algo que descubrió a los diez años, cuando intentó dibujarse frente a un espejo: observar con paciencia, aprender de cada trazo y encontrar nuevas formas de llevar al lienzo aquello que despierta su curiosidad.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C. PAOLA ESTEBAN C.

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