En las montañas de la vía Curos-Málaga, más de 150 niños rurales de La Vega, Piedecuesta, cultivan sueños y emprendimientos que transforman la educación y la vida campesina. Descubra cómo sus familias luchan cada día por formar a los próximos bachilleres y empresarios del campo.
Publicado por: EREDACCION LOCAL
El periodista Felipe Jaimes recorrió los caminos empinados y las veredas de la vía Curos-Málaga para conocer de cerca las historias que florecen en la Institución Educativa La Vega de Piedecuesta. Hoy, comparte con los lectores de Vanguardia el testimonio de más de 150 niños y sus familias, quienes, a pesar de las trochas y la distancia, siembran día a día no solo mora y trucha, sino sueños de educación, emprendimiento y futuro en el corazón del campo santandereano.
En medio de las imponentes montañas de la vía Curos-Málaga, se siembra algo más valioso que la mora piedecuestana: los sueños de cientos niños de familias rurales.
Aunque las vías que comunican algunos sectores veredales sean ‘trochas’ o que toque levantarse de la cama a las 4:30 de la madrugada, más de 170 familias se esfuerzan a diario por llevar a su ‘chinito’ hacia la entrada de la Institución Educativa La Vega, todo esto con el fin de que haya un bachiller en la finca.
Durante décadas, en la Piedecuesta rural se han cultivado cientos de toneladas de mora de la más alta calidad, miles de kilos de trucha y hasta café ‘de suelo frío’ se ha exportado a los Estados Unidos, pero curiosamente quienes han dado sus manos al servicio de la tierra no son ‘los dueños del chuzo’ ni los ‘CEOs’ de las grandes empresas exportadoras.
Con el propósito de cambiar tal realidad, en 1975 se fundó la primera escuela en la vereda La Vega de Piedecuesta. Esta consistía en la antigua casa de la familia Ángulo Rodíguez situada al lado de la carretera en el kilómetro 10 de la vía Curos-Málaga, hasta ahí bajaban los estudiantes en compañía de sus familiares, sea en moto o a pie.
En un inicio era solo una escuela infantil, sin embargo aquella ‘casita’, conocida en aquel entonces como la finca La Teja, se convirtió paulatinamente en una edificación de dos plantas. Además, los libros, las lecciones de matemáticas y ciencias llegaron a seis sedes más en los sectores de: La Cuchilla, Cartagena, Chucurí, San Isidro, Alto de Vacas y Chorreras.
Pese a que el acceso a la educación cambiaba la vida de muchas familias, los índices de deserción escolar y, sobre todo, la violencia afectaría directamente a esta comunidad educativa. El 12 de febrero de 2002, las sonrisas de los estudiantes de la sede A fueron interrumpidas por el sonido de los proyectiles que arrebataron la vida de la maestra Ángela María Rodríguez Jaimes.
Este hecho ocurrió en la cancha del colegio, en plena jornada de clase, y fue perpetrado por integrantes de grupos guerrilleros. Como acción de reparación, la sede A ahora lleva el nombre de la educadora como señal de que se van las personas, pero no sus ideas ni propósitos.
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Precisamente la razón por la que nació esta institución era darle la oportunidad de soñar a las futuras generaciones, darle las herramientas para que decidieran qué querían ser. Que si en la vereda no había un médico, no había problema porque el hijo de Luis se convirtió en doctor. Que si los animales enfermaban, la mayor de la familia Vera iba a atenderlos gracias a sus estudios de veterinaria. De tal modo que no se quedaran encerrados en el estigma común de: “alguien tendrá que realizar las labores de la tierra en este país”.
Con dicha premisa, grupos de 10, 20 y luego de 30 fueron llenando las aulas de cada una de las seis sedes de carácter público. Ahora suman más de 150, un buen número para una institución rural, pero bajo para acceder a un presupuesto mayor a 20 millones por parte de los entes municipales.
Por tal falta de recursos, en 2024 se decidió crear la primera feria de emprendimiento en pro de mejorar las instalaciones. El rector William Javier Cáceres Hernández, apoyado por su cuerpo docente y líderes comunales de Piedecuesta, abrieron las puertas a todo aquel que quisiera comprar con las cuatro b: bueno, bonito, barato y bondadoso.
A parte de los fondos recolectados, el mayor resultado de esta primera edición fue el inmenso potencial que tenía el estudiantado junto a sus padres para crear ideas de negocio. Productos como el bocadillo de mora, limonada de aguacate y hierbabuena, postres de guayaba y empanadas de trucha, enamoraron a los asistentes, tanto a los locales como a los invitados citadinos.
Comentarios como “tan bueno esto porque no bajan y hacen un mercadillo en el parque” no se hicieron esperar. No obstante, la profesora de la sede A, Paola Madiedo dio la respuesta más exacta: “¿Para que?, la idea es que suban y conozcan todo lo que tiene que ofrecer La Vega. Si usted sube, baja con bolsas llenas de lo que sea”.
Y es que en la escuela aprovecharon su espacio natural para realizar dos huertas, las cuales dieron una buena cosecha de ‘cebollitas’, lechuga, tomate y cilantro. Todos los días, acompañados por el profesor Benigno Olarte, se destinaban de la jornada escolar una a dos horas para aprender cada uno de los ‘trucos’ que esconde la siembra.
Todos los productos de dicha huerta se vendían en una mini plaza en donde los ‘plazeros’ eran pequeños en estatura y edad pero grandes regateadores. Familias enteras también aprovecharon para dar a conocer las bondades de su finca y los sueños que cultivan. A continuación algunos de ellos:
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El dulce sabor del pan
Laura Marcela Vera es madre de un pequeño estudiante y trajo a la feria sus productos de panadería. Hace un año y medio se arriesgó a emprender y ahora realiza brazos de reina de mora, galletas de avena y pan integral. Estos platillos los ofrece en su Panadería La Seis, ubicada en el kilómetro 6 de la vía Curos – Málaga.
La familia del ‘bocadillo de mora’
La familia Contreras Rincón se animó a llevar su cultivo de mora a otro nivel. En vez de sólo comercializar las canastillas a un bajo precio, crearon un delicioso dulce al que bautizaron como ‘bocadillo de mora’. Ahora esta familia sueña con montar una planta dedicada a realizar dulces con este producto emblema de Piedecuesta en su finca familiar, El Redil. Si está interesado en saber más de este curioso bocadillo puede llamar al: 3134777478.
Es el hijo de la miel
Erika Olarte Bohórquez es madre de dos niños, pero junto con su hijo mayor, nació su emprendimiento: Miel de Santiago. Ella junto a su esposo decidieron poner un ‘plante’ y adquirir todo lo necesario para la apicultura. Sus abejas viven en el clima templado del sector de La Cuchilla y producen una miel tan natural como el hecho de vivir en el campo.
Un administrador muy joven
A las 4:30 de la mañana se levantó Joan Sebastián Delgado para bajar en canastillas todo el mercado que iba a vender el la ‘Plazita Campesina de Primaria’. Ahí en dos mesas colocó una bolsa de aguacate, pepino, lulo, mora y calabacín. Al lado una balanza con la cual pesa y calcula con precisión el precio de cada uno de los productos. Las ganancias las llevará a la finca familiar El Girasol, en la vereda Chingará,lugar donde ha vivido todos sus 11 años de existencia.















