La belleza está ligada a la subjetividad de la mirada; sin embargo, existen ciertos hechiceros que hacen de ella el sortilegio que a todos embruja. Raúl Higuera es a la belleza lo que la flor es a la poesía. Un rey midas que todo lo que toca lo vuelve visiblemente bello.

Publicado por: César Mauricio Olaya Corzo
Sentados en un restaurante de comidas rápidas, donde Raúl se ha decidido por unas papas fritas y una botella de agua, comienzan a aflorar los indicios que subrayan la personalidad del artista, que, a pesar de la fama, no ha perdido la sencillez, la tranquilidad y la fluidez comunicativa para contar sin adornos fracciones de la vida y el entorno de uno de los fotógrafos colombianos de mayor reconocimiento mundial.
Las preguntas surgen sin atavíos entre el entrevistador y su personaje, que facilita con sus respuestas un posible acercamiento a un perfil más de conjugaciones y adjetivos que de rigurosos formatos Minerva.
¿Que el arte le fluya en la sangre y en los genes? Es probable. Sus padres se formaron y viven de la orfebrería. ¿Que las razones deben buscarse en los astros? Por qué no, si al fin y al cabo es un libra y, por tanto, su universo se mueve en el equilibrio pleno entre el romanticismo en uno de sus platós (muchas de sus fotos marcan una línea barroca de indeleble referencia romántica) y la seducción y la lujuria en el otro (alguna modelo aseguraba con franqueza: “Todas quieren con Raúl”). ¿Que su trabajo fue una tarea larga y definida en torno a formarse como fotógrafo? Por supuesto que lejos de imaginarlo, pues sus esperanzas se debatían entre el teatro, las artes plásticas o, de manera más formal, la arquitectura.
Pero bueno, ¿cuál es entonces la razón de que hoy su mundo laboral y creativo en la fotografía tenga como fronteras Nueva York, Milán y París? El propio artista nos devela su percepción: “Dejarme guiar por una especie de instinto estético que me sugiere realizar una fotografía que invita a ser observada. Si logro que las personas se detengan un poco más de tiempo y no se limiten a observar la modelo, estoy dejando una marca propia y, por ende, la fotografía está bien hecha”.
Comunicar antes de obturar
Pero hay más por revelarse en este rollo. Raúl Higuera es ante todo un excelente comunicador. Su mensaje fluye entre su equipo de trabajo, con la modelo, con los equipos y hasta con su cámara. “Lo tengo claro, intento comunicar mis propios referentes estéticos con mi equipo. Dejo que sea la fluidez la que prime en la sesión. No hay histerias, no hay ínfulas de maestrías, no hay gritos, presiones o exceso de parafernalia. Lo único indispensable es la música, que selecciono de acuerdo con la foto que quiero lograr, y entonces hago que todos nos involucremos en el coro, gozando lo que hacemos. En ese momento, fotografiar se convierte en algo sencillamente alucinante”.
Cuando la producción le anuncia que el plató está a su disposición para empezar a obturar su Canon DX, comienza la transformación: “Me siento como un niño explorador; quiero ver qué pasa cuando la modelo se mueve de una forma u otra; qué sucede cuando ubico una luz hacia un elemento del entorno; qué reacción se produce al ocurrírseme tirar un poco de agua o una piedra al sitio cercano a la chica. En fin, me vuelvo un obsesivo con las posibilidades y, claro, me cuido de obedecer al principio central que debe guiar el trabajo del fotógrafo: la foto debe salir perfecta desde la toma; lo que venga son herramientas que no se desechan, pero que no dejan de estar a la diestra del primer resultado. En eso sí soy radical”.
Y claro, un hombre que ha estado rodeado de las mujeres más hermosas del mundo no puede dejársele ir sin hacerle una pregunta central, cuya respuesta lo obliga casi automáticamente a sacar un cigarrillo de su chaqueta, acomodarse nerviosamente, e intentar responder. ¿Cuál es el prototipo de belleza en la mujer para Raúl Higuera? Dos indicios, asegura, para no caer en conflictos con sus modelos y amigas: las prefiero de cabello negro, y en el amor, que lo entreguen casi todo, pero que se guarden sus secreticos, de manera que los vayan revelando a cuenta gotas. El resto, pluralidad, mucha pluralidad.















