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Martes 20 de octubre de 2026 - 03:35 PM

Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos

Marcela Peralta, participante de Lideremos y líder de filantropía de la UNAB, impulsa un modelo que combina donaciones, apoyo institucional y aporte familiar para que jóvenes con talento y dificultades económicas puedan cursar una carrera completa. En cinco años, 102 estudiantes han sido beneficiados y cinco ya se graduaron.

Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos. Foto suministrada/VANGUARDIA
Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: John Arias

Para muchos jóvenes santandereanos, entrar a una universidad no depende únicamente de tener buenas calificaciones, talento o claridad sobre la carrera que quieren estudiar. Entre sus aspiraciones y un salón de clases puede aparecer una barrera mucho más concreta: no contar con el dinero suficiente para pagar una matrícula.

Marcela Peralta conoce de cerca esa realidad. Durante 28 años ha estado vinculada a la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, y actualmente, como líder de filantropía, trabaja precisamente en conectar a jóvenes que necesitan una oportunidad con personas y empresas dispuestas a respaldar sus proyectos de vida.

Ese propósito es el que llevó a Lideremos a través del Fondo de Becas de la UNAB, una iniciativa que busca ampliar las posibilidades de acceso a educación superior para jóvenes santandereanos talentosos que atraviesan dificultades económicas.

“El fondo busca activar estos sueños de estos jóvenes, transformarles su proyecto de vida, transformar sus familias y sus entornos”, explica.

La idea parte de una convicción que Marcela ha construido durante su trayectoria: una oportunidad educativa puede comenzar beneficiando a una persona, pero sus efectos pueden alcanzar también a su familia y al entorno en el que vive.

El Fondo de Becas funciona bajo un modelo en el que diferentes actores comparten el esfuerzo necesario para financiar los estudios universitarios.

De acuerdo con Marcela, las donaciones realizadas por personas y empresas cubren el 50 % de la matrícula. La UNAB aporta otro 30 % a través de una beca y el estudiante, junto con su familia, asume el 20 % restante.

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El acompañamiento no está pensado para un semestre. Se trata, explica, de becas que permiten respaldar al estudiante durante toda su carrera.

En cinco años de funcionamiento, 102 jóvenes han tenido la oportunidad de estudiar mediante este modelo y cinco ya alcanzaron una de las metas que Marcela disfruta especialmente: recibir su título profesional.

“Uno de los momentos más especiales es ver su felicidad y la de sus familias el día del grado y saber que aportamos en ese logro y en ese momento tan especial, y en lo que viene para el futuro”, cuenta.

Para ella, detrás de esas cifras existen historias de jóvenes que recibieron una oportunidad y respondieron con compromiso.

“Son muchachos talentosos, comprometidos, que siempre se esfuerzan por salir adelante y han sabido aprovechar la oportunidad que recibieron”.

Marcela los ha visto avanzar durante sus carreras, ganar confianza y plantearse objetivos que antes podían parecer lejanos. Y es justamente ese proceso, más allá de la financiación de una matrícula, el que encuentra como una de las principales razones para continuar trabajando en el proyecto.

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“Me emociona mucho acompañarlos en su camino, ver cómo ganan confianza, ver cómo se trazan nuevas metas, se atreven a soñar en grande y siempre logran lo que se proponen”.

Pero al otro lado de cada beca también hay otra historia: la de las personas y empresas que decidieron aportar recursos para que alguien más pudiera estudiar.

Marcela considera que parte de su tarea consiste en unir esos dos extremos.

“Lo que más me mueve es ver cómo una oportunidad, sumada al talento y al esfuerzo de nuestros jóvenes, puede cambiar sus vidas”.

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La historia de Marcela con la universidad comenzó hace 28 años. Desde entonces ha asumido diferentes retos profesionales y ha construido relaciones que, según cuenta, han permanecido a lo largo del tiempo.

Hoy esas experiencias confluyen en su trabajo como líder de filantropía.

Su labor consiste en acercar la generosidad de personas y organizaciones a jóvenes que tienen las capacidades y el deseo de estudiar una carrera profesional, pero que enfrentan limitaciones económicas.

