Germán Bahamón, gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, califica de accesoria la discusión de si producir robusta en Colombia o no para sustituir las importaciones de café, porque, para él, el centro del debate debe ser el consumo interno en el país.

Publicado por: Miguel Orlando Alguero
La caficultura colombiana atraviesa un año volátil y convulso por cuenta de la caída del precio del grano y de las exportaciones. Y ahora se le suma la polémica de las importaciones de café de baja calidad, el cumplimiento del Pacto Verde para poder venderle a Europa, el bajo consumo de las familias y la introducción de robusta en el país.
Ante esto, hace una semana en plena Cumbre Cafetera de Asoexport, Vanguardia y El Colombiano conversaron con el gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón, quien insistió en la creación de demanda a partir del desarrollo de nuevos mercados, en explorar nuevas oportunidades de diversificación con robusta y en la construcción de estrategias para incentivar el consumo interno.
Consumo interno, producción, café robusta y renovación
Usted ha dicho robusta sí, pero no así, ¿eso qué significa?
Lo primordial para poder tener robusta en Colombia es hacer las cosas bien, seguir los lineamientos técnicos y científicos y no solo los deseos comerciales, porque a veces caemos en la tentación de los deseos comerciales que no benefician a las familias caficulturas colombianas.
No olvidemos que la caficultura del país es popular, de pequeños caficultores, que no tienen más de 1,5 hectáreas en promedio. Entonces, si les recomendamos una variedad de la que no tenemos certeza en progreso y riqueza, podemos estar cometiendo una irresponsabilidad catastrófica. Así que estoy convencido de la oportunidad de robusta en Colombia, pero hay que hacerlo con el liderazgo de la Federación Nacional de Cafeteros, y encontrar cuál es el modelo que vamos a implementar para la productividad en el país. Si no logramos productividad, no logramos competitividad.
¿Brasil es un ejemplo de eso?
Tenemos un vecino como Brasil, que en Canéfora o robusta, saca hasta 200 sacos por hectárea. Así que si no hacemos algo similar, lo que va a seguir ocurriendo es que se siga importando ese café, porque necesitamos esos costos.

Se habla de llevar esa robusta a zonas que no son cafeteras tradicionales. ¿Se estaría hablando de nuevos cafeteros, de nuevas familias cafeteras, porque ese grano se cultivaría en el Pacífico, los Llanos Orientales, el Magdalena Medio y la Costa Caribe?
Sí. Hay algo bien importante para que haya productividad y rentabilidad en robusta y es la mecanización de su recolección. Si nosotros lo que hacemos es incentivar robusta, que puede estar sembrado a menos de 1.200 metros sobre el nivel del mar, pero en una falda de una montaña andina, obviamente, la recolección tendrá que ser manual, y los costos serán enormes.
Entonces, por eso digo que el modelo lo tenemos que definir con la industria de una manera que aseguremos que los costos sean los más bajos posibles y la productividad lo más alta. Lo normal en esto es que haya grandes inversiones de capital detrás de los cultivos, no de pequeña parcela. Grandes extensiones, y que la recolección sea mecanizable. Así sí se puede lograr una rentabilidad y una competitividad.
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¿Cómo va el sector en cuanto a los cumplimientos sobre el Pacto Verde, teniendo en cuenta que se necesita implementación de tecnología?
Nosotros estamos tranquilos porque Colombia tiene un sistema de información cafetero llamado Sica, que tiene a las 548.000 familias cafeteras georreferenciadas. Y sabemos cuántos árboles de café tiene cada parcela, por punto y por polígono. Es decir, tenemos la información. Lo que hemos venido hablando con la comunidad internacional y económica europea es cuál será la plataforma para que nuestro insumo sea validado. Porque tenemos la información, pero hoy nos hablaron de una plataforma nueva. Y hay que tener esa conectividad de plataformas para que esa información, una vez llegado a puerto, sea validada rápidamente y tengamos la posibilidad de demostrar que no tenemos una caficultura que haya generado algún tipo de deforestación.
No obstante, no nos deja de preocupar, teniendo una información tan acertada, que esto se nos vino encima y estoy convencido de que la comunidad económica europea no tiene en sus puertos la capacidad de verificar que todo el café que llegue sea libre de deforestación. Ahí sí nos preocupa que pueda haber un bloqueo.

Minhacienda habla de robusta como una forma de sustituir las importaciones de este grano, pero usted afirma que eso corresponde a deseos comerciales, ¿por qué hace esa mención a esa tendencia comercial, cuando el ministro está hablando de dejar de importar y más bien producir la robusta aquí?
Debemos ser sensatos en la identificación de la oportunidad, pero responsables desde el punto de vista social. Por eso digo que la discusión de las importaciones debería ser accesoria. La presión de las importaciones es porque el café colombiano es barato, el que conseguimos en la tienda es barato. Si valoraran los consumidores colombianos la tasa de nuestro café y quisieran siempre tener esa tasa, segurísimo que no habría esa presión de importaciones para mantener esos costos allá abajo.
Lo que queremos es transformar esos 2 millones de sacos de importación en un café que, si bien es cierto no va a ser el excelso que exportamos, tenga atributos de calidad también. Y se puede. La pasilla colombiana tiene esos atributos de todos modos, así no sea un producto apto para la exportación desde el punto de vista del café de Colombia excelso.
¿Lo ve como oportunidad?
Con un café de $11.500 la libra, solo pregúntese qué es lo que hay detrás.
¿Entonces el problema es de consumo interno?
Para mí sí. El tema es cómo hacer que el consumidor no genere la presión a la industria, para que el café esté en esos niveles tan bajos de precios, y que valoren un atributo en tasa del café colombiano. Yo le decía al ministro Germán Umaña que Colombia Compra Eficiente ha comprado a octubre 500.000 libras de café y ha pagado $5.880 millones. Y si uno hace las matemáticas, da $11.500. Pero eso no es café colombiano.

