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Domingo 15 de agosto de 2010 - 10:00 AM

Un castillo de naipes en plena loma

Obras como Cablelínea y la remodelación del parque del Sagrado Corazón, asegura la Administración Municipal, le cambiarán la cara al sector. Sin embargo, varios de sus residentes aseguran que lo primordial es abrir vías, estabilizar las viviendas y los taludes, construir escenarios deportivos, habilitar sistemas para la recolección de agua, crear empresa y enviar más policías para acabar con los robos y las riñas.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE xmontanez@vanguardia.com

Algunos ciudadanos residentes de la Comuna 14 la han apodado como 'el Puerto de Morgan, paraíso del transporte pirata y la venta ilegal de gasolina'. Otros la han  comparado con las comunas de Medellín, sectores marcados por la inseguridad, la pobreza y la falta de oportunidad para sus habitantes. Sean o no ciertas estas afirmaciones, no es necesario recorrer las delgadas y empinadas calles del lugar, comprar gasolina en bolsas y envases de gaseosa,  desplazarse en vehículos destartalados o caminar en procesión por las humildes viviendas incrustadas en la montaña, para reconocer que esta es una de las zonas más deprimidas de la ciudad. Mientras algunos de sus residentes, líderes comunales y adultos mayores aseguran que allí se vive en  un paraíso, otros como estudiantes de colegio, padres de familia y microempresarios, afirman no salir ni relacionarse con sus vecinos para evitar que los atraquen o que los involucren en problemas con la justicia.Vanguardia Liberal hizo un recorrido por la zona y encontró distintas historias de vida que reflejan la realidad de un neurálgico sector de la ciudad, visto como polo de desarrollo para el turismo y el sistema de transporte masivo. El viento, los motores y la ilegalidad Pedro*, un mototaxista residente desde hace más de cinco años en el sector, narra su historia. 'Ante la necesidad todo termina volviéndose costumbre. Un día tuve un trabajo bien pagado, tenía seguro para mis hijos, mi esposa y para mí. Además, vacaciones y primas; claro que de eso ya hace un ‘jurgo’ de años.Ahora, como me ve, soy mototaxista. Trabajo acá en Morrorico desde hace un año. Compré una moto sólo para dedicarme a esto y la verdad, he podido sobrevivir. Dicen que sólo en esta zona hay más de mil personas dedicadas a eso, pero no creo que sean sólo de acá. Hay gente trabajando en esto en la Plaza de Mercado del Centro, en Guarín, en Girón, Piedecuesta y hasta en la autopista. No los he visto, me han contado. Aunque unos piden ser legales yo digo que no. Nos ponen a pagar impuestos y otras cosas que no vale la pena ni nombrar. Acá en Miraflores (otro de los barrios de la Comuna 14), usted nos puede encontrar a toda hora. Si va para el centro vale $1.500, para Guarín $1.400 y si es más cerquita, la tarifa se reduce. A la gente no le molesta ponerse un casco que se pone otro. Nos toca cumplir con las reglas, pero otros sí se las dan de asquientos y traen el casco. Lo chistoso es que no sé por qué tienen casco y no tienen moto'. 'Creo que aquí lo que se necesita es un transporte pequeño como este. Las motos entran por cualquier lado y los buses no. Ahora nos dicen que va a llegar el Cablelínea, pero quién sabe cuando. Los ingenieros de eso son como jodidos en el tema y por eso la comunidad les pelea. Deberían invitarnos a trabajar manejando las cabinitas. Desde que paguen bien, hasta salgo de esto'. Sin poder salir de casa Dioselina Ravelo es una mujer de 54 años que sufre de osteoporosis y actualmente se recupera de un trasplante de cadera. Desde que llegó de San Vicente de Chucurí a trabajar a Bucaramanga como empleada del servicio, siempre ha vivido en el sector 3 de Morrorico. Su pequeña vivienda que un día fue de tabla y que hoy se sostiene por columnas de concreto y ladrillos, se ubica a 500 metros de la vía principal de la zona (sobre la vía que comunica a Bucaramanga con Cúcuta). Para llegar hasta su casa, Dioselina tenía que subir y descender empinadas escaleras, bordear los techos de zinc de las casas pegadas a la montaña, caminar muchas veces en medio de los bultos de basura y esquivar los excrementos de perros, gallinas y gatos de los vecinos.Pero ahora con su enfermedad, ya no puede. 'Estoy atrapada en mi casa. Con muletas sólo puedo acercarme a la puerta de mi casa. Acá no hay vía, no hay caminos seguros', cuenta.  Como si fuera poco, Dioselina espera la fecha de una nueva cirugía en sus piernas. 'La única forma de salir es que mis hijos me lleven y me traigan alzada, pero muchos de ellos no viven conmigo', asegura. Esta mujer mira desde su ventana la estrecha vía que llega hasta su casa y cree que parte de la solución a su problema es abrir un camino. 