Giovanni Hernández llegó al microfútbol a los 16 años y se convirtió en referente mundial.
El microfútbol colombiano está de luto. La muerte de Giovanni Hernández deja un vacío profundo en Bucaramanga y en todo el país, donde su nombre se convirtió en sinónimo de talento, carácter y gloria mundial.
Campeón como jugador y luego como integrante del cuerpo técnico de la Selección Colombia de fútbol de salón, su legado trasciende los títulos y se instala en la memoria de generaciones que crecieron viéndolo competir con el alma.
Uno de los más golpeados por la noticia fue Manuel Sánchez, el entrenador que lo recibió cuando apenas tenía 16 años y que fue clave en su formación deportiva.
“Lo recuerdo con mucho cariño, como un hijo”, expresó conmovido. “Es un muchacho que llegó joven a este deporte y hoy tenemos la inmensa tristeza de que se nos fue. Le deja al departamento y al país muchas cosas bonitas. Me deja tranquilo ver que por fin se reconoce a un ídolo en nuestro deporte como él y ver esa familia que se conformó en aquel Mundial; aquí están todos, desde Pinilla y los santandereanos”.

Sánchez destacó no solo al jugador, sino al ser humano que marcó una época. Agradeció a Dios por haberlo puesto en su camino y pidió que lo tenga a su lado, recordándolo como “un ser inigualable”.
Para el técnico, Giovanni fue más que un dirigido: fue parte de su vida, un hijo adoptivo del deporte que juntos ayudaron a engrandecer.
Al hablar de lo que aprendió de él, la respuesta fue clara: resiliencia.

“Nunca se vencía, era un luchador enorme, ganador. Tenía una competitividad que no se rendía, ni siquiera lesionado. Muchas veces me pedía que lo dejara jugar. Aprendí a ver en él un campeón; sabía que cuando lo tenía en la cancha tenía muchas cosas aseguradas”.
Así despide su maestro a uno de los grandes referentes del microfútbol colombiano, un hombre que convirtió la perseverancia en victoria y que hoy deja una huella imborrable.















