El hoy técnico del Atlético Bucaramanga, revive con nostalgia el penalti que consagró a Atlético Nacional campeón de América.

Han pasado ya 36 años desde que Atlético Nacional levantó por primera vez la Copa Libertadores, la noche del 31 de mayo de 1989 en el estadio Nemesio Camacho El Campín de Bogotá.
Ese día el fútbol colombiano rompió las cadenas de los fracasos y se abrió paso en el continente con un título inolvidable. El recuerdo, aunque cargado de gloria, se vuelve más nostálgico con el paso del tiempo. Y así lo expresó Leonel Álvarez, uno de los referentes de aquel equipo, quien hoy, técnico del Atlético Bucaramanga, no pudo evitar revivir la emoción de ese instante.
“¿Si me preguntan si quiero volver a patear el penal?, no. Fui muy sincero. Yo pateé porque me tocaba. Me eché la bendición y pensé: si erro el penal, ya somos cinco.

“Dios estuvo presente, la Virgen estuvo presente. El kinesiólogo me había dado una estampita, la llevé en la mano izquierda, pedí el balón al árbitro y le dije: yo voy a terminar esto. Tenía otro cobro en mente, pero cuando levanté la cabeza vi que Almeida ya estaba tirado. Cambié la decisión y, afortunadamente, fue gol. Ese fue el momento que nos consagró”, relató con la voz cargada de emoción.
La Copa de 1989 significó una revolución
Bajo la dirección de Francisco Maturana, Nacional se convirtió en el primer club colombiano en consagrarse campeón del torneo más importante del continente.
El equipo fue bautizado como “el de los puros criollos” porque en su nómina no había extranjeros. Todos eran talentos nacionales: René Higuita, Andrés Escobar, Luis Carlos Perea, Alexis García, Albeiro “Palomo” Usuriaga y John Jairo “Turbina” Tréllez, entre otros. Una camada que marcó época y que demostró que el talento colombiano estaba listo para competir con los grandes de Sudamérica.
#UnDíaComoHoy 31 de Mayo, en 1989, Atlético Nacional logró la gloria continental 🏆 pic.twitter.com/deuKuZndOv
— DATOS NACIONAL (@datosnacional) May 31, 2016
La final contra Olimpia de Paraguay fue dramática. Tras el 2-0 en Asunción y el 2-0 en Bogotá, la serie se definió en los penales. El estadio El Campín fue testigo de una tanda eterna: 18 cobros cargados de tensión, nervios y esperanza. René Higuita, fiel a su estilo arriesgado, se vistió de héroe atajando lo imposible. Y cuando todo parecía interminable, llegó el turno de Leonel Álvarez. Su disparo frío, decidido y certero selló la historia: Atlético Nacional campeón de la Copa Libertadores de América.
El título no solo representó un triunfo deportivo, sino un punto de quiebre en la identidad del fútbol colombiano. A partir de allí, los jugadores nacionales empezaron a tener un reconocimiento distinto en el exterior, y el estilo de juego que Maturana defendía —la posesión, la técnica y el orgullo de lo propio— quedó grabado en la memoria colectiva.
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Hoy, más de tres décadas después, Leonel Álvarez sigue vinculado al fútbol, pero desde otro rol. Como entrenador del Atlético Bucaramanga, transmite aquella misma pasión que lo llevó a ser protagonista en 1989.
Momento inolvidable #UnDíaComoHoy 26 de Abril, en 1989, Nacional con gol de @JJTrellezV eliminó a Millonarios en El Campín y pasó a semifinales de Copa Libertadores: pic.twitter.com/VlhjgRUZCB
— DATOS NACIONAL (@datosnacional) April 26, 2019
“Estar acá no es fácil. Asumimos esta responsabilidad con mucho profesionalismo. La presión es permanente, pero hoy disfrutamos de un buen presente. Bucaramanga es una ciudad que nos respeta, que nos valora. Y cuando uno tiene buenos jugadores, voy a muerte con ellos”, expresó tras el partido frente a Fortaleza en Bogotá.
Leonel habla como técnico, pero también como hombre que carga en su historia el peso de un gol eterno. Porque aquella noche del 31 de mayo de 1989 no fue una más,fue el inicio de una nueva era para el fútbol colombiano, el día en que un país entero descubrió que también podía ser campeón de América.
El tiempo pasa, pero esa imagen de Leonel Álvarez levantando los brazos después de anotar el último penal sigue viva en la memoria colectiva. Una postal imborrable de un país que se abrazó en una sola alegría.