'Si el Acueducto corriera un poquito el muro de la planta de tratamiento La Flora, se podría construir una vía para que entraran los carros. Lo hemos pedido pero nadie hace nada', concluye. La barrera que pone el deporteCarlos*, Andrea* y David*, los tres de 15 años, son jóvenes del sector que se ha refugiado en el deporte para olvidar los problemas que más los aquejan en las calles: la droga y los robos. Ellos hacen parte de los casi mil 200 estudiantes de un colegio de la zona, quienes reciben formación en un edificio al que escasamente el concreto le deja asomar unas cuantas ventanas.Carlos* y David*, ante la falta de espacios deportivos, tres veces a la semana emprenden lo que para muchos es un sacrifico que no vale la pena, pero que para ellos es su más grande aventura: descender desde Morrorico a pie hasta llegar al estadio La Flora para sus entrenamientos. 'No hay dinero y así tuviéramos, no hay buses para bajar, sólo ‘piratas’. Nos encontramos a las 3:00 de la tarde y llegamos al Estadio a las 3:40. Tomamos atajos, pasamos por Cabecera, por el parque San Pío. Cuando llegamos al puente la Flora corremos, pues en ese lugar nos pueden atracar. Después del entrenamiento volvemos a hacer lo mismo', asegura David*. Sin embargo, dice Carlos*, el más callado de los tres, 'pero qué nos van a robar (sonríen los tres), no llevamos nada', asegura. Tal vez la más afortunada del trío es Andrea*, amante desde niña del fútbol. 'Practicamos atletismo, micro, ciclismo, fútbol y lo que salga. Ellos dicen que juego mejor que un hombre y creo que sí', comenta. Carlos* asegura que en la cancha lo deja todo. 'Es mi único espacio de diversión además del colegio. No me gusta salir de mi barrio (La Quebrada), no me gusta salir de la casa y menos juntarme con los vagos, eso no tiene sentido', explica. David* y Andrea* enfrentan la problemática de la droga a diario. 'Algunos me acosan para que consuma marihuana, me ofrecen en la esquina de mi casa, pero yo los rechazo', explica David*. Andrea*, baja de estatura y fuerte de temperamento, cuenta. 'Frente a mi casa entran todos los vagos y allí meten vicio. Un día empujaron a mi mamá y la atravesaron en la vía para poder atracar a un motociclista, fue duro pero mi papá los puso en su lugar', asegura. Son escépticos al cambio. Aseguran que nada pasará mientras no exista mano dura para los delincuentes. 'Si piensan llegar con tantas obras al barrio, lo primero que tienen que hacer es borrar la mala imagen que tenemos. Acá hay muchos problemas y no creemos en los políticos. Sería muy bonito todo si fuera verdad', concluye David*. *Nombres cambiados a solicitud de las fuentes y por disposiciones legales.Las bombas de tiempo'Vivo en Miraflores desde pequeño. Mis papás llegaron al barrio porque mi abuelo tenía una tierrita acá e hicieron la casita. No lo niego, por acá es peligroso', asegura Henry*, un joven del sector.'Hace cuatro años recuerdo cuando vino la Policía a un operativo. Venían detrás de la venta de gasolina venezolana. De un momento a otro comenzó el barrio a oler tan fuerte a gasolina que uno veía a los policías correr por esas escaleras como locos. Se asustaron, pero ¿quién no? ¿se imagina donde hubieran tirado un fósforo?'. Henry* recuerda esta dura historia que ha marcado al sector. La Policía nunca pudo hacer el operativo y menos sacar de las viviendas el combustible que allí se guardaba. Los habitantes, ante la llegada inesperada de las autoridades y para no ser aprehendidos, decidieron desocupar las canecas y echar por los sifones de los patios, baños, lavaplatos y lavamanos, el combustible. El olor se esparció en segundos y el lugar quedó convertido en una bomba de tiempo. Según Elías Barrios, un líder de la zona, el problema se ha quedado sólo en la venta de gasolina y las autoridades no quieren ver más allá. 'Casi a diario recibo quejas de los vecinos. Aseguran que en una vivienda que mide 60 metros cuadrados, esconden hasta 40 galones de combustible', comenta. 'Una vez denuncié esa situación en la oficina de Hidrocarburos de la Alcaldía, pero no ha pasado nada hasta ahora, ni siquiera la visita. Creo que como siempre, están esperando a que pase una tragedia para poner en cintura a los infractores', dice. En el sector no se puede establecer una tarifa específica para la venta de combustible  que proviene de Venezuela. En bolsas, botellas de gaseosa o cualquier tipo de envase, niños, mujeres, hombres y ancianos ofrecen la gasolina sobre la vía. 