¿Cómo proyecta el cierre de 2023, teniendo en cuenta que ha sido un año complejo y que muchos de los caficultores han hecho llamadas de urgencia por la crisis que atraviesa el sector?
Ha sido un año con una volatilidad enorme. No solo porque hay nuevo gerente de la Federación, sino porque la cotización en la Bolsa de Nueva York ha tenido una presión a la baja y, además, se han vuelto a normalizar el diferencial de precio del café colombiano. Eso ha generado una presión enorme en nosotros, los caficultores, y sabemos que hemos tenido una estrechez en la rentabilidad muy grande.
Pero lo que estamos viendo es que los costos de producción empiezan a ceder. La mano de obra de recolección es el 47 % del costo de producción de un saco y está bajando la mano de obra y volviendo a los límites en los que estaba a comienzos del 2020. Los insumos agropecuarios, llámese fertilizantes, también bajan después de la presión de la pandemia, de los contenedores y de la guerra de Ucrania y Rusia, así como los fertilizantes nitrogenados.
Esperamos que la producción de café de Colombia se mantenga o crezca. Estimamos que serán 11,4 millones de sacos y creceríamos respecto al año anterior. Por ejemplo, en octubre, la producción creció 30 % la producción. Es decir, queremos ser positivos. La palabra de la caficultura es oportunidad.
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Desde la Federación se le ha hecho mucha promoción a la renovación de cafetales con los recursos de Minagricultura, ¿cuándo los caficultores verán materializada esa renovación y cuándo se reflejará en la productividad?
Estamos trabajando armónicamente con el Gobierno nacional. Tenemos mesas de trabajo establecidas en donde identificamos cosas trascendentales para la caficultura como la renovación de cafetales. Nada más importante que mantener nuestro cafetal joven y productivo para poder tener rentabilidad. Y la ministra aceptó la recomendación del Comité Nacional de Cafeteros y está buscando una renovación del 20 % del parque cafetero colombiano con plata de ICR y con recursos de subsidio a la fertilización. Empezamos con $35 mil millones para estos tres meses. Esperamos que el año entrante haya una partida superior.

¿De cuántos recursos se hablaría?
De hasta $100 mil millones en ICR, que nos permita continuar y que se incluya la soca en la renovación, porque es un árbol nuevo. Eso haría que volvamos a tener algo que pasó en el 2010 y es que tras un 20 % de renovación del parque cafetero podamos llegar a límites de 14,5 millones de sacos en Colombia.
¿Cómo va la reestructuración interna del gremio, teniendo en cuenta que usted habló de vender los activos que hay en Nueva York? ¿Ya el Ministerio de Hacienda les ayudó?
Lo que hemos hecho en estos primeros seis meses, que cumplí esta semana, es una transformación de la Federación. Ha sido el primero y más agresivo de los planes de austeridad que la Federacafé ha presentado en sus 96 años. Queremos reducir el 20 % de los gastos operativos de todas las empresas del sector central de la Federación. Eso sugiere buscar eficiencias y eficacia en los procesos.
Ya tenemos un plan que se propondrá al Congreso Cafetero en el que tenemos el presupuesto del 2024 considerando esa reducción. Además, hice unos cambios sustantivos en el organigrama de la Federación y solo en esos cambios de reducción de cargos directivos estamos ahorrando $4 mil millones al año. Es decir, tener una Federación Nacional de Cafeteros austera y mucho más cercana a las regiones, que tenga un foco primordial: la generación de demanda en el exterior.

Este año hubo el escándalo de Almacafé, ¿cómo han avanzado esas investigaciones, pues se conoció que hay un proceso judicial en curso entre la compañía y el comerciante involucrado?
Si bien es cierto que hubo un escándalo mediático, lo importante es que nuestros procesos identificaron internamente que había un café que tenía una presencia de canéfora (robusta). Algo que nosotros no permitimos. Pero no olvidemos que la canéfora es legal en Colombia. Lo que pasa es que la Federación Nacional de Cafeteros en sus procesos productivos de Buencafé, en la fábrica de Chinchiná, no usa canéfora, lo que sí hace la otra industria. Nosotros lo hacemos es porque queremos ser 100 % café colombiano porque nos debemos al café del país.
Entonces, los procesos funcionaron y lo que estamos haciendo es tomar correctivos para asegurar que la eficiencia y la eficacia tengan también transparencia en los procesos productivos. Hice cambios importantes en Almacafé, eliminé el cargo del subgerente general. Incluso, con una firma cazatalentos, seleccionamos al nuevo gerente Almacafé.
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