Esa experiencia también ha transformado su manera de entender el liderazgo.

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“En estos años he aprendido que liderar es construir confianza, es conectar con personas, es movilizar voluntades, siempre alrededor de un propósito común”.

En esta etapa de su vida, ese propósito está ligado a la filantropía y a la posibilidad de abrir oportunidades educativas.

Para Marcela, el liderazgo no se limita a dirigir un equipo ni a cumplir indicadores. Tiene que ver también con la capacidad de reconocer una necesidad, reunir personas alrededor de ella y construir soluciones colectivamente.

Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos. Foto suministrada/VANGUARDIA
Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos. Foto suministrada/VANGUARDIA

Lo que encontró en Lideremos

Esa visión fue una de las razones que la acercaron a Lideremos.

Allí encontró personas que desarrollan iniciativas desde diferentes sectores y que, aunque parten de experiencias distintas, comparten un interés por contribuir al desarrollo de Santander.

“Es una oportunidad para seguir aprendiendo, para compartir experiencias con mis compañeros, para aprender de ellos y para sumar esfuerzos que generen una real transformación”, señala.

El paso por el programa también le permitió poner a prueba sus propias ideas sobre lo que significa ejercer liderazgo.

Marcela asegura que las conversaciones y experiencias compartidas la llevaron a reflexionar sobre las realidades del territorio y sobre la importancia de escuchar perspectivas diferentes.

“El liderazgo social nos invita a reconocer las realidades de nuestro entorno, a escuchar diferentes perspectivas y a asumir un papel activo en la transformación de nuestra sociedad”.

Pero hay un elemento que destaca especialmente: las conexiones.

Para un proyecto que depende de unir jóvenes, donantes, universidad y empresas, encontrarse con personas que trabajan desde diferentes ámbitos también puede abrir nuevas posibilidades.

“Me llevo muchos aprendizajes, conexiones y, sobre todo, la convicción de que podemos lograr mucho y lo podemos hacer mejor cuando sumamos las capacidades y voluntades de unos grupos de personas alrededor de un propósito común”.

Su participación en Lideremos le permitió, además, compartir la causa del Fondo de Becas, recibir retroalimentación y explorar posibilidades de alianza con otros participantes.

Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos. Foto suministrada/VANGUARDIA
Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos. Foto suministrada/VANGUARDIA

El sueño de llegar a más jóvenes

El siguiente paso para Marcela es ampliar esa red.

Su aspiración es que cada vez más jóvenes de Santander que tienen talento, compromiso y deseos de estudiar, pero no los recursos económicos suficientes, puedan acceder a una carrera profesional.

Para conseguirlo será necesario que también crezca el número de personas y empresas dispuestas a respaldarlos.

“Nuestro sueño es que cada vez más jóvenes santandereanos talentosos que no cuentan con los recursos económicos puedan estudiar su carrera profesional en la UNAB, desarrollar su talento y construir el futuro que sueñan”.

Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos. Foto suministrada/VANGUARDIA
Marcela Peralta, la líder que conecta la generosidad con los sueños de jóvenes santandereanos. Foto suministrada/VANGUARDIA

El proyecto, sin embargo, no pretende terminar cuando se consigue el dinero para una matrícula.

Marcela habla de acompañar a los estudiantes durante su formación, orientarlos, ayudarlos a desarrollar nuevas competencias y estar presentes hasta el momento en que culminen sus carreras.

“No se trata solo de entregar una beca, sino de abrir oportunidades y de desarrollar competencias para toda la vida”.

Por eso su invitación final vuelve al punto en el que comenzó todo: conectar.

Conectar a quien quiere estudiar con quien puede ayudar. A la empresa que busca generar impacto con un joven que necesita una oportunidad. A la generosidad con el talento.

Porque, según Marcela, en Santander todavía existen muchos jóvenes con capacidad para construir un futuro diferente, pero sin los recursos necesarios para llegar a la universidad.

Su apuesta es que la falta de dinero no sea la que decida hasta dónde pueden llegar.

Publicado por: John Arias

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