'Lo chistoso de todo esto es que nadie se hace rico', concluye Henry*.BUSCANDO HACER EMPRESAEn otro extremo de la Comuna 14 está en una panadería otro líder de la zona, Manuel Galvis, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Miraflores. Galvis es un hombre de mediana estatura, cuyo sustento es la venta de pan y otros productos. Su familia está compuesta por su esposa y cuatro hijos, quienes han vivido en el sector desde hace más de 30 años. En las manos de este hombre, fiel seguidor del Atlético Bucaramanga, se puede ver que es constante en su trabajo. También en su vestimenta, pues porta un delantal lleno de harina. En medio de la atención a sus clientes, don Manuel no oculta el problema del consumo de drogas en el barrio, especialmente por adolescentes, pero resalta que ese es un problema social en todo el país. Asegura que durante el último año la colaboración de la Policía ha sido importante, que presta mucho apoyo y que la comunidad cada vez cree más en ellos. Sin embargo, añade que falta más presencia y más trabajo social desde esa institución así como la Alcaldía. Una opción alterna planteada por don Manuel es la creación de empresas. 'Estoy buscando cómo vincular a personas del barrio que saben de zapatería para que se abra un taller. Allí se podría capacitar a los jóvenes para que se alejen de los vicios', asegura. Es un hombre convencido de su causa. En medio de la conversación recuerda el nombre de otros líderes como don José Melvivelso y resalta la buena relación que tienen todos. Asegura que no se rendirá y que siempre seguirá trabajando por el lugar. 'Necesitamos que las autoridades nos visiten más, que hagan vigilancia e investigación. También necesitamos que la Alcaldía nos cumpla con las obras que nos prometieron para generar empleo en la zona. Tenemos que proteger y conservar el semillero (niños) y evitar que lleguen las drogas. Esto sería un paso importante para la Comuna', concluye. VIENTOS DE CAMBIODesde el tradicional cerro de la peregrinación en Semana Santa, que conserva una estatua del Sagrado Corazón de Jesús, se alcanza a divisar la mayoría de la Comuna 14.Además de encontrar una panorámica de la ciudad cubierta por árboles frondosos, se puede ver a un grupo de 60 soldados del Ejército Nacional que custodian el cerro y la zona. José Menvivelso, presidente de la junta de la Comuna, es el encargado de contar los cambios que se avecinan. '¿Ve la casas del barrio Miraflores, las de la montaña? Bueno, a esas casas les van a cambiar la fachada, las van a pintar del mismo color para que sean más agradables', comenta. '¿Ve el Colegio Oriente Miraflores? Como no tiene zona deportiva, se tiene planeado construir un puente que comunique con el parque del Cristo para que los muchachos vengan a hacer deporte', asegura. 'Pero lo mejor de todo es que aquí donde estamos parados (junto al Cristo) va a quedar un corredor turístico, con locales comerciales, venta de artesanías, cafetería y restaurante. Un parque donde habrá estación del Cable Línea. Así llegará más progreso para la zona', añade el líder. Convencido de lo que dice, agrega: 'Es hora de que el Alcalde, a quien hemos ayudado tanto, nos haga este sueño realidad. Nos merecemos un buen transporte y más oportunidad para mejorar nuestra situación'.ESCUELA DE PADRESMientras algunos residentes de la Comuna 14 relatan sus problemas, otros se dedican a ayudarlos y a plantear soluciones. Es el caso de la rectora del Colegio Oriente Miraflores, Yolanda Flórez Serrano. Ni ella ni su equipo de trabajo niegan que muchos de sus estudiantes hayan tenido que enfrentar el tema de la drogadicción, las violaciones, el maltrato de sus padres, la deserción escolar y hasta la prostitución.Todo, según la rectora, porque los padres de las nuevas generaciones son muy jóvenes, porque nunca han tenido buenas oportunidades y no saben cómo conducir la vida de sus hijos.  Sin embargo, hay algo que preocupa más a esta profesora: la falta de afecto entre padres e hijos, pues 'mientras los papás están en el rebusque, en esas necesidad económica y de conseguir la comida, tal vez no tienen tiempo para brindarlo y menos si nunca lo tuvieron o  nunca han sabido cómo expresarlo', añade. Pero no todo es malo en el sector. Flórez asegura que la humildad es la fortaleza de los jóvenes de la Comuna 14. Yolanda Flórez reconoce que la entrada de los padres de estos jóvenes a la Universidad del Pueblo ha ayudado a cambiar su mentalidad. Sin embargo, aún falta mucho. 'Se necesitan políticas de Estado que les den a los ciudadanos un trabajo, que con ese trabajo les den la oportunidad de una casa digna y con eso, los hijos tengan una educación digna', pide Flórez. 'Es hora de que los mandatarios que vienen en época de campaña a buscar apoyo, le cumplan a los niños y jóvenes de la Comuna 14', concluye la rectora.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE xmontanez@vanguardia.com

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