Cultura
Sábado 30 de junio de 2012 - 12:00 AM

Zambrano Molina revela la magia del paisaje

Para que un paisajista abra hoy día las puertas del Museo de Arte Contemporáneo, es fundamental que haya trasegado no solo en la experiencia de la interpretación, sino que haya alcanzado un estadio donde la percepción sea superior a la simple observación.

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Publicado por: César Mauricio Olaya Corzo

Es fundamental, de la misma forma, que su mirada sea esencial y extensa, pues ya no se trata de validar el oficio del pintor, sino entrar en los linderos mismos de la propuesta artística, novedosa y autónoma en las libertades creativas.
Zambrano Molina, que se formó académicamente e hizo carrera en Venezuela, volvió ya hace diez años largos, como en el famoso tango gardeliano, y retomó, siguiendo los compases del verso, a esas viejas calles “donde el eco dijo: tuya es su vida, tuyo es su querer”, a su pueblo de San Vicente del Chucurí, a la geografía de su alma entre las montañas de Santander.
Y volvió con el alma abierta a un paisaje que nunca se le borró de su corazón, de su espíritu, de sus estados anímicos y de la habilidad con que de su pincel se trazaban las formas, los volúmenes, pero en especial, la gama cromática que estampó, en concepto de los críticos de su obra, una especie de marca registrada en la interpretación de los verdes.

“Con su obra Chicamocha, el compromiso del artista se hizo fundamentalista en su vínculo raizal con el paisaje de su tierra”

Definiendo identidad
Afectos pudo haber encontrado entre los campesinos de la vereda Helechales del municipio de Piedecuesta, donde construyó su espacio contemplativo en el retorno, pero para poder ingresar a los planos de igualdad con sus colegas del pincel, debió luchar no con el verbo, sino con la validez de una obra que, como si se tratara de un ábrete sésamo, le permitió llegar a instancias de los principales salones, museos y distintos escenarios del arte regional.
A Zambrano Molina lo vi por primera vez en desarrollo del Salón de Arte Domingo Moreno Otero, donde a pesar de llegar extemporáneo a los tiempos de selección, sin objeción alguna, los jurados de selección le abrieron las puertas a su participación y, finalmente, los jurados de premiación no dudaron en calificarlo como una de las propuestas más gratamente sorprendentes, sin decidirse por la premiación, a instancias del temor que les generaba destacar el trabajo de un paisajista en un certamen de arte contemporáneo.
Abrir puertas con su primera propuesta, realizada en su totalidad desde las montañas circundantes a la vereda y a su finca Las Mercedes, sorprender con la armonía del paisaje del Valle de Guatiguará, donde el consciente equilibrio de brumas y luces al despuntar la mañana y arreboles de los atardeceres encantaron de primera mirada.
Vendría luego su estadía por más de un año en Barichara, interpretando cada rincón del pueblito más lindo de Colombia, génesis del libro Barichara en la pintura de Zambrano Molina. Posteriormente, el regreso a su pueblo natal que redescubrió ante sus paisanos y mostró a plenitud las razones esenciales de sus inquietudes estéticas.
Con su obra Chicamocha, el compromiso del artista se hizo fundamentalista en su vínculo raizal con el paisaje de su tierra. Una obra pródiga en la lectura de unos volúmenes en la que, como pocos, logró penetrar el crisol de los dioses, donde se refleja la identidad del santandereano, y construir una mirada inédita y moderna de estas geografías inhóspitas.
Cerrando su aproximación con la región, el maestro Zambrano Molina se dispuso a viajar por todos los pueblos de Santander y, con un centenar de lienzos, compartió su periplo pictórico con la edición del libro Pinceladas en Santander.

“… Los jurados de premiación no dudaron en calificarlo como una de las propuestas más gratamente sorprendentes, a instancias del temor que les generaba destacar el trabajo de un paisajista en un certamen de arte contemporáneo”

La conquista del paisaje
“Zambrano Molina no le teme al formato, no le teme al color; es arriesgado, es retador, y cada una de sus obras constituye una experiencia, una caligrafía única en que la forma, el color y la atmósfera se entremezclan y dan como resultado ese fragmento, esa ventana, ese portal a través del cual podemos penetrar en la realidad insondable, en el instante en que lo emotivo y lo racional se encuentran”. Así se expresa el director del Museo de Arte Contemporáneo, Gustavo Ortiz Serrano.
El arte santandereano se congratula con esta instancia alcanzada por un artista de la tierra, que como en su momento lo dijera la directora del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, Lucila González Aranda, con la sencillez del sabio, irrumpió en el alma de los espíritus sensibles a la belleza para, sin requerir extensiones, dominar y posicionarse entre los mejores.

Publicado por: César Mauricio Olaya Corzo

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