Quizás el escudo del Atlético Bucaramanga no luzca ninguna estrella, pero desde el firmamento, Herman ‘Cuca’ Aceros se convirtió en la primera estrella del club más emblemático de Santander.

Publicado por: HERNANDO SANTOS
Hasta el mejor arquero de la tierra, el legendario Lev Yashin, conocido en el mundo del fútbol como la ‘Araña negra’, lució incapaz de hacerle frente a la magia de Herman Aceros Bueno, un pequeñito de 1,64 metros de estatura, capaz de ‘frotar’ el balón como ningún otro que haya nacido en la tierra del Cañón del Chicamocha.
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Pocos se atrevieron a pararse en su camino. Incluso su padre, Gustavo Aceros, quien un día lo llamó “vago” y le pidió que se alejara del fútbol, con el tiempo se rindió ante su gracia, sus enganches, su elocuencia en la cancha. Supo que la luz que irradiaba su hijo no la apagaría nadie.
La muerte es una cita ineludible. El camino es el que nos diferencia. Pero las estrellas están aquí para guiarnos. Dejan huellas profundas, claras, perfectas. Son estelas de luz que nos marcarán para siempre.

Al ‘Cuca’ Aceros, apodado así desde niño cuando ayudaba a su padre a vender galletas para poder salir adelante, se le terminó su tiempo en la tierra. Le llegó la hora de convertirse en el faro que guía a quienes intentan seguir su camino.
El gol en Arica, Chile, ante la Unión Soviética durante el Mundial de 1962, que dio pie a una de las más increíbles proezas del fútbol colombiano, solo fue el comienzo de una vida repleta de triunfos y enseñanzas.
Hizo contar cada minuto de sus 80 años y 29 días en este planeta. No solo con un balón en su pierna derecha iluminó a quienes lo rodeaban. Llenó de sabiduría a sus alumnos, de amor a sus seres queridos y de luz a quienes lo siguieron.
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No muchos se acercaron al cementerio Las Colinas de Bucaramanga este martes para despedir a ‘Cuca’, quizás menos de los que se esperaba, pero allí, ante sus seres queridos, Herman se posesionó en el cielo. Llegó vestido con una bandera de Colombia y otra del Atlético Bucaramanga, el club que llevaba en el corazón desde pequeñito.

Ninguno habló de fútbol, aunque casi todos eran hombres de fútbol. Américo Montanini, Misael ‘Papo’ Flórez o Adolfo León Holguín, entre otros, se hicieron presentes para darle el último adiós a su amigo, a su compañero.
Cada uno lo recuerda a su manera, cuentan historias distintas, nunca las borrarán de sus mentes. A todos, Herman les marcó la vida de una forma diferente, como lo hacen los ídolos, las estrellas.
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La muerte hace parte de la vida. ‘Cuca’ lo supo desde el principio. Hizo valer cada aliento. Vivió en plenitud. Venció a las ‘arañas’, a los malos, a los buenos, a su padre, a quienes no le creyeron. Con cada victoria encendió su luz, la que ahora, desde el firmamento, guiará a sus hinchas, a su familia, a sus amigos, al club de sus amores. Llegará el momento en el que esta tierra tendrá que devolverle a Herman todo lo que un día él hizo por ella.
















