En Colombia de cada 10 comensales, ocho piden arroz.

Publicado por: REDACCIÓN ECONOMÍA
La cifra anterior deja ver la importancia de ese cereal en la alimentación de los colombianos. Es más, el consumo de arroz es parte de la cultura del país.
De acuerdo con Roberto Botero Castro, representante de los Distritos de Riego del Tolima y Dignidad Arrocera en el Consejo Nacional del Arroz, esa realidad podría cambiar si los actores de la cadena siguen direcciones contrarias. “A la industria parece no importarle el proveedor de la materia prima, el agricultor; el Ministerio de Agricultura y la industria aprueban importaciones de arroz, y el productor se encuentra supeditado a las determinaciones de ambos, las cuales en su mayoría son lesivas”, agregó.
El directivo dijo que las importaciones son una pésima señal para la producción primaria y junto al contrabando, se pueden convertir en una amenaza para la sostenibilidad. “A partir del 2022 puede entrar arroz sin límites desde Perú, después del 2026 desde Ecuador y posterior al 2029 de EE.UU.”, concluyó.
Sin rentabilidad y negociación
Para Dignidad Arrocera, la siembra de arroz en el país es incierta en su rentabilidad, puesto que el agricultor desconoce a cómo le van a comprar su producto, forma de pago y cuál su productividad. Para el directivo, en Colombia los arroceros no venden su cosecha, la entregan al mejor postor. En su concepto, desde 1994, la “industria nacional arrocera suplió a la banca y empezó a financiar al productor, adueñándose anticipadamente de su producto, lo cual generó un total sometimiento con los procesadores del cereal y un nulo poder de negociación”.













