Aquel gesto espontáneo, fruto de la euforia y el amor por el fútbol, lo hizo celebrar en México 1986.

La historia de Roberto Cejas no empezó en una cancha ni con un contrato millonario, sino con una promesa entre amigos y una pasión desbordada por la camiseta albiceleste.
Aquel santafesino de alma obrera viajó a México en 1986 sin imaginar que, en cuestión de segundos, se convertiría en parte de una de las imágenes más icónicas del deporte mundial.
Este lunes, a los 68 años, Cejas falleció en su natal Santa Fe tras una larga enfermedad. Con su partida, se apaga una vida sencilla pero marcada por un instante que quedará grabado para siempre, el momento en que alzó a Diego Armando Maradona en el Estadio Azteca, con la Copa del Mundo entre las manos y la emoción de un país entero latiendo al unísono.
MIRÁ QUIÉN LLEGÓ A QATAR👏
— DEPORTV (@canaldeportv) December 18, 2022
Roberto Cejas, quién llevó a Diego🔟♾ con la Copa🏆 en sus hombros en 1986, estará en la final de hoy.
Cuenta que no pudo estar en la final de Italia 90 y en Brasil 2014. 😱 pic.twitter.com/qrck5kFpzl
Aquel gesto espontáneo, fruto de la euforia y el amor por el fútbol, lo inmortalizó. Cejas no tenía entrada para la final ante Alemania, pero su fe lo llevó al corazón del campo.
“Diego me miró y entendí sin hablar que quería que lo levantara”, contó alguna vez. Esa caminata, entre abrazos y lágrimas, selló su lugar en la historia sin necesidad de goles ni medallas.
Falleció el Negro Cejas, con largo recorrido en el ambiente y mundialmente conocido por levantar a Maradona en México 1986https://t.co/oIIi2UQdkF pic.twitter.com/0VLnAjIoiM
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Con los años, el destino volvió a cruzarlo con Maradona durante el Mundial de Brasil 2014, cuando se reencontraron en el programa De Zurda. “Nos reímos mucho —recordaba Cejas—. Diego me dijo: ‘vos sabés cuánto pesa la Copa, pero yo sé cuánto peso yo con la Copa’”.
Humilde hasta el final, Cejas nunca se sintió protagonista. “Solo fui parte de un milagro futbolero”, decía. Hoy, su nombre vuelve a sonar en cada rincón del mundo futbolístico, recordando que la pasión también puede escribir historias inmortales
















